UNA CIUDAD PLENAMENTE ESPAÑOLA DESDE 1668
Situada en un enclave estratégico privilegiado sobre el estrecho de Gibraltar, la antigua Septem Fratres romana fue disputada y habitada, a través de los siglos, por fenicios, cartagineses, bizantinos, visigodos y diversas dinastías islámicas. Y es que su posición geográfica la convirtió desde siempre en un puente natural entre el Atlántico y el Mediterráneo, así como entre Europa y África.
Todos estos bandazos históricos acabaron abruptamente el 21 de agosto de 1415, cuando el rey Juan I de Portugal conquistó la ciudad (el 2 de septiembre, festividad actual de la ciudad autónoma, hace referencia a la fecha, doce días después de la conquista, en que la flota lusa volvió a la metrópoli, quedando Pedro de Meneses como primer gobernador de Ceuta).
Durante 165 años, la ciudad permaneció bajo la administración portuguesa, hasta que en 1580 el rey Felipe II unificó las coronas española y portuguesa tras la muerte del rey portugués Sebastián I en la batalla de Alcazarquivir. Sesenta años después, en 1640, Portugal se rebeló contra la Corona española para recuperar su independencia bajo la dinastía Braganza. Sin embargo, las autoridades y la población ceutíes decidieron mantener su lealtad al rey Felipe IV, y no se sumaron a la revuelta.
La llamada Guerra de Restauración lusitana acabó, finalmente, en 1668, con el Tratado de Lisboa, suscrito entre las coronas española y portuguesa, mediante el que se reconocía la plena independencia de Portugal y la soberanía española sobre Ceuta. Desde entonces, Ceuta ha sido una ciudad española más. En 1956, 288 años después del Tratado de Lisboa, nacía el Reino de Marruecos como Estado moderno independiente...
JFK EN BERLÍN
El miércoles 26 de junio de 1963, 149 días antes de su asesinato, el presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy, visitó Berlín. El viaje se enmarcaba dentro del contexto de la Guerra Fría soviético-norteamericana, que azotaba el tablero geopolítico planetario desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
Con motivo del XV aniversario del bloqueo de Berlín impuesto por la tiranía comunista de Moscú, que finalmente había degenerado en el levantamiento del Muro más infame el 13 de agosto de 1961, el presidente Kennedy se plantó en aquel bastión de la libertad.
Allí, desde el balcón del edificio del Ayuntamiento del distrito de Schöneberg, pronunció uno de los discursos más célebres de su corto mandato, con el que manifestó su solidaridad hacia los habitantes de aquella ciudad. Durante su alocución, de algo más de nueve minutos, JFK repitió por dos veces, una al principio y otra al final, una frase en alemán, que resumía su idea de que todos los hombres libres, dondequiera que habitaran, eran ciudadanos de Berlín: "Ich bin ein Berliner" (soy un berlinés).
UNA INVASIÓN EN TODA REGLA
Sesenta y tres años después del emblemático discurso del llorado presidente estadounidense, echo en falta que el jefe del Estado español (no por su voluntad, sin duda) se haya plantado en Ceuta para repetir, palabra por palabra, la imborrable frase, adaptada a nuestra geografía: "Soy un ceutí".
Y es que lo que está ocurriendo en la ciudad autónoma desde el pasado 30 de julio es uno de los hechos más graves acontecidos en España durante el último medio siglo. Que una urbe de algo más de 84.000 habitantes haya sido invadida por un contingente de una dimensión parecida a la de la población de aquella es verdaderamente surrealista. Más surrealista aún es que el régimen del sátrapa que gobierna Marruecos alentara, apoyara y supervisara la invasión. Más surrealista todavía es que los servicios de inteligencia españoles avisaran al Gobierno que habita en la Moncloa de que se avecinaba un tsunami, y ese no moviera un solo dedo para impedirlo. Y más surrealista, finalmente, es que, casi dos meses después del 30 de julio, aún queden en Ceuta unos 15.000 invasores.
UNA GUERRA HÍBRIDA
El tema, la explicación de lo acontecido, desde hace muchas semanas está meridianamente claro... salvo para los ciegos voluntarios o los fanáticos irredentos. El dictador de Marruecos ha empleado a cerca de 80.000 personas (no todas marroquíes, pero la inmensa mayoría) en una operación de guerra híbrida (no convencional) contra el Reino de España, para intentar apoderarse de una ciudad reivindicada por el régimen alauita desde la creación de este, en 1956, poniendo las bases también para la colonización de Melilla y, quién sabe en un futuro incierto, de las mismísimas islas Canarias. Los tres puntales formarían parte de ese Gran Marruecos, pretendido por los tres monarcas medievales que han gobernado tiránicamente el país del norte de África desde su independencia. Sin embargo, con ser gravísimo esto, ni muchísimo menos es lo peor.
SI LOS SUPUESTAMENTE BUENOS NO ACTÚAN CONTRA EL MAL...
El filósofo y político conservador británico Edmund Burke (1729-1797) ya advirtió sobre el peligro de la pasividad o la indiferencia ante las injusticias y ante el mal en general en una imborrable cita literaria: "Lo único necesario para que el mal triunfe es que los hombres buenos no hagan nada".
PREGUNTAS INQUIETANTES
Y aquí llegamos al quid de la cuestión: ¿cómo diablos es posible que uno de los países más desarrollados del mundo (España) no haya podido evitar la entrada de 80.000 invasores en el suelo patrio? ¿Por qué los repetidos avisos de los servicios de inteligencia españoles al Gobierno monclovita no surtieron efecto? ¿Por qué casi sesenta días después de la masiva entrada aún permanecen en nuestro país 15.000 invasores?
RESPUESTAS ATERRADORAS
Las respuestas a estas preguntas son bien simples... si uno las quiere ver, y no se hace el tonto, el ciego, el sordo o el fanático. España ha visto violada su integridad territorial porque al Gobierno monclovita no le ha dado la real gana defenderla, debido al chantaje del régimen alauí a través del famoso hackeo del teléfono presidencial; y los invasores continúan dos meses después ocupando una porción de nuestro país porque al Gobierno monclovita le interesa alargar lo más posible esta situación de olla a presión, que es Ceuta hoy día, para que la modélica convivencia de cuatro religiones e innumerables nacionalidades, que ha marcado la vida de la ciudad autónoma durante siglos, se vaya pudriendo lentamente, se vaya deteriorando gradualmente, se vaya destruyendo calculadamente, hasta que haya una explosión social, y en ese momento cumbre, alguien llamado Pedro, Óscar o Félix grite, sonriente y alborozado: "por fin hemos conseguido lo que ansiábamos": hacer volver a España al Duelo a garrotazos, de Francisco de Goya, pensando que esa situación les beneficiará de cara a las elecciones generales del año que viene. Hay que ser muy ruín, muy miserable y muy degenerado.
¿QUÉ LES IMPORTA A ELLOS EL SUFRIMIENTO DE LOS CEUTÍES?
Pero mientras esos intereses rastreros anidan en esa cueva alibababesca, que es el complejo monclovita, Ceuta se hunde irremisiblemente en un pozo sin fondo. ¿Qué le importa al Gobierno monclovita que las playas de la ciudad hayan sido colonizadas por los invasores, y no puedan ser utilizadas por los habitantes ceutíes? ¿Qué le importa al Gobierno monclovita que las grandes superficies comerciales deban ser escoltadas diariamente por militares? ¿Qué le importa al Gobierno monclovita que las pequeñas tiendas hayan perdido una parte sustancial de sus ventas porque la gente no va a comprar, por miedo?
¿Qué le importa al Gobierno monclovita que las personas mayores tengan pánico a salir a la calle, las chicas jóvenes a volver por la noches de las discotecas o los niños a ir al colegio, teniendo las madres que incluir a estos últimos en sus mochilas un spray de pimienta por si acaso? ¿Qué le importa al Gobierno monclovita el que la gente ceutí tenga miedo a sentarse en una terraza de una cafetería, por si llegan varios invasores a pedirles dinero?
¿Qué le importa al Gobierno monclovita el aumento exponencial de la delincuencia en la ciudad, de las reyertas entre los propios invasores, de las innumerables violaciones a menores marroquíes por parte de sus propios nacionales, de las agresiones invasoras a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, de la proliferación, en suma, de la varicela, la tuberculosis y la viruela del mono en algunos de los asentamientos invasores?
¿Qué le importa a Pedro, a los Óscar, a Félix toda esta situación? NADA, no les importa NADA. Ellos, a sus cálculos electorales, a su terror a lo que pueda descubrirse en el teléfono presidencial, a su fanatismo ideológico, y Ceuta sufriendo lo que no está en los escritos.
PARALELISMOS HISTÓRICOS
Si uno lo piensa fríamente, la atronadora frase del presidente Kennedy hace 63 años ante el Muro más infame no es tan diferente de la que todos los españoles de bien deberíamos hacer resonar en Ceuta hoy día. Porque entonces, JFK luchaba titánicamente contra el imperio más dañino que ha existido en la historia (la URSS, con permiso de la Alemania nazi); y hoy, la España democrática, constitucional, dialogante, moderada y secular se enfrenta en Ceuta no solo a un régimen africano satrapesco, sino, sobre todo, al Gobierno más letal que ha padecido España desde el 5 de julio de 1976.












