martes, 26 de mayo de 2026

NUESTRO AMIGO LUCINIO

"Mucha gente caminará dentro y fuera de tu vida, pero solo los verdaderos amigos dejarán huellas en tu corazón" (Eleanor Roosevelt)

OLOR A CASTAÑAS ASADAS

Los primeros recuerdos que me vienen a la mente, probablemente de finales de los años setenta, me llevan a aquellos viernes en que la abuela Cristina preparaba aquellas deliciosas castañas asadas, que algunas veces hacía llegar a nuestra casa, cuando éramos vecinos, ellos en el bajo C, nosotros en el bajo B. Me encantaban aquellos frutos secos tostados, cocinados con esmero por la matriarca de la casa, y ofrecidos con amabilidad por la misma. Ocurría en aquellos viernes por la tarde y por la noche, de los que recuerdo luminosos fogonazos, como el de aquella mítica película, La isla del tesoro, en su versión más antigua, la de 1934, dirigida por Víctor Fleming, que tanto me gustó y que tanto retengo en la memoria.

AQUELLOS DÍAS DE NAVIDAD

Sin embargo, el bullicio de aquella vivienda, habitada entonces por la matriarca, su hija, su yerno, sus nietas y la perra Sala, era completo para nosotros cuando llegaban las entrañables fiestas de Navidad. También con Boni, Antoñita, Miguel Ángel, Micaela y Bernardo compartíamos veladas deliciosas en su casa (el bajo D) y en la nuestra, durante aquellos días finales del año, en especial durante las noches del 24 y del 31 de diciembre. Pero igualmente hacíamos con Lucinio, Juanita, Cristi, Asun y Cristina abuela. Recuerdo aquellos encuentros sabrosísimos, cargados de charlas amistosas, camaradería vecinal, turrón, polvorones, cortadillos, mazapán, peladillas y otros dulces exquisitos. Siempre nos encontrábamos muy a gusto en aquella vivienda, compartiendo agradables experiencias y animadas conversaciones.

LA INTUICIÓN DE SALA

Y, por supuesto, mantengo incólume, en el cerebro, aquellas visitas de mi pajarillo a aquella ensoñadora vivienda, cuando, al tocar el timbre, la perra Sala se retrotraía a sus cuarteles de invierno, situación que le hacía decir a la abuela Cristina a su hija: "Debe ser Juanita (mi madre), porque Sala se ha retirado a las habitaciones". ¿Por qué esa reacción de Sala y de la matriarca? Pues porque en su casa sabían que mi pajarillo tenía mucho miedo a los perros (como me ha pasado a mí hasta hace un cuarto de hora, como quien dice), y ellos habían acostumbrado al peludito personaje a esconderse cuando mi madre aparecía. Sagaz perro, perspicaz abuela.

Nuestra amistad con Lucinio y Juanita era, podríamos decir, una camaradería a fuego lento, sin estridencias, pero muy sincera. Visitábamos su casa de vez en cuando; ellos hacían lo propio con la nuestra; fuimos una vez a su vivienda del Sotillo de la Adrada aquel sábado remoto, en que recuerdo ver en su televisión de la localidad abulense la emisión de un capítulo de aquella mítica serie, Érase una vez... el hombre; ellos vinieron varias veces a la nuestra, de Pedrezuela... Nos llevábamos bien, eran gente que merecía la pena, buenos vecinos, mejores personas.

LA HELADORA MADRUGADA DEL 85

Sin embargo, esa visión bonancible que yo (y el resto de mi familia, por supuesto) tenía de aquella familia cambió de forma dramática una inolvidable madrugada de mitad de febrero de hace cuarenta y un años, cuando la Parca quiso, de forma súbita y estruendosa, penetrar en nuestras monótonas y rutinarias existencias. Y es que, al contrario de otros, Lucinio (y Juanita) surgió entre la bruma para prestarnos todo el calor, todo el apoyo, toda la ayuda que necesitábamos en aquella encrucijada límite. Recuerdo su aparición estelar en nuestra casa aquella inquietante madrugada (serían las dos de la mañana de aquel sábado funesto) para ponerse a nuestra disposición para lo que fuera menester. Recuerdo sus infinitas visitas al hospital a ver a mi padre, haciendo una improvisada parada con su taxi en las cercanías mientras trabajaba. Recuerdo algunas comidas que nos preparó Juanita (su mujer) durante aquellos turbadores primeros días. Recuerdo cuando tú, pajarillo, le comentaste que los médicos le habían dado a papá un mes de vida...

Frente a otros, Lucinio emergió como un ángel protector, un compañero superlativo, un camarada desmesurado. La palabra "amigo", que tanto se banaliza, quedó asociada desde aquel crucial momento, en su verdadero sentido, en su real categoría, a nuestro entrañable vecino.

La suerte, ese elemento que tanta gente desprecia, relativiza e, incluso, ignora (aun cuando forma parte de nuestra vida infinitamente más de lo que imaginamos); ese elemento con el que no contaron, por desgracia, mis dos pajarillos; la suerte, repito, acompañó a mi padre, y aunque tardó diecisiete meses en recuperarse, finalmente emergió de las sombras y acabó viendo el luminoso amanecer.

Como suele suceder en esta extraña vida, la desaparición de la catarata, ya ante nuestros ojos, hizo volver a la normalidad nuestra relación con Lucinio y su familia, aun cuando para nosotros, su imagen, gigantesca y mítica, se hubiera aposentado, de forma definitiva, en el frontispicio de nuestra existencia.

Atropos o Las Parcas, pintura de Francisco de Goya (https://museodelprado.es)

EL VERANO DE 2011

Pasaron veintiséis años, y una tarde de junio, nuevamente, la Señora de Negro intentó, por segunda vez, interferir en nuestras adormiladas existencias. Y en aquel verano finisecular volvió a aparecer nuestro entrañable amigo, hasta el punto de que se volvió del pueblo abulense a Madrid para acompañarnos en ese nuevo trance límite. La situación, afortunadamente, aunque grave, no tuvo las dimensiones temporales de la anterior, y al final del verano mi padre, por segunda vez, acabó recuperando el tono. Nuevamente nuestro vecino, nuestro amigo, estuvo a nuestro lado de forma fiel y calurosa.

No solo en estas adversas coyunturas estuvo este gran personaje a la altura de las circunstancias; no solo en estas tristes situaciones, ni muchísimo menos, estuvo nuestro guardián particular, en el sitio que solo los rectos y los virtuosos ocupan. Recuerdo, a vuela pluma, la alegría que le dio cuando aprobé la oposición del Ayuntamiento de Madrid; la solidaridad que mostró en el largo e infinito affaire de mi hermana; la compañía en aquel segundo día de octubre de hace ya más de diez años, cuando despedimos en San Roque a mi angelical pajarillo; aquellas visitas a nuestra casa por Navidad, en especial la de aquella tarde de Nochebuena del 2019 tan finisecular y melancólica, por lo que meses después pasaría; por supuesto, aquel inolvidable velatorio, hace más de un lustro, cuando mi otro pajarillo acababa de cruzar el Rubicón de la vida hacía solo unas horas, y el acompañamiento a su última morada en aquella tristísima mañana del maldito Día de los Inocentes; incluso, los consejos que me dio, una vez pasado este último y durísimo trance, sobre los trámites acerca del papeleo de la herencia de mi madre.

LOS NUEVE DÍAS EN EL IPR

Por eso, cuando a principios del pasado mes de enero, mi padre (y yo) se sumergió nuevamente en un hospital durante apenas nueve días, y nuestro entrañable amigo regresó con su fulgurante luz a iluminar nuestras vidas en forma de ponerse él (y sus dos hijas) a nuestra disposición; de frecuentes llamadas durante la hospitalización; de periódicos telefonazos tras salir del famoso IPR; de preocuparse, en definitiva, por el bienestar y la salud de mi padre; cuando todo eso ha vuelto, como un déjà vu, a nuestras vidas, he echado la vista atrás más de cuatro décadas, y me he dado cuenta de que algunas personas son irrepetibles (a pesar de que ninguno de nosotros terminamos siendo imprescindibles), y que su luz nos ha iluminado (como la columna de nube que guiaba a los israelitas tras su salida de Egipto, y que era la personificación de Yahvé) durante los días, pero, sobre todo, durante las noches oscuras del alma, esas a las que se refería poéticamente el gran san Juan de la Cruz.

Columna de nube que guiaba a los israelitas tras salir de Egipto (https://iglesiadelpilar.com.ar)

SI HUBIERAS ESTADO, QUERIDO AMIGO, AQUELLA MAÑANA EN LA LLANURA QUE LLEVABA A SODOMA Y GOMORRA...

En el capítulo 18 del libro del Génesis, se produce una conversación muy interesante entre Abraham y Yahvé. Y es que, habiendo decidido el segundo de ellos destruir las ciudades malditas de Sodoma y Gomorra, por los múltiples pecados de sus moradores, el gran patriarca israelita le inquiere a su Señor, por seis veces, en grado descendente, si sería capaz de salvarlas en el hipotético caso de que hubiera 50, 45, 40, 30, 20 o 10 personas justas y rectas. Y por seis veces, el dios de los judíos responde taxativamente a Abraham que, en caso de haber 50, 45, 40, 30, 20 o, incluso, 10 personas justas y rectas, él salvaría la ciudad en atención a esos pocos elegidos. 

Después de todo lo visto en este acelerado post, cualquiera que tenga ojos y oídos comprenderá que, de haberse encontrado nuestro entrañable Lucinio aquella remota mañana en Sodoma y Gomorra junto con otros nueve como él, es evidente que Yahvé hubiera salvado in extremis a las réprobas poblaciones. 

Gracias por todos estos años, querido amigo.

martes, 12 de mayo de 2026

¿SE DEBE PEDIR PERDÓN POR HECHOS ACAECIDOS HACE MEDIO MILENIO?

UNA POLÉMICA DE PACOTILLA

A raíz de una disparatada polémica sobre la conquista española de América, surgida por unas torpes palabras de un gran rey, un desatinado viaje de una presidenta autonómica y un inconcebible comportamiento de una presidenta norteamericana, ha regresado (como en el caso de las golondrinas de Gustavo Adolfo Bécquer) la añeja, ajada y sempiterna cuestión de la culpa y el perdón por los acontecimientos históricos deplorables de una nación, en este caso a quinientos años de distancia.

EN CONTRA DE LA LEYENDA NEGRA Y DE LA LEYENDA ROSA

Desde siempre me molestó mucho la famosa Leyenda Negra sobre España, que desde finales del siglo XV (aunque el término, como tal, es creado por Julián Juderías en 1910) e, increíblemente, hasta la actualidad, sigue presente en la vida cultural, social y política de mi país y de muchos de los países que fueron colonias o enemigos del Imperio español. Británicos, holandeses, franceses, mexicanos, dominicanos, guatemaltecos, peruanos y un largo etcétera se quejaron, con mayor o menor intensidad a lo largo del tiempo, por la política llevada a cabo en América (pero no solo en ella) por los gobernantes de la Monarquía Hispánica, así como por la de los representantes de estos allende los mares y, fundamentalmente, por los hechos desarrollados por los propios exploradores, descubridores, conquistadores y colonizadores del gran continente al que puso nombre, de forma injusta, un oscuro marino italiano.

Pero juntamente con esta aversión a las oscuras facetas de la gesta descubridora, desde hace muchos años también siento un profundo desprecio por la Leyenda Rosa acerca de la Conquista. Igual que al gran Geoffrey Paker le "sacaron de sus casillas" los análisis excesivamente hagiográficos y luminosos que en 1998 se realizaron sobre el reinado de Felipe II (a cuenta de la celebración del 400.º aniversario del fallecimiento del habitante de El Escorial), que le llevó a reescribir su biografía de 1978 por otra, bastante más crítica con el rey vencedor de Lepanto, en 2014; repito, igual que le pasó al gran historiador inglés, a mí también me producen un importante rechazo los estudios, análisis y ensayos que tan solo ponen de manifiesto las luces de la Conquista, obviando y enterrando sus sombras.

LAS SOMBRAS DEL PASADO IMPERIAL

Precisamente por ello, y al calor del triple choque político ya comentado, me sumergí en las páginas de un corto, pero maravilloso libro, que trata sobre los "hombres y mujeres de la península ibérica que viajaron hasta el continente americano para explorarlo e instalarse en él, centrándose en el período que va desde el primer viaje trasatlántico de Colón en 1492 hasta la extinción del reino inca en 1572" (1).

Y, la verdad, es que su lectura no me dejó indiferente, porque a través de sus densas páginas, Matthew Restall y Felipe Fernández-Armesto hacen aflorar a la superficie lo mejor y lo peor de las vidas de los conquistadores españoles en América y de las acciones que llevaron a cabo.

LA MASACRE DE CHOLULA

Efectivamente, en el sabroso estudio aparecen entre otros, sin edulcoración, los hechos más violentos, los más tétricos, las grandes destrucciones. En un principio, surge la masacre de Cholula (octubre de 1519), en la que Hernán Cortés (1485-1547) y sus escasas tropas (el 1 % del total de su ejército combinado), escoltadas por miles de aliados indígenas txalcaltecas y totonacas, asesinaron a tres mil habitantes de la ciudad tras, supuestamente, descubrir un complot de Moctezuma (ca. 1466-1520), el emperador azteca, para matar a los españoles dentro de la localidad aliada de los mexica.

Lienzo de Tlaxcala, lámina 9. Reprografía: Marco Antonio Pacheco / Raíces

EL APRESAMIENTO DE MOCTEZUMA (A TRAICIÓN)

Más tarde, en noviembre de ese año, se produce el apresamiento y encarcelamiento de Moctezuma por Hernán Cortés, después de la llegada de los españoles y sus aliados indígenas a la capital imperial, Tenochtitlan. Este auténtico golpe de Estado (el emperador, además, había recibido a los españoles con exquisita delicadeza y hospitalidad) fue seguido por una orden del jefe español, según la cual cualquiera que alzara su mano contra españoles o aliados de estos sería despedazado y arrojado como alimento a los perros.

LA MATANZA DEL TEMPLO MAYOR

En tercer lugar, nos encontramos con la matanza de Tóxcatl, también llamada la Matanza del Templo Mayor, ocurrida en mayo de 1520. Se trata del asesinato de cuatrocientos nobles aztecas en el momento en que estos se encontraban celebrando una ceremonia religiosa en el interior del citado templo. El responsable de la masacre fue Pedro de Alvarado (1485-1541), lugarteniente de Cortés mientras este hacía frente, en la costa del golfo de México (sí, señor Trump, golfo de México), a las tropas españolas que, procedentes de Cuba, tenían la misión de capturarlo por haber traicionado las órdenes primigenias del gobernador de la isla para la exploración de la península del Yucatán.

LA DESTRUCCIÓN DE TENOCHTITLAN

Meses después, entre mayo y agosto de 1521, tuvo lugar el asedio de la capital mexica por parte del ejército combinado txalcalteca-español, que provocó aproximadamente cien mil muertos entre los habitantes de Tenochtitlan, víctimas de los ataques exteriores, las enfermedades y el hambre. La ciudad fue tomada y saqueada, casa por casa, pero no ofreció oro, sino solo pilas de cadáveres.

LA DEVASTACIÓN DE LOS ALTIPLANOS GUATEMALTECOS

Tres años después de estos impactantes sucesos comenzó el asalto hispano sobre los mayas. Entre 1524 y 1529, primero Pedro de Alvarado y su hermano Jorge invadieron los altiplanos guatemaltecos, aliados a miles de aztecas, txalcaltecas, zapotecas, mixtecas y otros guerreros mesoamericanos. El impacto de tal ejército fue demoledor, y los altiplanos quedaron totalmente destruidos durante su conquista.

LA ANIQUILACIÓN DE GRAN PARTE DE LA POBLACIÓN MAYA

Paralelamente a esta incursión, tuvo lugar la protagonizada por las huestes de Francisco de Montejo (1479-1553) sobre el Yucatán que, también con miles de guerreros procedentes del centro de México, tomaron gran parte de la zona en litigio, tras sucumbir gran parte de la población maya ante la violencia y las enfermedades.

EL SECUESTRO DE ATAHUALPA (A TRAICIÓN)

En séptimo lugar, se nos narra la irrupción de Francisco Pizarro (1478-1541) y sus hombres en el inmenso imperio inca. En noviembre de 1532, invitados por el emperador Atahualpa (ca. 1500-1533) (que hacía poco había vencido a su hermano Huáscar en una sangrienta guerra civil), se encuentran con él en la ciudad sagrada de Cajamarca. Allí, en un escalofriante paralelismo con lo acontecido trece años antes en Tenochtitlan, y durante un encuentro diplomático con las autoridades incas (que habían ofrecido a los españoles alimentos y alojamiento), Francisco Pizarro captura al emperador. Durante un año, este fue mantenido como rehén, mientras los súbditos se apresuraban a reunir una montaña de oro y plata para liberarlo. Sin embargo, una vez pagado el rescate, Atahualpa fue ejecutado en 1533 por orden de Pizarro. La traición fue completa.

Óleo de Juan Lapiani (1864-1932) que representa la captura de Atahualpa en Cajamarca 

¿ALGÚN ESPAÑOL PUEDE SENTIRSE ORGULLOSO DE ESTOS HECHOS?

Creo que estos siete ejemplos (habría muchos más, por supuesto, a lo largo de los cerca de dos siglos que duró la conquista de los territorios americanos, como el sistema de encomienda o la explotación de los nativos en las minas de plata) debieran servir para mostrar a los incrédulos y a los nostálgicos de los viejos tiempos imperiales las tropelías, barbaridades y malos usos que los españoles (sí, los españoles) cometimos hace medio milenio a nueve mil kilómetros de nuestra querida patria. ¿Quién, en su sano juicio, puede sentirse orgulloso de estos comportamientos? ¿Qué persona de bien, estudioso de la Historia o no, puede defender estas acciones terribles y miserables?

Los autores del delicioso volumen argumentan, con una objetividad y una equidistancia asombrosas, que los conquistadores españoles recurrieron a estas brutales tácticas debido a su inmensa inferioridad numérica y a su tremenda desesperación, originada en el aislamiento en que se hallaban y en la imposibilidad de contar con suficientes medios humanos y materiales, procedentes de la metrópoli, con los que revertir la situación. Sin embargo, al mismo tiempo, los dos historiadores no justifican en absoluto aquellos horribles crímenes. Como no lo hicieron, sino todo lo contrario, algunos de los religiosos que arribaron al Continente a partir del segundo viaje de Cristóbal Colón.

DOS OASIS (ENTRE OTROS) EN UN DESIERTO DE INJUSTICIA

Entre aquellos defensores de los indígenas, destacaron especialmente dos dominicos. El primero, Antonio de Montesinos (ca. 1480-1540), quien llegado a la isla La Española (en la actualidad, compartida por República Dominicana y Haití) en 1510, vio pronto el terrible panorama que se abría ante sus ojos. Y en un legendario sermón, leído ante las autoridades coloniales en una iglesia de Santo Domingo el 21 de diciembre de 1511, criticó durísimamente (fue la primera vez que alguien lo hacía) las insoportables condiciones en que vivían los indios, los malos tratos que sufrían por parte de muchos encomenderos y la extinción a la que se veían condenados si no se remediaba la situación (2).

El segundo dominico que intentó abrir los ojos a las autoridades peninsulares sobre la cruda realidad de los indígenas americanos fue Bartolome de las Casas (1484-1566), quien, en compañía de su padre, arribó a La Española en 1502, y que nueve años después escuchó el sermón-denuncia de Montesinos. Durante el resto de su vida intentó, a través de libros y entrevistas con las autoridades metropolitanas, hacer ver que "la única norma para llevar a los pueblos la religión cristiana, es la evangelización pacífica"; que el único "camino de evangelización era la persuasión del entendimiento y la invitación de la voluntad"; que la esclavitud era un atentado contra los derechos del hombre a la vista de Dios; y que, en consecuencia, el régimen de la encomienda debía suprimirse (3). Y aún hay por ahí algunos que siguen comprando la "mercancía averiada" de que Las Casas fue elemento nuclear de la Leyenda Negra. Desde luego, si no hubiera habido abusos, este ínclito religioso no se hubiera sentido en la necesidad de escribir los furiosos y, sin duda, exagerados, libros que escribió, en especial su Brevísima relación de la destrucción de las Indias.

Aunque la vida de estos dos gigantes de la historia (y la de muchos otros religiosos menos conocidos) no sirvió para eliminar por completo los atropellos que muchos españoles realizaron durante la Conquista, sin embargo, a través de las Leyes de Burgos de 1512 y las Leyes Nuevas de 1542 se consiguió el reconocimiento de los indios como un súbdito más de la Corona; la eliminación de la esclavitud; la anulación, en parte, de la encomienda; y la supresión de la guerra de conquista.

Estos son los hechos duros, fríos, metálicos. Quien quiera matizar, que matice; quien quiera contraponerlos, que los contraponga. Pero estos sucesos existieron, le duela a quien le duela, y le pese a quien le pese. Y el que se sienta orgulloso del proceder de nuestros ancestros o el que los relativice, allá él; no es mi caso.

LA RESPONSABILIDAD DE LAS NACIONES POR SUCESOS DEL PASADO

Sin embargo, la bronca política desarrollada hace poco a tres bandas entre un monarca, una presidenta nacional y una presidenta autonómica nos devuelve a la espinosa y sensible cuestión de la responsabilidad de los países por hechos ocurridos hace mucho tiempo por parte de determinados naturales de aquellos, si no por sus propios gobernantes.

POCOS SE HAN DISCULPADO A LO LARGO DE LA HISTORIA

En este sentido, he de decir alto y claro que solo conozco unos pocos casos en los que altos mandatarios de instituciones o de naciones hayan pedido perdón por sucesos acaecidos en el pasado, responsabilidad de aquellas. No digo que no hayan existido más asunciones de culpa, pero a mí no me salen más que las realizadas por los pontífices Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, por algunas de las erróneas y deplorables acciones llevadas a cabo por la Iglesia católica a lo largo de los últimos dos mil años; y las de algunos de los gobernantes que han regido Alemania desde 1945 (hasta 1989, los de la República Federal Alemana) por el exterminio de seis millones de judíos llevado a cabo por el régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Por tanto, apenas unos pocos granos en la inmensa playa de la historia.

EL SIGLO MÁS SANGRIENTO

Por otra parte, se hallan los terribles y escalofriantes crímenes cometidos por algunos países y algunas etnias durante el reciente siglo XX (este sí cercano en el tiempo), de las que nadie se disculpó. Así, podemos entresacar, a vuela pluma, el genocidio armenio, que consistió en la deportación forzada y el exterminio sistemático de 1,5 millones de armenios cristianos que vivían en el Imperio otomano, llevado a cabo por el gobierno de los Jóvenes Turcos entre 1915 y 1923; el Holodomor, es decir, la hambruna provocada deliberadamente por el régimen soviético de Stalin en Ucrania entre 1932 y 1933, y que provocó la muerte de entre 3,5 y 7 millones de personas; o, sin ir más lejos, y ya en la Segunda Guerra Mundial (y al margen del Holocausto judío y de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki), el bombardeo anglo-americano sobre Hamburgo en julio de 1943, que provocó la muerte de 40.000 civiles, o el realizado por el ejército estadounidense en Tokio, en marzo de 1945, en el que murieron 100.000 civiles. 

También podemos intercalar en esta narrativa del horror del sangriento siglo XX la matanza de 8000 bosnios en Srebrenica el 11 de julio de 1995 por parte del ejército serbio, en el contexto de las guerras de los Balcanes (1991-2001); o, finalmente, el genocidio acontecido en Ruanda en la primavera de 1994, en el que la etnia hutu masacró a 800.000 compatriotas de la etnia tutsi (incluidos miles de hutus moderados).

¿Alguien me puede decir si algún dirigente turco, ruso, inglés, norteamericano, serbio o hutu ha pedido perdón alguna vez por estos espeluznantes e inimaginables crímenes, cometidos en el cercano y a la vez terrorífico siglo XX?

EL PRESENTISMO

Por último, nos encontramos con el siempre manoseado "presentismo", es decir, el análisis de acontecimientos de un pasado remoto con los ojos del presente. Los siglos XVI y XVII fueron tiempos, por desgracia, de violencia terrible e inacabable: guerras de religión, represión de la heterodoxia, odio al "otro", choques entre mastodónticos imperios, represión sobre minorías religiosas, sociales y sexuales... En suma, una violencia institucionalizada y cotidiana. Y en el inicio de esta temprana Edad Moderna, un 12 de octubre de 1492, quiso el "destino" que Cristóbal Colón desembarcara en la pequeña isla de Guanahaní...

A PESAR DE LAS LUCES DE LA CONQUISTA...

El descubrimiento, conquista y colonización del continente americano por los españoles durante cuatrocientos años dejó un montón de teselas luminosas en el inmenso mosaico de la historia. Hay que ser objetivos y no negar esta realidad. El idioma castellano y su escritura ayudaron al proceso de globalización que comenzó a finales del siglo XV, y en el que los portugueses corrieron paralelos. En este sentido, el Imperio español se convirtió en la primera institución política global de toda la humanidad, con lo que ello supuso a nivel de organización territorial en un espacio tan inmenso, por ejemplo, como el americano, cuyo núcleo pasó a ser el Ayuntamiento. La universidad penetró en el Continente, siendo su primera sucursal en Santo Domingo en 1538. 

La imprenta, que se había inventado cincuenta y dos años antes de la arribada de Colón, fue una transferencia de saber fundamental. A través de la Escuela de Salamanca, iniciada por Francisco de Vitoria en 1526, España exportó a las tierras allende los mares sus ideas sobre el derecho internacional, los derechos humanos y la ciencia económica moderna. Toda una riqueza cultural, procedente de Grecia, Roma y el mundo islámico, además del humanismo renacentista, penetró en aquellas sociedades. Suma y sigue. No, no es baladí la aportación española al gran continente.

... HAY QUE RECONOCER LOS ERRORES DEL PASADO, AUNQUE NUNCA PEDIR PERDÓN

Acepto plenamente las críticas que, a lo largo de la historia, se han dirigido a muchas de las acciones que los conquistadores españoles llevaron a cabo en América; es más, las hago mías. Ningún español de bien puede sentirse reconfortado por las traiciones, crímenes y matanzas que nuestros antepasados cometieron en el Nuevo Mundo.

Sin embargo, creo, honestamente, que exigir a España que pida perdón por hechos acaecidos hace medio milenio es totalmente injusto, desproporcionado y ahistórico. Lo que no han hecho otros países por crímenes infinitamente más numerosos y más cercanos en el tiempo no se nos puede exigir a nosotros. Aceptemos, sin más, las sombras y las luces del pasado, tratemos de no cometer los mismos errores del ayer y dejemos a los investigadores de la historia el análisis desapasionado y desideologizado de aquellos terribles hechos.

(1) Matthew Restall y Felipe Fernández-Armesto, Los conquistadores: una breve introducción. Madrid, Alianza Editorial, 2013.

(2) https://historia-hispanica.rah.es/biografias.

(3) https://historia-hispanica.rah.es/biografias.

martes, 28 de abril de 2026

¡VADE RETRO, COCHE DE COMBUSTIÓN!

LOS MIEDOS EN OCCIDENTE

En 1978, el prestigioso y llorado historiador francés Jean Delumeau (1923-2020) publicó una de las grandes obras de toda su prolífica carrera, La peur en Occident, XIVe-XVIII siècle (El miedo en Occidente, siglos XIV-XVIII). A lo largo de más de seiscientas páginas, este monumental volumen (que, por cierto, leí con fruición en la época de elaboración de la tesis doctoral) traza el retrato de una sociedad traumatizada por la peste, las guerras, las disputas religiosas y la inseguridad permanente, y analiza la instrumentalización del terror, sobre todo por parte de la Iglesia.

Por las hojas de este fantástico libro, Delumeau hace pasar varias figuras prototípicas del espanto de aquellos convulsos siglos: la mujer, la bruja, el hereje, el judío, el musulmán, el demonio... Todos ellos, símbolos del miedo en el imaginario colectivo de la Europa occidental durante más de medio milenio. Figuras todas ellas despreciables para la ideología dominante política y religiosa de la época, que acababan poblando los terrores cotidianos de los hombres y mujeres de la época.

Con el paso del tiempo y el cambio de las coordenadas políticas, económicas, sociales, religiosas y culturales, aquellos tizones del horror, aquellos rescoldos del pavor, fueron desvaneciéndose entre la bruma, y aunque muchos individuos y algunas sociedades concretas continuaron teniendo aversión a algunas de las figuras citadas, el imaginario colectivo, en líneas generales, las fue devolviendo al océano del recuerdo.

LOS NUEVOS CLÉRIGOS Y LOS NUEVOS PARIAS

Pasaron doscientos años, y otra ideología dominante, tan dañina y siniestra como la que el gran historiador allende los Pirineos describió, se fue instalando lenta, pero implacablemente otra vez en Occidente, solo que en esta ocasión las víctimas propiciatorias, los parias de turno, los nuevos terrores de finales del milenio y comienzos del siguiente cambiaron radicalmente de bando. Porque para los nuevos popes, para los nuevos inquisidores, para los nuevos cazadores de brujas, para los nuevos odiadores profesionales, el mundo resultaba dividido, nuevamente, en dos partes, el cielo y el infierno, esta vez laicos. Y este nuevo caldero humeante, el del infierno, quedaba adjudicado a figuras tan paradigmáticas como el hombre (el varón), el heterosexual, el nacional, el blanco, el católico, el cazador, el fumador, el que consume carne o azúcar... o el coche de combustión. ¿Cómo es posible haber llegado a esta disparatada situación? Es difícil explicarlo, pero haberlo, haylo.

DE BENZ Y DAIMLER HASTA HOY

La historia de la automoción (1), en sentido estricto, comienza a finales del siglo XVII, cuando aparecen los primeros vehículos autopropulsados, distintos ya a los de tracción animal. Durante aproximadamente doscientos años, el vapor fue el medio de proyección dominante. Pero a finales del siglo XIX, concretamente en 1885, el ingeniero alemán Carl Benz (1844-1929) construyó un motor de cuatro tiempos con un cilindro horizontal de 954 cm3 de desplazamiento, que podía girar a 400 rpm y alcanzar una potencia de 0,75 cv, y que integró en un vehículo de tres ruedas.

El triciclo motorizado de Benz, conocido como Benz Patent-Motorwagen, fue una novedad absoluta en todo el mundo, ya que se convirtió en el primer coche impulsado por un motor de combustión interna (gasolina). El 29 de enero de 1886, el ingeniero alemán patentó su artefacto, considerándose aquel día como el del nacimiento del automóvil. La primera aparición pública del novedoso ingenio ocurrió el 3 de julio de ese año, en la localidad alemana de Mannheim, desde donde, para demostrar su idoneidad en el viaje a larga distancia, el vehículo fue conducido, a 16 km/h, por Bertha, la esposa de Carl, acompañada de sus adolescentes hijos, hasta la ciudad de Pforzheim, a 104 kilómetros de distancia.

Increíblemente, ese mismo año, y a un centenar de kilómetros de trayecto del pionero Benz, y sin conocerle, el también ingeniero alemán Gottlieb Daimler (1934-1900) creó el primer vehículo motorizado de cuatro ruedas. Las invenciones de ambos personajes trajeron una nueva dimensión a la movilidad, que quedó "democratizada" del todo, es decir, asequible al gran público, con Henry Ford (1863-1947), quien empezó a producir en masa su Ford modelo T (creado en 1908) en una planta de cadena de montaje de Detroit el 7 de octubre de 1913.

Desde entonces hasta ahora, millones de personas han utilizado el coche de gasolina y de gasoil en su vida cotidiana para ir al trabajo, para salir de compras al hipermercado, para quedar por la noche con los amigos, para ir de vacaciones a la playa o a la montaña, en suma, para hacer lo que le diera la real gana, que en eso consiste la libertad, concepto que los nuevos clérigos nunca entenderán, ya que sus enflaquecidas meninges quedaron varadas en el 8 de noviembre de 1989 en Berlín, el día antes del gran cambio.

EL ANCIEN RÉGIME TRANSMUTA Y SE VISTE DE CORDERO

Sin embargo, a pesar de que la libertad se disparó a chorros por todas partes después de la noche liberadora de aquel dorado onceno mes, los sicarios del Ancien Régime se resistieron a morir, y se transmutaron en feministas, pacifistas, indigenistas, inclusivos, resilientes y, por supuesto, ecologistas. Y de todos los enemigos que crearon estos apóstoles de la nueva "Ideología", sobresalió uno por encima de todos: nuestro querido vehículo de combustión. ¿Cómo podía ser que este -según ellos- artilugio burgués y contaminante siguiera siendo utilizado por la inmensa mayoría de los abnegados ciudadanos de Occidente, incluida España? ¿A quién, con un mínimo de sesera -se preguntaban nuestros nuevos profesores de moral- se le podía ocurrir seguir transitando por calles, avenidas, autovías, autopistas y carreteras secundarias con aquel instrumento motorizado, antiguo y casposo?

COMIENZA EL TSUNAMI LIBERTICIDA

Y así, las élites dominantes, políticas sobre todo, pero también las mediáticas, culturales y educativas, comenzaron una cruzada contra el maldito coche de gasolina y diésel, que dura hasta el día de hoy. Porque en aras de algunos estudios científicos (yo podría contraponer otros, tan serios o más, tanto en cantidad como en calidad) que apuntaban a que el fin del planeta se acercaba raudo y veloz (como en el año 1000), debido a la contaminación ejercida por los materiales fósiles (sin tener en cuenta fenómenos naturales que han actuado a lo largo de la historia con muchísima más influencia en el cambio climático, como el vulcanismo), llegó el tsunami liberticida.

Ilustración del Apocalipsis realizado por el taller de Lucas Cranach (https://www.elmundo.es, 1-3-2019)

THE GREEN CAR

Primero, nuestros políticos de turno, de diferente pelaje ideológico eso sí, nos vendieron las bondades del coche eléctrico, ese artefacto caro y con problemas estructurales de autonomía, que muy pocos compran (el 9 % en España en 2026) y del que muchos alardean por respetar la naturaleza, sin tener en cuenta que los catalizadores de los vehículos de combustión hace ya muchos años que reducen eficientemente las emisiones tóxicas. A pesar de las amenazas, advertencias y admoniciones de los nuevos predicadores, la gente, el común de los mortales no se ha acabado de fiar, no se ha dejado engañar por el gran embuste, y el parque automovilístico del nuevo becerro de oro continúa estancado en España. Por algo será.

LA UE PIERDE EL NORTE Y LA VERGÜENZA

Pero la locura, el disparate, la hipérbole medioambientalista llegó a su clímax en febrero de 2023, cuando la Unión Europea (esa misma que no consigue unirse para hacer frente a la disparatada guerra del gran emperador del pelo rubio y su lacayo sionista en Irán y el Líbano) ratificó la prohibición de fabricar coches nuevos con motor de combustión a partir del 1 de enero de 2035. Como es lógico, la gran tomadura de pelo, la gran medida liberticida, fue saludada con fruición por las huestes mediáticas, sociales, culturales y educativas del ecologismo fake como el gran logro del siglo, cuando para el ciudadano de a pie, que se levanta todas las mañanas para ir a trabajar, solo suponía una quiebra de su sagrada libertad.

Menos mal que Alemania, Italia y algunos otros países con alguna cordura (no es el caso de España, cuyo Gobierno apoyó la medida perrunamente) hicieron presión para revocar el gran desatino, y a finales del pasado año la Comisión Europea dio marcha atrás en su ultimátum de 2035, estableciendo una normativa que permitiera dar más flexibilidad a los fabricantes para alcanzar los objetivos de CO2. No es que esto sea la panacea, pero algo es.

LOS SÓVIETS ANTICIRCULACIÓN

Después del pretendido vehículo verde y de la desgraciada legislación comunitaria, llegaron las pomposamente denominadas Zonas de Bajas Emisiones (ZBE), auténticos cotos cerrados para el burgués coche de toda la vida, debido a sus "infernales" emisiones de dióxido. En Madrid capital las inauguró en 2019 una alcaldesa, de cuyo nombre no quiero acordarme, y las ha mantenido intactas otro alcalde, cuyo nombre tampoco quiero recordar. Antes de 2019, ya existían las Áreas de Prioridad Residencial (APR), que eran zonas de la ciudad en cuyas calles solo podían transitar vehículos de residentes, pero los nuevos regidores del Palacio de Cibeles decidieron que eso no bastaba, y crearon y mantuvieron un área de 605 km2 vetado al vehículo de combustión.

Europa (decian los políticos verdes-rojos y verdes-azules) nos compele a crear Madrid Central (como se denominó al principio el gran parque temático de la exclusión) para reducir las emisiones tóxicas. Ya, ya, pero lo que no nos cuentan esos mismos políticos es que Europa no obliga a secuestrar la libertad, a cerrar al tráfico concretamente las calles de Atocha, Alcalá o Gran Vía. No, eso no lo dice nadie, mentirosos personajes. Lo que pasa es que es más cómodo crear, de golpe y porrazo, un sóviet anticirculación que idear medidas más acordes con las necesidades reales del medio ambiente y del ciudadano, estableciendo un equilibrio entre ambas. Puestos a legislar, ¿por qué no prohibir la circulación en todo el perímetro urbano o, a més a més (como diría un catalán), prohibir directamente los vehículos de combustión?

"SI NO PUEDES APARCAR, NO TENGAS COCHE, ¡COÑO!"

Por extensión, una cuarta pata en el sofisticado sistema de expulsión de todo lo que huela a coches de gasolina y gasoil fueron los hilarantes carriles-bici y sus necesarios escuderos, los tótem o estacionamientos para bicicletas eléctricas y patinetes. Cientos y cientos y cientos de plazas de aparcamiento en superficie fueron sacrificadas en el altar del gran dios del Medioambiente. Para que unos pocos chavales circulen a sus anchas con sus bicicletas por esos pasillos privilegiados de la capital, miles de sufridos y anónimos ciudadanos tienen que hacer virguerías y gastar su valioso tiempo todos los días para poder aparcar sus vehículos de toda la vida. Cojonudísimo.

Podríamos seguir, y no pararíamos, en esta escalera de locura hacia la nada, pero los ejemplos citados son claros exponentes de la cruzada cruel e inmisericorde que políticos y palmeros de estos llevan a cabo desde hace mucho, mucho tiempo, contra nuestro querido coche de combustión.

Reverso de la medalla de san Benito, donde aparecen las siglas de la oración Vade retro, Satana (https://x.com)

FRENTE AL APOCALIPSIS, LA LIBERTAD Y LA CIENCIA

¿Y por qué -preguntará alguno- le da usted tanta importancia a este tema? Pues, fundamentalmente, porque creo en la libertad en su concepto más amplio, y en la libre elección del medio de transporte. ¿Que hay gente a la que le gusta el coche eléctrico, el híbrido, la moto, la bicicleta o el patinete para desplazarse? Lo respeto profundamente. Pero precisamente por eso, exijo que se me respete mi decisión de utilizar un vehículo de gasolina. Y no me vengan con sermones medievales (¡Vade retro, Satana!) para culpabilizarme por un cambio climático en el que el hombre tiene infinitamente menos influencia que lo que muchos apóstoles del apocalipsis medioambiental afirman con prepotencia, afán de superioridad moral y certeza bobalicona todos los días y a todas horas.

(1) Para algunos datos de la historia de la automoción, he consultado la página de internet https://lamercedpilar.com.

lunes, 6 de abril de 2026

LOS CRÍMENES OLVIDADOS DE PEDREZUELA (SEGUNDA PARTE)

JUNTO AL POZO

Durante los años 40 del pasado siglo se producen el tercer y el cuarto hecho luctuosos, acontecidos en nuestra entrañable Pedrezuela, en los que se vio envuelto la misma persona, el médico oficial del municipio.

El primero de ellos no fue exactamente provocado por él. Efectivamente, parece ser que este buen hombre contaba con un hija de corta edad, fruto de su primer matrimonio, del que hacía tiempo había quedado viudo. Transcurrido un cierto período desde este suceso, el susodicho doctor entabló relación con otra señora que, por lo que ocurrió más tarde, debía ser una oscura Luzbel.

Y es que a esa pálida dama no se le ocurrió otra cosa que deshacerse de la pequeña criatura, con el fin último de tener en exclusiva a su amante. El plan de nuestra Satanás particular se fraguó y se llevó a cabo con frialdad y meticulosidad. Así, un buen día, en el que el padre no se encontraba en casa, este Asmodeo moderno cogió a la niña y la estranguló, provocándole la muerte. Y para que pareciera un fatal accidente, aprovechó la existencia de un pozo con brocal, en el patio de la casa familiar, para asegurar a los investigadores que allí se desplazaron que la menor había trepado hasta el orificio del pozo a través de una pequeña escalinata mal situada, y allí había perdido el equilibrio y se había precipitado al vacío. La coartada se demostró muy débil, ya que la posterior autopsia del cuerpo de la menor demostró con certeza las profundas marcas en el cuello que le habían provocado unas manos humanas.

EL PRIMER EXILIO

Desconozco en qué se sustanció todo, y si nuestro Belcebú particular fue juzgado, condenado o quedó en libertad. Pero, vamos, a ojos de los habitantes de Pedrezuela, el asunto quedó meridianamente claro. Sin embargo, ¿qué pasó con nuestro dilecto médico, la pareja del cruel Leviatán, el padre de la asesinada? Pues que salió zumbando del municipio, yéndose a vivir a otra localidad, con el fin de que el escándalo no le alcanzase.

EL HOMBRE ES EL ÚNICO ANIMAL QUE TROPIEZA...

Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Y, efectivamente, nuestro doctor pedrezolano hizo honor a este refrán y, en vez de haberse sumergido plácida y tranquilamente en la comunidad de aquel pueblo al que había huido, pasados unos años del trágico suceso regresó inopinadamente a Pedrezuela, otra vez como médico local.

Dos cosas hay que decir en su descargo antes de seguir adelante, y acometer el cuarto acontecimiento del que mi madre me habló tantas veces (como del tercero, claro). La primera, es que este señor no asesinó a su hija, sino que quien lo hizo fue su pareja. Y la segunda, que el médico tenía perfecto derecho a volver a su pueblo. El problema que surge a la hora de analizar lo que ocurrió después tiene que ver con la vida cotidiana de las pequeñas localidades y, por qué no decirlo, con la maldita mala suerte.

Panorámica del cerro San Pedro desde el vértice geodésico cercano a Vistasierra

LA MALA ESTRELLA

Ciertamente, una persona que se había visto envuelta en un escándalo tan gigantesco y truculento como el narrado supra, difícilmente podía reintegrarse con normalidad a la convivencia en una pequeña comunidad, que en la época que tratamos rondaba los setecientos habitantes. Aun así, la fortuna (la mala, naturalmente) fue la que, como muchas más veces de las que pensamos, decidió la partida.

UNA FATAL NEGLIGENCIA

Y es que este señor regresó a su tarea rutinaria como médico municipal, y durante un tiempo todo transcurrió con normalidad hasta que un día el cielo se oscureció sobre su testa. Resulta que tratando profesionalmente a una niña de la localidad, una mala praxis, una negligencia provocó la muerte de esta. Y en ese preciso momento, la caja de Pandora se abrió, los vientos se escaparon y todo fue tormento, llanto y crujir de dientes. Porque a este segundo caso de muerte, ahora sí relacionado directamente con él, se le sumó el imborrable recuerdo de su hija muerta en el pozo, y la gente estalló.

... Y EL CIELO SE INUNDÓ DE ODIO: "¡FUERA EL CAUDILLO!"

La explosión se concretó primero en la repulsa y condena social hacia el responsable del luctuoso desenlace, y segundo, en una campaña instigada por algunas familias para expulsar de Pedrezuela al médico de marras. Todo ello convergió en aquella inolvidable jornada que tantas y tantas y tantas veces me contaste, pajarillo, en la que decenas y decenas de personas se manifestaron a plena luz del día por las calles del pueblo eterno para pedir la inmediata marcha del, para ellos, matasanos.

La algarabía, la confusión, las voces inmisericordes de los soliviantados vecinos tuvo su estrambote final cuando llegó el coche de línea, a eso de las nueve de la noche, y su conductor, el legendario Evelio, confundió los gritos de la muchedumbre, que exclamaba "fuera" y a continuación el apellido del doctor en cuestión, con la frase "fuera el Caudillo", debido a la gran semejanza entre aquel y el sobrenombre del entonces jefe del Estado. El conductor, que había salido esa misma mañana dejando un pueblo tranquilo y calmado como siempre, se encontró al atardecer con una extraña multitud enfervorizada, que parecía llevar a cabo una auténtica revuelta sociopolítica. Nada más lejos de la realidad, como acabó pronto comprobando.

EL SEGUNDO EXILIO

Finalmente, y ante la presión popular, aquel médico no tuvo más remedio que aceptar la situación, coger el petate y exiliarse por segunda vez de su querido pueblo, de forma ya definitiva. Desconozco si la vía penal atravesó entonces su existencia y, en el hipotético caso de que lo hiciera, en qué se sustanció aquella.

LA MEZQUINDAD IMPREGNA PEDREZUELA

Como dije en el anterior post, Pedrezuela no es famosa (por fortuna) como Cuenca por el crimen (no cometido) a principios del pasado siglo, pero los recuerdos que durante tantos y tantos años me aportaste, mi pajarillo, demuestran que todas las localidades del mundo contienen su parte tétrica... pero también mezquina. ¿Por qué cito la palabra "mezquina"? Porque como en toda buena historia que se precie, y esta creo que lo es, surge un final inesperado, en el que la ruindad y la miseria son componentes esenciales.

Y es que, una vez pasado el turbión, una vez alejado el huracán de las pasiones, una vez desmovilizado el gentío, una vez expulsado el infortunado doctor, quedó latente, flotando en el ambiente, el veneno de la venganza hacia aquellas personas que no secundaron la mini-revuelta, el "apaleamiento" en la plaza pública, el auto de fe de nuestros días.

EL BOICOT AL BUEN PESCADERO

Según afirmabas, mi pajarillo, tú, como chiquilla inconsciente que eras entonces, acompañaste a los vecinos en su protesta, pero tus padres no, ya que tu madre era familiar del médico caído en desgracia. Creo, sinceramente, que esta circunstancia era un motivo más que suficiente para no unirse a la petición de expulsión, pero la actitud de tus ancestros fue entendida, socialmente, como un apoyo implícito al presunto criminal. La consecuencia de esta actitud "solidaria" con un familiar la pagó, increíblemente, mi admirado Marco Polo, tu padre, el buen ciudadano, el buen pescadero, y es que durante un largo período de tiempo muchos vecinos boicotearon el negocio familiar, que se desarrollaba en la planta baja de la vivienda, y se negaron a comprar en él. Había que arruinar al maldito pescadero por su infamante pecado. Con dos cojones.

Fachada de la casa familiar de mis abuelos maternos (actual, calle Santa Ana, 25), tomada en 1997, antes de su demolición

MISERIAS DE PUEBLO

Esta reacción tan triste, tan mezquina, tan ruin, tan miserable, refuerza aquel comentario que hacías, mi pajarillo, de tarde en tarde, al hablar sobre los tópicos que mucha gente manifiesta, a veces, acerca del bucolismo de las antiguas poblaciones: "si no has vivido en él, nunca sabrás las miserias que a veces tiene el pueblo".

martes, 24 de marzo de 2026

LOS CRÍMENES DE PEDREZUELA (PRIMERA PARTE)

DEL CRIMEN QUE NUNCA EXISTIÓ...

Hace cien inviernos, concretamente en el mes de febrero de 1926, emergió de la nada en el pueblo conquense de Tresjuncos un extraño personaje. Su nombre, José María Grimaldos; su apodo, "el Cepa"; su edad, cuarenta y cuatro años. Su aparición en la localidad que le vio nacer dejó incrédulos y estupefactos a los vecinos, que le habían dado por muerto dieciséis años antes (1).

Efectivamente, el 21 de agosto de 1910, el entonces joven pastor, que trabajaba en una finca del alcalde de la también conquense localidad de Osa de la Vega, vendió unas ovejas de su propiedad, que le reportaron trescientas pesetas, y desapareció sin dejar rastro. A las pocas semanas de su evaporación, y ante los continuos rumores que empezaban a correr por los alrededores sobre el posible asesinato de José María a causa del robo del dinero obtenido por la venta de las ovejas, la familia del pastor interpuso una denuncia ante el juzgado de Belmonte. En ella se acusaba del posible crimen a León Sánchez Gascón, apodado "el Pastor", y a Gregorio Valero Contreras, apodado "el Varela", ambos mayoral y guarda respectivamente de la finca en la que también trabajaba el desaparecido.

La denuncia, que acabó sobreseída en septiembre de 1911 por falta de pruebas, volvió a presentarse dos años después ante otro juez del mismo juzgado, y esta vez sí se detuvo a los acusados, comenzando para estos un largo y penoso proceso, que derivó en terribles torturas de la Guardia Civil hacia aquellos para sonsacarles "la verdad", su confesión de culpabilidad (obligada, claro está), su condena en el juicio llevado a cabo en 1918, su prisión ininterrumpida durante doce años, su indulto en el verano de 1925 y su ostracismo social tras salir de la cárcel por la mácula de ser considerados asesinos confesos.

La impactante aparición del "Cepa", aparentemente proveniente de las catacumbas de la vida, aquella mañana de febrero de hace cien inviernos hizo saber a Tresjuncos, a la provincia de Cuenca y a España entera la triste realidad. Y es que aquel maldito 21 de agosto de 1910, el pastor, tras embolsarse los sesenta duros, no fue asesinado por nadie, sino que decidió dar un giro copernicano a su vida. Primero, marchó a tomar unos baños a La Celadilla, laguna situada a cuatro kilómetros de Tresjuncos, a cuyas aguas y barros se asignaban propiedades curativas. Después fue a Camporrobles, localidad en la que trabajó como pastor. Tras un año de estancia allí, se colocó de sirviente en una casa de Cuevas de Uruel. Más tarde, volvió a Camporrobles, luego se dirigió a Fuerte Robles y, finalmente, acabó en Mira, pueblo en el que decidió casarse, a raíz de lo cual el párroco de la localidad pidió por carta a su homólogo de Tresjuncos una partida de bautismo de José María, que fue la espoleta definitiva para que se descubriese la cruda y lacerante verdad.

... A TRES QUE FUERON BIEN REALES

Desde entonces, a la provincia de Cuenca le cayó el sambenito de ser conocida como la "provincia del crimen", aun cuando el supuesto asesinato nunca fue tal. Por contra, y a Dios (o al demonio) gracias, mi entrañable Pedrezuela nunca sufrió un estigma parecido, aunque en ella, durante los años centrales del siglo XX, no solo se produjo un único asesinato real, sino tres.

Vista del cerro San Pedro desde la torre-mirador geodésico cercano a Vistasierra

UNA MAÑANA EN EL CAMPO

El primer suceso a nivel cronológico tuvo lugar en el "otro lao", denominación con que los lugareños de entonces, y aún muchos de ahora (como mi padre y yo), utilizan para referirse al término municipal que se encuentra más allá del río Guadalix, el cual cruza por la vaguada formada por las cuestas entre el casco urbano y la actual urbanización Montenebro, que muchos seguimos llamando indefectiblemente Corepo.

Pues bien, pasadas las edificaciones de la actual colonia, se abre una zona de campo, enorme y solitaria, hasta que llegamos a un terreno cercado, ocupado por numerosas fincas, que en un punto determinado se ve atravesado por un camino estrecho, serpenteante, irregular y en constante ascenso. ¡Cuántas veces llegamos hasta el comienzo del estrecho pasadizo y dejamos el coche, mi pajarillo! ¡Cuántas veces nos bajamos los cuatro y ascendimos la cuesta! ¡Cuánto me acuerdo de la gran cantidad de ocasiones en las que me contaste aquel último viaje de tu padre, por aquel paraje, aquella despedida de sus queridísimas fincas, cuando el hombre, aquel mítico Marco Polo, ya era muy mayor y sabía que no iba a volver más a verlas! Por ahí anda, aunque tú durante mucho tiempo creíste que estaba perdida, una fotografía en la que se os ve a ti, a tu padre, a tu madre, a papá, a Maribel y a mí descendiendo por el camino durante aquella jornada finisecular. 

La verdad es que siempre me gustó mucho ir a aquella zona. Íbamos los cuatro, aparcábamos el vehículo a la entrada de la abrupta pista, y nos internábamos en un mundo solitario y silencioso, entonces carente de peligros, sin personas, sin casi animales, solo vegetación e insectos. Pues bien, la mayoría de aquellos miniviajes de placer tenían por objeto la visita a una finca, propiedad precisamente de mi madre, a través del buen Marco Polo, que se encontraba también casualmente al comienzo de la vereda ascendente y a escasos metros de donde dejábamos el vehículo. La tierra se llamaba, y se llama, El Losar.

En esta finca se encontró el cuerpo del primer crimen. Mil veces me lo contaste, mi pajarillo, pero solo tengo fogonazos en la memoria. Por lo que comentabas, una joven, con discapacidad mental, iba todos los días a realizar tareas agrícolas o ganaderas a una zona cercana a la finca de tu ancestro, que, en la época del suceso, al contrario que en la actualidad, se hallaba muy concurrida, ya que en unos lugares se labraba y en otros, se apacentaba el ganado.

Por lo que se dijo entonces, y tú metabolizaste en el cerebro, lo que pudo pasar es que la citada joven fue un buen día abordada por tres o cuatro hombres que también realizaban labores en los alrededores, los cuales abusaron sexualmente de ella, y que, con mucha probabilidad, ante la amenaza de la víctima de hacer público lo sucedido, la asesinaron con varios disparos de escopeta, depositando el cadáver en El Losar. Un arma aquella, que dio lugar a una fuerte polémica posterior, ya que la persona a la que se acusó de ser el autor material del crimen siempre lo negó, basándose en el hecho, verificado por otros residentes de Pedrezuela, de que en el momento exacto del suceso la citada escopeta se encontraba a buen recaudo en su casa, por lo que difícilmente podía haber sido el asesino.

Muchas veces comentamos este tema, y siempre decías que se había acusado, a nivel social, injustamente a una persona, a lo que yo siempre tenía dudas para responderte, y me acuerdo que muy poco antes de las tristes jornadas del confinamiento, o incluso durante el mismo, volvimos a sacar el tema, y yo te dije que lo mismo me daba que el señor en cuestión hubiera apretado el gatillo o que hubiera colaborado en el crimen sin ser el autor material; que ese personaje repugnante era igual de culpable a mis ojos.

Al final, por lo que me explicabas, el crimen quedó sin resolver, las dudas sobre los implicados quedaron flotando en el aire, y con el tiempo, el triste suceso de aquella chica minusválida se fue olvidando lenta, pero implacablemente. 

UNA NOCHE DE FIESTAS

Años después, se produjo otro tétrico suceso, del que, como el anterior, me referiste en innumerables ocasiones. En este segundo caso, su desarrollo tuvo lugar en el casco urbano, casi en el centro geográfico del pueblo, concretamente en la calle Mayor, en el tramo ahora peatonal (entonces, no), entre las calles San Miguel y Calvario, al lado, o en el mismo lugar, donde hace varios años se alzaba una oficina de CaixaBank (antes, Bankia; antes, Caja Madrid; antes, Caja Rural).  

En aquel lugar vivía un buen hombre. Durante las fiestas patronales del año en cuestión, una o varias personas, probablemente familiares o amigos, le visitaron. En el transcurso de la velada, salieron a relucir ciertas diferencias respecto a cuestiones económicas o de herencia. La conversación fue subiendo de tono hasta que uno de los visitantes, nada anónimos sin duda, cogió un objeto contundente que había en la habitación y golpeó fuertemente al dueño de la vivienda, causándole la muerte.

Dos datos tremendos, o quizá tres, acompañaban siempre tu relato. El primero, que los agresores estuvieron de parranda durante el resto de las fiestas, como si nada hubiera ocurrido. El segundo, que el cadáver tardó en encontrarse horas o días. Y el tercero, que el descubrimiento del crimen se realizó a partir del lastimero rebuzno de un burro, propiedad del finado, que clamaba, triste, su ración diaria de comida, y que puso en aviso a los vecinos.

El resultado final fue parecido al anterior suceso narrado: un muerto, unos culpables velados, pero no acusados, y el triste olvido.

Calle Mayor de Pedrezuela, en la época en la que aún existía la oficina de Caja Madrid (http://www.todosobremadrid.com)

Del tercer hecho luctuoso hablaré dentro de un tiempo, ya que las consecuencias que, con los años, sufrió su principal protagonista acabaron influyendo en una mezquina reacción popular contra mi abuelo Ramón.

(1) Para algunos datos de este sangrante episodio conquense, he acudido a http://historiasdehispania.blogspot.com.










martes, 10 de marzo de 2026

REGRESO AL PLANETA DE LOS SIMIOS

EL PLANETA DE LOS SIMIOS

El sábado 29 de enero de 1977 fue una jornada inolvidable y distorsionadora para mí y para mucha otra gente. Y es que esa noche, en la única cadena de televisión que emitía entonces en España (bueno, también estaba el denominado UHF, es decir, la segunda cadena, pero que entonces la veían "cuatro gatos"), dentro del espacio denominado Sábado Cine se proyectó una sorprendente película de ciencia-ficción, titulada El planeta de los simios, prologada por el inolvidable Manuel Martín Ferrand.

El filme, de 1968, pero estrenado en la pequeña pantalla de nuestro país aquella noche, dirigida por Franklin J. Schaffner, y protagonizada por Charlton Heston, Roddy McDowall, Kim Hunter, Maurice Evans y James Whitmore en sus principales papeles, narraba la increíble historia de un astronauta, George Taylor, que junto a su tripulación tiene un aterrizaje forzoso en un planeta desconocido, habitado por simios inteligentes, que detentan el poder, y que tienen esclavizados a los humanos, quienes, en un salto atrás en la evolución, ni siquiera saben hablar.

Yo, que entonces contaba nueve años, quedé fascinado con las peripecias que pasaba el protagonista, con su amistad con dos de los simios, con el despotismo de los gorilas que gobernaban aquel microcosmos y, sobre todo, con la legendaria escena final, la del astronauta Taylor hincado de rodillas en la playa frente a una Estatua de la Libertad neoyorkina semihundida, que le hacía comprender a aquel, finalmente, dónde se hallaba.

Escena final de El planeta de los simios ("Ciencia ficción en el cine", www.facebook.com, 2-5-21)

UN GORILA, CON INTELIGENCIA Y PODER, GOBIERNA EL MUNDO

Desde hace demasiado tiempo, una estirpe de gorilas, de ideologías antagónicas, que parece haber viajado en el tiempo hacia el pasado, desde aquel año 3978, en el que se desarrollaba el legendario filme, ha ido escalando, metro a metro, la montaña del poder en algunos países occidentales, hasta conseguir, por fin, acceder a los resortes, a las salas de máquinas de los gobiernos de turno.

De entre todos estos primates, destaca uno que, para suerte suya y desgracia de sus propios conciudadanos y de los del resto del mundo, ha logrado instalarse hace ya catorce meses en el número 1600 de la avenida Pensilvania NW, de la ciudad de Washington D. C.

Desde esa elegante y lujosa mansión, residencia desde 1800 de todos los presidentes del país más poderoso de la Tierra, este señor, de cabello rubio, gorra de béisbol roja, corbata del mismo color, con cara de sempiterno enfado y con ademanes prepotentes, inmoderados y sobrados, no solo malgobierna su propia nación (lo cual, al resto de los 8.277.000.000 de habitantes del planeta a día de hoy nos daría igual), sino que se ha creído con el derecho de imponer su ideario a gran parte del mundo a base de manotazos de orangután, haciendo regresar a uno de los escasos países que nació siendo democracia (otras naciones con instituciones representativas y ausencia de regímenes dictatoriales desde sus comienzos son Australia, Canadá, Costa Rica y Suiza) a un papel que algunos creíamos ya superado con el paso de los años.

LA COSA EMPEZÓ UNA FRÍA MAÑANA DE ENERO

A pesar de algunos avisos en esta mala dirección, dados en su anterior mandato (2017-2021), nada es comparable a lo que ha acontecido desde el 20 de enero de 2025. Aquel día, el del ascenso del gran emperador al poder nacional (y mundial), presencié su discurso, y quedé, ciertamente, preocupado a la vista de que sus fundamentales referencias hacían alusión a "yo", "yo", "yo", y "EE. UU"., "EE. UU"., "EE. UU". Daba la clara sensación de que desde el 4 de julio de 1776 (Día de la Declaración de Independencia de la gran nación americana, del que este año se cumplirá el 250 aniversario, que marcó su nacimiento como nación libre y soberana) hasta ese frío de enero, ninguno de los cuarenta y seis anteriores presidentes había aportado nada al país, y este era el único territorio con vida inteligente en el planeta.

Y, efectivamente, fue jurar su cargo aquella aciaga jornada, y comenzar a correr el tiempo de su extravagante y desdichado ideario, algunos de cuyos apuntes dibujó ya en su discurso inaugural.

DE MÉXICO AL "DIA DE LA LIBERACIÓN"

Primero, le tocó el turno a México, advirtiendo el nuevo rey a su Gobierno que pretendía cambiar el nombre del golfo marítimo que lleva el nombre del país azteca desde mediados del siglo XVI, por el del golfo de América, tratando de reforzar así su agenda de "América primero".

Más tarde, puso en su diana a Panamá, amenazando con que se vería obligado a tomar el control del famoso canal (inaugurado en 1914, y que une el mar Caribe y el océano Pacífico a través de ochenta y dos kilómetros), debido a las supuestas injerencias chinas en el mismo, contraviniendo así el acuerdo suscrito en 1977 entre el presidente estadounidense Jimmy Carter y el panameño Omar Torrijos, por el que la nación de las barras y las estrellas (que había sido su propietaria desde su construcción) se comprometía a devolver todo el territorio del canal a Panamá el último día de 1999.

La tercera estación de este triste viacrucis se situó en Canadá. Y es que a S. M. el emperador del mundo se le ocurrió la genial idea de que el país de la hoja de abeto debería formar parte de EE. UU., convirtiéndose de esta manera en el estado cincuenta y uno de la Unión. Tal desvarío se basaba en que ambas naciones habían tenido un pasado común (tras la independencia americana en 1776, miles de colonos ingleses leales a Reino Unido emigraron y se establecieron principalmente en lo que hoy es Ontario), y que juntas formarían un bloque de poder sin igual.

El enfado, natural y lógico, de la sociedad canadiense ante esta intolerable injerencia en su vida nacional, se plasmó pronto, y el 28 de abril del año pasado, en las elecciones federales, el vencedor fue el centroizquierdista Partido Liberal, frente al favorito en las encuestas durante los últimos dos años, Partido Conservador. El mensaje, rotundo, de los ciudadanos canadienses fue "váyase al carajo, señor emperador".

Más tarde, apareció en lontananza Groenlandia, la isla más grande del mundo, y que desde 1933 ha estado bajo la influencia de Dinamarca (salvo el breve período de la Segunda Guerra Mundial), pasando a formar parte de forma definitiva del territorio de este reino en 1953, y consiguiendo una amplia autonomía en 1979. ¿Cuáles fueron las justificaciones para que el nuevo zar rubio ansiara de forma voraz este pedazo de hielo entre el océano Atlántico y el Glacial Ártico? Pues las famosas "tierras raras", de las que quería apoderarse, y, cómo no, la supuesta política china de expansión comercial. Esta vez, el choque con uno de los miembros de la OTAN fue muy duro, el virrey amenazó con invadir el territorio de un aliado, hubo protestas de los ciudadanos de Groenlandia y de Dinamarca, y cuando la cosa se puso ardiendo, solo la amenaza europea, capitaneada por Francia, en forma del denominado "bazoca comercial" de la UE contra EE. UU., paró los pies al gorila jefe, que, finalmente, se conformó con mejorar algo su ya privilegiada posición en la antigua isla verde.

"No hay quinto malo" dice el refrán, y Ucrania, pero especialmente su presidente, Volodímir Zelenski, fueron humillados públicamente el 28 de febrero del pasado año por el presidente y por el vicepresidente de los EE. UU., además de por los periodistas palmeros que cubrían el encuentro entre los tres mandatarios en el Despacho Oval de la Casa Blanca. El pobre líder ucraniano, que soporta una cruel guerra con Rusia desde el 24 de febrero de 2022, había quedado en reunirse con su homólogo norteamericano para firmar un acuerdo, mediante el que, a cambio del mantenimiento del apoyo militar a Ucrania, Estados Unidos conseguía la explotación de minerales en este país. 

Lo que parecía un buen pacto para ambas partes, se convirtió en una encerrona a Zelenski, en la que dos primates enloquecidos insultaron, vejaron y humillaron al líder ucraniano por no haberse mostrado este suficientemente agradecido al apoyo militar norteamericano, además de echarle en cara el que, al no estar ganando la guerra, no podía aquel dictar las condiciones de la paz, y por ello, no encontrarse preparado para ella.  

La escena, televisada, hirió la sensibilidad de muchos, y empezó a mostrar la oscura faceta del gran vendedor de alfombras. Dos meses escasos después, con motivo del sepelio del papa Francisco, el maltratador intentó resarcirse del espantoso episodio ante el mundo, acordando un encuentro con el maltratado en el interior de la basílica de San Pedro, silla frente a silla. Ahora el lobo se vistió de cordero, pero no engañó a nadie: seguía siendo un lobo.

Y así llegamos al sexto episodio de esta saga de Darth Vader, el acaecido el 2 de abril del pasado año. En esa infausta jornada, denominada el "Día de la Liberación", el señor del mundo, con un aparato y una tramoya dignas de Walt Disney, anunció un arancel universal del 10 % sobre todas las importaciones a EE. UU., además de tarifas aún más altas para sesenta países. La rocambolesca escena e idea se basaba en que esos más de sesenta países habían estado ¡aprovechándose! de la nación más rica del mundo durante decenios. Esta vez, la gran tomadura de pelo ha tardado en ser contrarrestada, pero, al final, incluso el Tribunal Supremo americano, en una sentencia del 20 de febrero pasado, declaró ilegales esos aranceles. Por supuesto, a pesar de ello, el gran líder tardó solo unas horas en hacer caso omiso a la Justicia, y se sacó de la manga otros aranceles, esta vez del 15 %. El respeto a la ley no es propio de simios.

ESTACIÓN TERMINI: IRÁN. LAS MISMAS MENTIRAS, 23 AÑOS DESPUÉS

Finalmente, tras otras épicas actuaciones, como su calurosa recepción (estuvo aplaudiéndole sonoramente desde que bajó del avión hasta que le estrechó la mano) al dictador Vladímir Putin en Alaska, con motivo de una reunión para tratar la guerra de Ucrania; la obligación manu militari de aumentar el gasto en Defensa a todos los países de la OTAN al 5 % del PIB (y a las pensiones, a la sanidad, a los servicios sociales, a la educación, al desempleo de esos países, que "les zurzan"); o el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa el 3 de enero pasado, mediante una operación relámpago, que dejó setenta y nueve muertos, pero sin ningún aval de legalidad internacional, a pesar de que la nocturna misión se escudó en la lucha contra el narcotráfico; repito, después de estas bagatelas, llegamos al séptimo día (como en la película sobre los crímenes de Puerto Hurraco), al verdadero "plato fuerte" cocinado por el señor de la oscuridad: la guerra de Irán.

El portaaviones USS Gerald R. Ford se dirige a Oriente Medio (U. S. Navy / Agencia Efe, La Razón, 8-3-26)

En un escalofriante paralelismo a lo acontecido hace veintitrés años con la guerra de Irak, el macaco jefe decidió someter al nauseabundo régimen teocrático y medieval de los ayatolás a una presión militar descomunal, cuya primera justificación fue la posibilidad de que Irán pudiera hacerse con la bomba atómica (cuestión desmentida varias veces por la Organización Internacional de la Energía Atómica); cuya segunda fue el arsenal de misiles balísticos con que contaba el ejército persa, que supuestamente podían alcanzar Estados Unidos, sin tener en cuenta el pequeño detalle de que el radio de acción de aquellos es de 3000 kilómetros, y Estados Unidos e Irán se hallan separados por casi 10.000; y cuya tercera fue la terrible represión desatada por el régimen contra su pueblo, que ha causado un número de muertos estimado entre 5000 y 30.000. 

En todo caso, la intervención militar de Estados Unidos, apoyada por Israel, era un fijo en la quiniela desde que cayó la ficha de Maduro en Venezuela, que neutralizaba a su vez al régimen comunista de Cuba al cortar el suministro de petróleo venezolano a la isla caribeña, e imponiendo sanciones a aquellos países que trataran de proveerla del preciado oro negro. Después de poner en orden su "patio trasero" en América ("derecho" que el gobierno americano rescató en el verano pasado tras aprobar la nueva Estrategia de Seguridad Nacional), el señor de las sombras decidió acabar de reconfigurar el orden internacional, intentando eliminar el último aliado de Rusia y China en Oriente Medio, que esta sí era su verdadera intención. Para ello, decidió jugar dos barajas. La primera, ir acercando a aguas del golfo Pérsico una impresionante flota naval, liderada por el mayor portaaviones del mundo. Y la segunda, jugar la baza diplomática, concretándose esta en tres reuniones entre las delegaciones estadounidense e iraní.

Al final de la tercera, celebrada en Ginebra el pasado 27 de febrero, el mediador omaní, ministro de Asuntos Exteriores de su su país, dio una rueda de prensa en la que, visiblemente optimista, declaró que se habían producido avances significativos en las negociaciones sobre la reducción de las reservas de uranio enriquecido de Irán, y que las dos delegaciones quedaban en volver a reunirse en unos días en Viena

Menos de cuarenta horas después, despreciando olímpicamente la posibilidad de una salida negociada al conflicto, despreciando una paz que estaba al alcance de la mano, despreciando que un pacto (aunque fuera regular) pudiera arruinar una guerra, el macho alfa de la ultraderecha mundial decidió iniciar la ofensiva sobre Irán, escoltado únicamente por su fiel escudero, el primer ministro israelí (¡quién te ha visto y quién te ve, oh, Casa de Sión, yo que lloré por ti tantas veces debido a tus cuitas históricas, desde los lejanos días de la destrucción de Jerusalén en 587 a. C. hasta el pogrom del 7 de octubre de 2023, pasando por la Shoah; y hoy masacrando impunemente a Gaza, a Teherán, a Beirut, sin que se te caiga la cara de vergüenza!) y sumiendo a todo Oriente Medio en el caos más absoluto.

MORALEJAS DE UN MUNDO REGIDO POR MACACOS PODEROSOS

¿Qué lecciones podemos sacar de todo este cúmulo de disparates e insensateces acaecido en el mundo durante los últimos catorce meses?

La primera, y más importante, es que al emperador del planeta le importa un soberano comino la legalidad internacional, tan trabajosamente lograda y con grandes imperfecciones, sin duda alguna, salida del final de la Segunda Guerra Mundial. Para este señor, las reglas no existen, la fuerza de la razón la ignora, tan solo atiende a la razón de la fuerza. Él, su fiel escudero y el dictador ruso están creando un mundo sin códigos.

La segunda es que a este émulo de Napoleón únicamente le interesan los políticos que se pliegan al 100 % a sus designios. Algún lector desnortado pensará que el actual presidente de España (el gobernante más nefasto que ha pisado la vida política española desde la muerte de Franco) ha hecho frente al líder supremo incorrectamente (rechazando su aumento del gasto de Defensa y negándose a que los aviones norteamericanos utilizaran las bases de Rota y Morón para atacar Irán, decisiones con las que estoy totalmente de acuerdo), y que nuestro país va a ser seguramente castigado por ello. Pero es que el gobernante más nefasto de la historia de España desde la muerte de Franco no es el único al que ha tratado de humillar, vocear, insultar y degradar el gran zar ¿Nadie se acuerda ya del trato que este matón de opereta ha dado en los últimos catorce meses a los presidentes o primeros ministros de Ucrania, Canadá, México, Panamá, Dinamarca, Groenlandia, Colombia, Reino Unido y algunos más que se me olvidan? Curiosamente, como buen acosador escolar, nunca se le ha ocurrido enfrentarse directamente con los mayores del colegio, esto es, con Vladímir Putin y Xi Jinping. Con ellos no, con el resto, sí. Vamos, nada nuevo bajo el sol: fuerte con el débil y débil con el fuerte.

¿Y cuál es la causa de este maltrato, de este acoso, de este bullying a esos altos signatarios, entre los que se encuentra el nuestro? Pues simple y llanamente que todos ellos se negaron en redondo a someterse al 100 %, a formar en primer tiempo de saludo, a apoyar felpudescamente al matón de turno.

La tercera y última moraleja de este desgraciado asunto es que las naciones del mundo deben mantener su soberanía, deben mantener su dignidad, deben mantener la cabeza alta ante expresiones hiperbólicas del autoritarismo, como la que estamos describiendo.

ES LA DIGNIDAD, ESTÚPIDO

Enlazando con esto último, (y modificando levemente el famoso eslogan de la campaña presidencial de Bill Clinton en 1992, creado por James Carville), y para acabar, solo añadiré la novelada, pero real, conversación que Salvador Allende, el presidente chileno, tuvo con el entonces embajador norteamericano en la ONU, George H. W. Bush, en diciembre de 1972, antes de la intervención del presidente sudamericano en la ONU, en la que iba a criticar duramente la política del gobierno estadounidense contra las reformas emprendidas en el país del cono sur americano. Esa conversación de Allende con Bush padre (inserta en la magnífica serie Los mil días de Allende, que he visto a principios de año) ejemplifica perfectamente lo que un dirigente debería decir a otro cuando este trate de convertirlo en su lacayo y vasallo:

"Señor Bush, quiero reiterarle el deseo de pueblo de Chile por mantener las mejores relaciones diplomáticas con su Gobierno. Todo esto dentro del marco del respeto mutuo, por supuesto.

Si entiendo bien, usted me está solicitando que yo retire todas las referencias a la ITT [multinacional estadounidense que colaboró activamente con la CIA y el Gobierno de los americanos en la desestabilización del gobierno de Salvador Allende] de mi discurso ante la ONU. Es así, ¿no?

No sé si usted tiene perro, señor Bush, pero le cuento que yo tengo dos y los quiero mucho. Me imagino que usted sabe lo que es la vida de un perro: dormir, comer, pasear, hacer sus necesidades y, sobre todo, obedecer a un amo.

Yo no estoy en política, señor Bush, para recibir condecoraciones ni para ganar las próximas elecciones. Estoy en política porque yo no quiero que mi pueblo viva como un perro. Y para eso es fundamental no tener un amo. Espero que me entienda. Muchas gracias por su llamada, señor Bush. Hasta luego".

Por desgracia, como todo el mundo sabrá a estas alturas, el héroe de esta escena acabó mal nueve meses después. Y es que el amo acabó, finalmente, degollando al perro el 11 de septiembre de 1973.

NUESTRO AMIGO LUCINIO

"Mucha gente caminará dentro y fuera de tu vida, pero solo los verdaderos amigos dejarán huellas en tu corazón" (Eleanor Roosevelt...