martes, 22 de septiembre de 2026

SOY UN CEUTÍ (UNA CIUDAD QUE SUFRE)

UNA CIUDAD PLENAMENTE ESPAÑOLA DESDE 1668

Situada en un enclave estratégico privilegiado sobre el estrecho de Gibraltar, la antigua Septem Fratres romana fue disputada y habitada, a través de los siglos, por fenicios, cartagineses, bizantinos, visigodos y diversas dinastías islámicas. Y es que su posición geográfica la convirtió desde siempre en un puente natural entre el Atlántico y el Mediterráneo, así como entre Europa y África.

Todos estos bandazos históricos acabaron abruptamente el 21 de agosto de 1415, cuando el rey Juan I de Portugal conquistó la ciudad (el 2 de septiembre, festividad actual de la ciudad autónoma, hace referencia a la fecha, doce días después de la conquista, en que la flota lusa volvió a la metrópoli, quedando Pedro de Meneses como primer gobernador de Ceuta).

Durante 165 años, la ciudad permaneció bajo la administración portuguesa, hasta que en 1580 el rey Felipe II unificó las coronas española y portuguesa tras la muerte del rey portugués Sebastián I en la batalla de Alcazarquivir. Sesenta años después, en 1640, Portugal se rebeló contra la Corona española para recuperar su independencia bajo la dinastía Braganza. Sin embargo, las autoridades y la población ceutíes decidieron mantener su lealtad al rey Felipe IV, y no se sumaron a la revuelta.

La llamada Guerra de Restauración lusitana acabó, finalmente, en 1668, con el Tratado de Lisboa, suscrito entre las coronas española y portuguesa, mediante el que se reconocía la plena independencia de Portugal y la soberanía española sobre Ceuta. Desde entonces, Ceuta ha sido una ciudad española más. En 1956, 288 años después del Tratado de Lisboa, nacía el Reino de Marruecos como Estado moderno independiente...

Bandera de Ceuta (https://amaga.es)

JFK EN BERLÍN

El miércoles 26 de junio de 1963, 149 días antes de su asesinato, el presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy, visitó Berlín. El viaje se enmarcaba dentro del contexto de la Guerra Fría soviético-norteamericana, que azotaba el tablero geopolítico planetario desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Con motivo del XV aniversario del bloqueo de Berlín impuesto por la tiranía comunista de Moscú, que finalmente había degenerado en el levantamiento del Muro más infame el 13 de agosto de 1961, el presidente Kennedy se plantó en aquel bastión de la libertad.

Allí, desde el balcón del edificio del Ayuntamiento del distrito de Schöneberg, pronunció uno de los discursos más célebres de su corto mandato, con el que manifestó su solidaridad hacia los habitantes de aquella ciudad. Durante su alocución, de algo más de nueve minutos, JFK repitió por dos veces, una al principio y otra al final, una frase en alemán, que resumía su idea de que todos los hombres libres, dondequiera que habitaran, eran ciudadanos de Berlín: "Ich bin ein Berliner" (soy un berlinés).

UNA INVASIÓN EN TODA REGLA

Sesenta y tres años después del emblemático discurso del llorado presidente estadounidense, echo en falta que el jefe del Estado español (no por su voluntad, sin duda) se haya plantado en Ceuta para repetir, palabra por palabra, la imborrable frase, adaptada a nuestra geografía: "Soy un ceutí".

Y es que lo que está ocurriendo en la ciudad autónoma desde el pasado 30 de julio es uno de los hechos más graves acontecidos en España durante el último medio siglo. Que una urbe de algo más de 84.000 habitantes haya sido invadida por un contingente de una dimensión parecida a la de la población de aquella es verdaderamente surrealista. Más surrealista aún es que el régimen del sátrapa que gobierna Marruecos alentara, apoyara y supervisara la invasión. Más surrealista todavía es que los servicios de inteligencia españoles avisaran al Gobierno que habita en la Moncloa de que se avecinaba un tsunami, y ese no moviera un solo dedo para impedirlo. Y más surrealista, finalmente, es que, casi dos meses después del 30 de julio, aún queden en Ceuta unos 15.000 invasores.

UNA GUERRA HÍBRIDA

El tema, la explicación de lo acontecido, desde hace muchas semanas está meridianamente claro... salvo para los ciegos voluntarios o los fanáticos irredentos. El dictador de Marruecos ha empleado a cerca de 80.000 personas (no todas marroquíes, pero la inmensa mayoría) en una operación de guerra híbrida (no convencional) contra el Reino de España, para intentar apoderarse de una ciudad reivindicada por el régimen alauita desde la creación de este, en 1956, poniendo las bases también para la colonización de Melilla y, quién sabe en un futuro incierto, de las mismísimas islas Canarias. Los tres puntales formarían parte de ese Gran Marruecos, pretendido por los tres monarcas medievales que han gobernado tiránicamente el país del norte de África desde su independencia. Sin embargo, con ser gravísimo esto, ni muchísimo menos es lo peor.

SI LOS SUPUESTAMENTE BUENOS NO ACTÚAN CONTRA EL MAL...

El filósofo y político conservador británico Edmund Burke (1729-1797) ya advirtió sobre el peligro de la pasividad o la indiferencia ante las injusticias y ante el mal en general en una imborrable cita literaria: "Lo único necesario para que el mal triunfe es que los hombres buenos no hagan nada".

PREGUNTAS INQUIETANTES

Y aquí llegamos al quid de la cuestión: ¿cómo diablos es posible que uno de los países más desarrollados del mundo (España) no haya podido evitar la entrada de 80.000 invasores en el suelo patrio? ¿Por qué los repetidos avisos de los servicios de inteligencia españoles al Gobierno monclovita no surtieron efecto? ¿Por qué casi sesenta días después de la masiva entrada aún permanecen en nuestro país 15.000 invasores?

RESPUESTAS ATERRADORAS

Las respuestas a estas preguntas son bien simples... si uno las quiere ver, y no se hace el tonto, el ciego, el sordo o el fanático. España ha visto violada su integridad territorial porque al Gobierno monclovita no le ha dado la real gana defenderla, debido al chantaje del régimen alauí a través del famoso hackeo del teléfono presidencial; y los invasores continúan dos meses después ocupando una porción de nuestro país porque al Gobierno monclovita le interesa alargar lo más posible esta situación de olla a presión, que es Ceuta hoy día, para que la modélica convivencia de cuatro religiones e innumerables nacionalidades, que ha marcado la vida de la ciudad autónoma durante siglos, se vaya pudriendo lentamente, se vaya deteriorando gradualmente, se vaya destruyendo calculadamente, hasta que haya una explosión social, y en ese momento cumbre, alguien llamado Pedro, Óscar o Félix grite, sonriente y alborozado: "por fin hemos conseguido lo que ansiábamos": hacer volver a España al Duelo a garrotazos, de Francisco de Goya, pensando que esa situación les beneficiará de cara a las elecciones generales del año que viene. Hay que ser muy ruín, muy miserable y muy degenerado.

Duelo a garrotazos, 1820-23, Francisco de Goya (https://www.museodelprado.es)

¿QUÉ LES IMPORTA A ELLOS EL SUFRIMIENTO DE LOS CEUTÍES?

Pero mientras esos intereses rastreros anidan en esa cueva alibababesca, que es el complejo monclovita, Ceuta se hunde irremisiblemente en un pozo sin fondo. ¿Qué le importa al Gobierno monclovita que las playas de la ciudad hayan sido colonizadas por los invasores, y no puedan ser utilizadas por los habitantes ceutíes? ¿Qué le importa al Gobierno monclovita que las grandes superficies comerciales deban ser escoltadas diariamente por militares? ¿Qué le importa al Gobierno monclovita que las pequeñas tiendas hayan perdido una parte sustancial de sus ventas porque la gente no va a comprar, por miedo? 

¿Qué le importa al Gobierno monclovita que las personas mayores tengan pánico a salir a la calle, las chicas jóvenes a volver por la noches de las discotecas o los niños a ir al colegio, teniendo las madres que incluir a estos últimos en sus mochilas un spray de pimienta por si acaso? ¿Qué le importa al Gobierno monclovita el que la gente ceutí tenga miedo a sentarse en una terraza de una cafetería, por si llegan varios invasores a pedirles dinero? 

¿Qué le importa al Gobierno monclovita el aumento exponencial de la delincuencia en la ciudad, de las reyertas entre los propios invasores, de las innumerables violaciones a menores marroquíes por parte de sus propios nacionales, de las agresiones invasoras a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, de la proliferación, en suma, de la varicela, la tuberculosis y la viruela del mono en algunos de los asentamientos invasores?

¿Qué le importa a Pedro, a los Óscar, a Félix toda esta situación? NADA, no les importa NADA. Ellos, a sus cálculos electorales, a su terror a lo que pueda descubrirse en el teléfono presidencial, a su fanatismo ideológico, y Ceuta sufriendo lo que no está en los escritos.

PARALELISMOS HISTÓRICOS

Si uno lo piensa fríamente, la atronadora frase del presidente Kennedy hace 63 años ante el Muro más infame no es tan diferente de la que todos los españoles de bien deberíamos hacer resonar en Ceuta hoy día. Porque entonces, JFK luchaba titánicamente contra el imperio más dañino que ha existido en la historia (la URSS, con permiso de la Alemania nazi); y hoy, la España democrática, constitucional, dialogante, moderada y secular se enfrenta en Ceuta no solo a un régimen africano satrapesco, sino, sobre todo, al Gobierno más letal que ha padecido España desde el 5 de julio de 1976.

martes, 8 de septiembre de 2026

LÁZARO, EN EL INFIERNO DE LOS DESGRACIADOS

"Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: 

atacar naves en llamas más allá de Orión; 

he visto rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. 

Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia". 

(Blade Runner, 1982)

EL DESPERTAR

Después de aquellos insondables cinco días de descenso en picado; después de aquellas aterradoras cuarenta y ocho horas de permanencia en un estado de postración absoluta, colindante con el espacio que se sitúa en la oscuridad de la gruta, en lo más crudo del crudo invierno, en un cielo nocturno carente de estrellas; después de aquel no-tiempo, Lázaro abrió los ojos, y lo primero que musitó fue: "¿pero dónde estoy?" Y una voz en off, que venía de lo bajo (no de lo alto) le respondió: "Estás en el infierno".

Resurreción de Lázaro (icono ruso) (https://peregrinodeloabsoluto.wordpress.com)

BRITANIA, SIGLO VI

Ante sus somnolientos y confundidos ojos, el resucitado percibió un enorme vestíbulo de paredes blancas, con amplios ventanales, innumerables mesas redondas, grandes y cómodos sillones, extraños artilugios con ruedas, cuatro fornidas mujeres vestidas inmaculadamente y, sobre todo, diecisiete extravagantes personajes, que le miraban tal y como los súbditos del rey británico observaron por primera vez a Hank Morgan en la imborrable novela de Mark Twain, Un yanqui en la corte del rey Arturo.

EL PREMIO

Después de casi nueve décadas de existencia; después de su singladura del campo a la ciudad; después de aquellos cincuenta y tres años de unión con aquel refulgente pajarillo; después de alumbrar a dos vástagos; después de trabajar tanto; después de hacer tanto el bien a propios y a ajenos; después de estar dos veces ante el precipicio de la vida; después de haber presenciado, en vivo y en directo, el inacabable y tristísimo hundimiento de aquel angelical Titanic durante veintinueve años seguidos; después de ver la cruel aceleración del mismo ocaso durante los últimos treinta y cinco meses; después de presenciar, también en vivo y en directo, los decadentes y postreros siete meses de aquel dulce y fosforescente gorrioncillo.

Tras tanta penuria, tras tanta miseria, tras tanto pedalear en la infinita bicicleta de la vida, el premio final, la recompensa definitiva ha sido el acceso al infierno de los desgraciados. Porque por mucho que el letrero de la entrada al nuevo espacio vital de Lázaro haga mención a cierto labrador milagrero, nacido en el Mayrit musulmán hace nueve siglos y medio, el auténtico rótulo que debería anteceder al famoso habitáculo es el mismo que aparecía en la puerta del infierno en la Divina Comedia de Dante Alighieri: "Abandonad toda esperanza, vosotros los que entráis". Y es que, en verdad, los que se hallan dentro de aquella mazmorra reluciente...

Entrada al infierno de Dante (https://www.facebook.com)

MORADORES DEL TÁRTARO

En un principio, se encuentra Lola, una anciana venerable (como todos los que comparten su situación), siempre sentada, irremisiblemente sentada en alguno de los amplios y placenteros sillones que pueblan el recinto. La mujer habla poco, pero cuando lo hace es para repetir una incansable letanía, que remite, quizá, a una pretérita edad dorada: "pa-pá, pa-pá, pa-pá, pa-pá, pa-pá...".

Luego está Ángela, una espigada abuela, cuyas frecuentes alocuciones vienen marcadas por frases inconexas, divididas en palabras que pronuncia, remarcando cada sílaba. Aunque su gran aportación sean, sin duda, sus frecuentes conminaciones a que callen todos los que en ese momento se hallan hablando a su alrededor: "chis, chis, chis, chis, chis...".

Más tarde, nos encontramos con Isabel, pequeña fémina que platica mucho, protesta por todo y solivianta al resto del grupo, creando las condiciones necesarias para que, casi todas las jornadas, acabe enzarzándose con algún compañero de batallas (estas, bien reales), y que suele desembocar en algún "hi de puta" o en el lanzamiento de alguna cuchara a la cabeza.

Más tranquilo parece el capitán Manuel, un viejecillo con su eterno jersey verde con el cuello de pico, que, a pesar de saludar algunas veces con la mano en la frente, al estilo militar, nunca estuvo en ninguna guerra ni perteneció a ejército alguno.

También sobresale entre los habitantes del curioso averno Elena, una señora seria, con gafas, que escruta todo a su alrededor, cual búho nocturno, pero que mantiene un escrupuloso y sonoro mutismo.

Y cómo no, hemos de reparar en Mari, una decrépita y huesuda anciana, cuya dentadura inferior es tan grande que, a veces, parece que baila en su boca, y cuyo silencio ilumina la tétrica escena.

EL SILENCIO

Porque, efectivamente, en esta exquisita dependencia del hades, la falta de sonido es una de las notas dominantes, un silencio que apabulla al que entra por primera vez, pero al que uno se acostumbra con el tiempo. ¿Qué parloteos, qué chácharas, qué deliciosas conversaciones habrán tenido todos ellos en el pasado? ¿Cuántas historias habrán salido de sus bocas, cuántas vivencias, cuántos recuerdos?

LA DESMEMORIA

¡Ah, los recuerdos! De la mayoría de sus deteriorados cerebros hace ya tiempo, mucho tiempo, que dejaron de fluir pensamientos, sensaciones, ilusiones, imágenes..., aquellos momentos que se perdieron en el tiempo como lágrimas en la lluvia, tal y como afirmó, de forma lapidaria y crepuscular, el replicante Roy Batty en la icónica escena final del clásico Blade Runner.

Porque si hay un elemento sobresaliente en este tártaro contemporáneo es la presencia fantasmal, invasiva, telúrica, del gran padre de todos los males, del general en jefe de todas las dolencias, del dios de todos los sufrimientos, aquel Mont Ventoux de las aflicciones, en cuya cumbre no existe ni vegetación ni árboles, sino tan solo arena y rocas, a imagen y semejanza de nuestra querida Luna, aquel satélite muerto al que dirijo tantas veces la mirada en las infinitas noches nostálgicas.

EL DESAMPARO

Sin embargo, tan siniestro como el fantasma del padre de todos los dioses, en la genenna de los desgraciados habita otro personaje muy habitual, muy frecuente en este nuestro mundo actual, la soledad. Y es que, salvo a cuatro de los habitantes del cruel abismo, al resto nadie los visita, nadie se acuerda de ellos, nadie les da un poco de calor, como si nunca hubieran existido, como si nunca hubieran nacido, como si nunca hubieran tenido derecho a ser consolados en el invierno de sus vidas. Recuerdo, con nostalgia y dolor, aquellos enfados de mi pajarillo, cuando, en sus innumerables paseos por el barrio, se encontraba con alguna abuela solitaria sentada en algún banco, se ponían a hablar y, ante la pregunta de si la anciana tenía hijos, esta le espetaba que cinco, pero que todos tenían familia y nadie se preocupaba de ella. Aquel lejano recuerdo lo veo hoy trasplantado a este espacio de soledad y silencio.

NO HAY PECADOS, SOLO INFORTUNIO

A pesar de todo, la gran, la enorme, la definitiva diferencia entre el infierno al que hace unos pocos días accedió Lázaro y el que conocemos por las referencias de las culturas hebraica, griega, romana, cristiana o islámica es que sus moradores no residen en él por sus culpas, por sus faltas, por sus pecados, sino solo y exclusivamente por la acción de dos dioses del más allá y del más acá: Cronos y Fortuna. Solo ellos han guiado, en una cruel combinación, a una legión de seres humanos hasta el abismo de los dolientes, hasta el sheol de los afligidos, hasta el infierno de los desgraciados. Y ahí, en ese espectral lugar, habitarás, durante un tiempo indeterminado, mi querido y viejo rey leño.

martes, 23 de junio de 2026

LA INALTERABILIDAD DEL SER HUMANO

ATENAS, HACIA EL 300 A. C.

Zenón, nacido en torno al año 334 a. C. en Citio, colonia griega en Chipre, era un hombre de negocios, hijo de un mercader llamado Mnaseas. Su juventud transcurrió en el comercio del tinte púrpura, uno de los bienes más exclusivos de la Antigüedad, extraído de los caracoles marinos. La vida del joven Zenón parecía trazada para seguir los pasos de su padre, es decir, trabajar duro, acumular riqueza y mejorar su estatus social.

Sobre el año 300 a. C., el mercader griego navegaba desde Fenicia (territorio en el que hoy se asientan poblaciones del Líbano, Siria e Israel) hacia el puerto ateniense de El Pireo, llevando consigo un valiosísimo cargamento de púrpura. Sin embargo, cerca ya de su destino, una repentina y violenta tormenta azotó su barco, hundiéndolo, y haciéndole perder toda su fortuna. Zenón logró sobrevivir y llegar a la costa, pero en un abrir y cerrar de ojos pasó de ser un hombre rico y respetado a un náufrago empobrecido, un auténtico don nadie.

Muchos en su situación hubieran sentido una amargura cuasieterna o unos irrefrenables deseos de suicidarse, pero para el joven Zenón su particular "hundimiento del Titanic" supuso una auténtica liberación, un giro de 180 % en su vida. Y es que, varado en Atenas, sin dinero y sin nada que hacer, y tras unas serie de vicisitudes, acabó convirtiéndose en discípulo de Crates de Tebas, el representante más genuino de la escuela filosófica del cinismo, de quien aprendió la austeridad, el desprecio por el lujo y la fortaleza ante la opinión pública.

A pesar de aspirar estos puros fundamentos, el joven Zenón sentía que a la corriente filosófica de su maestro le faltaba algo y, por ello, decidió estudiar con otras escuelas: con los megáricos y con la Academia platónica, bebiendo lo mejor de cada una de ellas.

Al final, meses después de su naufragio, Zenón se encontró listo para desarrollar y enseñar sus particulares ideas filosóficas, empezando a dar sus lecciones en la Stoa Poikilé (el Pórtico Pintado), columnata pública en el ágora de Atenas, decorada con murales de batallas históricas, y centro del bullicio de la metrópoli. Allí, en aquel lugar público, a pie de calle, ante todos los ciudadanos que quisieran oírle, Zenón fundó la filosofía estoica (proveniente de Stoa), una corriente inmortal que ha llegado hasta nuestros días, y cuya escuela, inicialmente, no tenía muros porque el mundo era su aula. En definitiva, un ideario para la vida cotidiana.

Escultura del filósofo Zenón de Citio (https://elrincondeaquiles.com)

PAMPLONA, 20 DE MAYO DE 1521

Durante los primeros treinta años de su vida (había nacido en 1491), Ignacio de Loyola fue el típico hijo de una familia noble vasca, dado, según sus propias palabras, "a las vanidades del mundo y principalmente a deleitarse en ejercicios de armas con un grande y vano deseo de ganar honra". Dentro de esta vida relativamente normal en un joven de su edad y estatus social, se incluye un episodio de violencia contra el clero de la parroquia de Azpeitia, con el que él y otros miembros de su clan familiar tenían discrepancias, y que derivó en un proceso penal, del que, finalmente, salió liberado.

Sin embargo, todo cambió en la primavera de 1521. Ese año, el rey francés Francisco I decidió apoyar a Enrique de Albret en sus aspiraciones al trono de Navarra, contando con el apoyo de una facción de la tierra, los agramonteses. Navarra había sido conquistada por las tropas castellanas de Fernando el Católico en 1512, por lo que la ofensiva francesa era considerada como una auténtica invasión.

Ante esta delicada situación, el virrey de Navarra fue a Segovia a solicitar ayuda para defender el territorio, dejando al mando de Pamplona a un subalterno, que acabó teniendo disensiones con los vecinos y el concejo, a raíz de las cuales estos decidieron marcharse.

En mayo de 1521 llegaron a Pamplona Ignacio de Loyola y un hermano suyo, junto con un grupo de soldados que habían reunido en Guipúzcoa, con la intención de defender la ciudad. La inferioridad numérica de los españoles ante los franceses era tan evidente que el hermano del futuro santo decidió huir con algunos soldados. En cambio, este acudió al castillo de la ciudad para participar en el auxilio de la urbe.

El 20 de mayo, lunes de Pentecostés, los franceses, una vez tomada la población, asediaron la fortaleza, y en el fragor de la batalla, una bala de artillería francesa rompió una pierna de Ignacio de Loyola, lastimándole la otra, y dejándolo cojo durante el resto de su vida.

Tras la rendición del fuerte tres días después, Ignacio fue trasladado a la casa familiar de Loyola, en Azpeitia, para recuperarse. Durante su largo y doloroso reposo, y a falta de libros de caballerías en la mansión (muy populares en la época entre los jóvenes nobles), leyó sobre la vida de Cristo y de los santos, iniciándose de esta manera su despertar espiritual.

Después de abandonar Loyola, el joven Ignacio decidió realizar una peregrinación a Jerusalén, siendo su primera etapa una parada de oración a la Virgen Negra, en la abadía de Montserrat. Más tarde, en marzo de 1522, se trasladó a Manresa, donde vivió cerca de un año. Allí, mientras oraba y hacía penitencia diaria en una cueva, comenzó a componer los Ejercicios Espirituales, su obra cumbre, culminando de esta manera su transformación interior.

Años más tarde (15 de agosto de 1534) fundó, junto con otros seis compañeros, la Compañía de Jesús, aprobada oficialmente por el papa Paulo III el 27 de septiembre de 1540 como orden religiosa, una de las más influyentes con las que ha contado el catolicismo.

Vidriera que recrea la herida de Ignacio de Loyola (https://www.elmundo.es, 23-5-21)

CASOS MINORITARIOS

A lo largo de la historia, muchos hombres y mujeres de relevancia pública (como Zenón de Citio o Ignacio de Loyola, o como Pablo de Tarso o Francisco de Borja) o absolutamente anónimos, han visto alteradas, metamorfoseadas, distorsionadas sus existencias por acontecimientos exteriores a las mismas, que han modificado radicalmente sus vidas, que han hecho dirigir sus pasos vitales hacia escenarios radicalmente distintos a los que se esperaba de ellos por sus orígenes, por su familia, por su tránsito durante la juventud.

Sin embargo, los ejemplos de estas alteraciones, de estos cambios sustanciales, de estos golpes de teatro vitales son, dentro del transcurrir histórico, absolutamente minoritarios, apenas unos pocos granos de arena en la inmensidad de una playa, apenas un diminuto oasis en mitad de un gigantesco desierto. Porque lo normal, lo habitual, lo mayoritario, lo casi absoluto es que la persona (tú, yo, el resto del mundo) no cambiemos un ápice en nuestro núcleo interior desde la juventud hasta el día del descenso al inframundo.

Ante esta afirmación rotunda, ante esta frase lapidaria, muchos se revolverán inquietos, otros se reirán y otros tantos la negarán compulsivamente, porque, según todos ellos, ¿cómo es posible decir que el hombre no evoluciona a lo largo de su indeterminada existencia? ¿Cómo aceptar que el ser humano no cambia desde la juventud hasta la vejez? ¿En qué cabeza cabe?

LA EVOLUCIÓN SUPERFICIAL Y LA PROFUNDA

Sin embargo, yo no niego el cambio, la evolución, digamos superficial o meramente biológica. Es evidente que, con los años, uno gana en experiencia, es más sabio, saber hacer más cosas, eso le pasa a todo el mundo. La gente, cada uno en su esfera particular o pública, aprende a poner enchufes, a cocinar, a fregar, a tender, a emitir certificados de vida laboral, a construir viviendas, a conducir autobuses, a reparar atascos, a formar una familia, a cuidar a los hijos, a preocuparse de sus ancestros, a interactuar con su medio circundante de amistades o conocidos, a componer poemas, a redactar guiones de cine, a realizar operaciones quirúrgicas, a escribir libros de historia... En fin, una pléyade de acciones que el ser humano, en el trascurso de su vida, aprende a realizar, dependiendo de sus orígenes, su familia o sus gustos particulares. Esto es una verdad insoslayable.

Pero yo no hablo de la inalterabilidad del ser humano en estos ámbitos, que podríamos catalogar de superficiales o exteriores, sino de los nucleares o interiores. Y es que esta parte profunda del hombre (o la mujer) es la que varía poco o nada desde la juventud, es decir, desde que un ser humano se ha consolidado como persona y como ente autónomo.

LOS RASGOS NUCLEARES DEL SER HUMANO

Habrá casos, no digo yo que no, porque las excepciones suelen fortalecer a la norma, pero ¿cuántas personas conocemos que, a partir de, pongamos por caso, los veinte años, han modificado su forma de ser en ámbitos tan privados, tan particulares, tan íntimos, tan nucleares, como el egoísmo, la avaricia, la bondad, la cicatería, la envidia, la amplitud de miras, la miseria moral, el fanatismo político o religioso, la agresividad, la fortaleza interior, la sociabilidad, la soberbia, la ira, la pereza, la caridad, la mundanidad, la curiosidad, el agradecimiento o la humildad

Por centrarnos en los aspectos más oscuros de las personas, veamos unos pocos ejemplos.

EL FANATISMO POLÍTICO

¿Cúantos terrorista de ETA, provistos de sus verdades absolutas, entendieron que sus vidas descendían precipitadamente por un barranco de maldad y oprobio? ¿Yoyes, Juan Manuel Soares Gamboa, los polismilis del 82...? Porque el resto, por marcar una cruz en un cuestionario, por tener una lacrimógena entrevista con un familiar de un asesinado, por decir un "lo siento" en voz bajita, no, esos miserables no me valen.

EL FANATISMO SOCIAL

¿Cuántas personas que se las dan de cultas, educadas, refinadas, cosmopolitas, viajeras empedernidas, abiertas al mundo, se alegraban, a los veinte años, del mal ajeno (incluso de la muerte) cuando este le ocurría a un rival político, a un ser humano que tuviera ideas diferentes a las suyas o, simplemente, a alguien que le cayera mal por alguna circunstancia personal, y a los setenta y cinco se compadecen de esas mismas personas que tuvieron aquel infortunio? En mi entrañable Pedrezuela, en mi entrañable Moratalaz, en mi entrañable comunidad de vecinos, en mi entrañable lugar de trabajo, he conocido varios casos en el que la inalterabilidad de la miseria humana es indeleble.

LA ENVIDIA

Cuando yo era pequeño, mi padre (hoy, viejo y vulnerable) me dijo una vez que era más fácil encontrar a alguien que te acompañara en el llanto por una desgracia personal o familiar que alguien que te acompañara en la alegría por que te hubiera tocado la lotería. Padre sagaz y perspicaz. Compadecer al prójimo es relativamente sencillo, pero alegrarte de su buena fortuna es ya más complicado (¡ah, la maldita envidia!), y eso no cambia desde los veinte hasta que te mueres.

LA SOBERBIA

¿Qué podemos decir de los "orgullosos pobres", como los definía mi pajarillo, también denominados "soberbios", esos seres que siempre van con la barbilla bien alta, que entran en los lugares cerrados como si se paseasen sobre la alfombra roja del Festival de Cine de Cannes, y que, por supuesto, siempre pontifican cuando hablan, esperando que el resto de los mortales que los contemplamos respondamos "Es palabra de Dios. Te alabamos, Señor"? ¿Modificará con el tiempo su fanfarronería, su superioridad estética y moral? Ni de broma.

EL EGOÍSMO

¿O qué decir del que se preocupa, solo y exclusivamente, de su bienestar personal y familiar más cercano, sin importarle una mierda lo que le ocurre al vecino que tiene en la puerta de al lado? ¿Ese ser "pasota" y egoísta va a cambiar entre su juventud y su vejez? No se lo cree ni él.

EL RENCOR

¿Y qué pensar de aquella persona con la que hace siete años y dos meses tuviste una pequeña discusión, un roce, un "quítame allá esas pajas", y que siete años y dos meses después, al hilo de alguna circunstancia actual, te recuerda aquella historia, para ti totalmente enterrada, pero para ella totalmente viva y coleando dentro de su alma podrida? ¿Evolucionará ese ser en su sempiterno rencor? Ya.

LA IRA Y LA AGRESIVIDAD

Y, por último, y por no convertir este post en una lista interminable de comportamientos oprobiosos, que no cambian durante el trayecto vital, ¿qué podemos hablar sobre los maltratadores, los verbales y los físicos? ¿Alguien piensa, en su sano juicio, que un tío (o tía) que es capaz de insultar, menospreciar o agredir a su pareja sentimental va a cambiar su comportamiento a lo largo de su asquerosa existencia? 

Si alguna de las veinticuatro mujeres asesinadas en España en lo que va de año pudiera volver a la vida y hablar sobre su experiencia, estoy completamente seguro de que nos diría que nunca pensó que aquella pequeña discusión con su pareja en el jardín de su vivienda; aquel rifirrafe durante la cena; aquella mirada airada de su novio (o marido) cuando algún hombre la miraba con deseo por la calle; aquellos gritos recibidos por su pareja por tenerla, supuestamente, abandonada, mientras ella se dedicaba a laborales personales; en fin, que esa mujer nunca hubiera pensado que esa disparatada escalera descendente de la dignidad humana iba a terminar con una cuchillada en la garganta o un martillazo en la cabeza.

Y esa pobre mujer, arrepentida, sin duda, por no haber visto cernirse el peligro sobre ella, hubiera fundamentado su falta de vista en el consabido latiguillo que su pareja (probablemente, buen vecino, agradable de aspecto, simpático, con una vida social plena) la espetaba siempre al día siguiente de su último estallido de cólera: "lo siento, cariño, te aseguro que esto no volverá a ocurrir".

SERES INMUTABLES SALVO QUE NOS OBLIGUEN DESDE "FUERA"

Quizá tenga yo una visión agustiniana, luterana, de concebir el mundo como una Massa damnata (masa condenada); quizá tenga yo una perspectiva especialmente pesimista del género humano. No lo sé. Pero lo que he visto desde hace muchos años, lo que he leído, lo que he escuchado, me lleva a pensar que la parte nuclear, la más profunda de la persona, es inalterable a lo largo del tiempo... salvo que acontecimientos exteriores modifiquen esa ruta automática por los senderos de la vida. Únicamente tragedias sin cuento, desgracias personales o familiares o circunstancias especialmente perturbadoras pueden llegar a modificar ese inmutable núcleo interior de la persona.

Representación de la caída de Pablo de Tarso camino de Damasco (https://www.padreseudistas.com)

QUIZÁ TODOS DEBERÍAMOS SUFRIR UNA CAÍDA DEL CABALLO, CAMINO DE DAMASCO, COMO LE OCURRIÓ A SAULO

Pensándolo fríamente, quizá todos, alguna vez durante nuestra vida, deberíamos pasar por las mismas vicisitudes que acompañaron a Zenón de Citio, a Ignacio de Loyola, a Pablo de Tarso o a Francisco de Borja, para que muchos de nuestros mezquinos comportamientos desaparecieran, y virásemos, definitivamente, 180 % en nuestra triste existencia.

martes, 9 de junio de 2026

ESCLAVOS DE LA IDEOLOGÍA

EL AMANECER DEL 78

La Constitución española de 1978, en su capítulo 2.º (Derechos y libertades), sección 1.ª (De los derechos fundamentales y de las libertades públicas), artículo 16, apartado 1, dice lo siguiente: "Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley". Es decir, que la constitución más longeva de nuestra historia (el pasado 18 de febrero superó a la de 1876, con más de 47 años de duración) reconoce que en España existe un pilar fundamental de nuestro entramado legal, que es la libertad ideológica.

LA LIBERTAD IDEOLÓGICA NO NOS VIENE INCLUIDA AL NACER

Vista así la frase, en 2026, en España, a más de medio siglo de la muerte del dictador que gobernó el país durante 36 años y siete meses y medio; repito, contemplado de esta manera el párrafo de marras, no parece tener demasiada importancia. Son tantos años seguidos de democracia, de Estado de derecho, de libertades, que el término "libertad ideológica" parece asociado innatamente a cualquiera al nacer; parece que contamos con él desde siempre; nos parece, en suma, la cosa más normal del mundo.

Sin embargo, a fuerza de ser sinceros y, sobre todo, pedagógicos, el hecho de que una persona pueda pensar, en términos ideológicos, lo que le dé la real gana, y pueda exponer sus opiniones de forma libre y placentera en público, es una conquista relativamente reciente en nuestro país. Porque hasta ese luminoso 6 de diciembre de 1978 (fecha del referéndum mediante el que el pueblo español ratificó nuestra Carta Magna), las anteriores constituciones dejaban mucho que desear en cuestiones de derechos ciudadanos y libertades públicas, mientras que antes de la primera de ellas, la de 1812, las personas que habitaban este país no eran consideradas ciudadanos, sino súbditos del gobernante de turno, fundamentalmente reyes. Difícilmente podría hablarse de libertad ideológica en estos contextos.

LA TENEBROSA SANTA INQUISICIÓN

Y todo ello, sin entrar en tribunales de orden públicochecas e inquisiciones, esto es, en los aparatos de represión de determinados regímenes a lo largo de nuestra historia. Porque sí, hablando sin más de la Inquisición española, creada en 1478 por el papa Sixto IV a petición de los Reyes Católicos, y mantenida oficialmente hasta 1834, año en que fue abolida por la reina Isabel II, esta máquina represora y coercitiva procesó a lo largo de su negra historia a unas 150 000 personas, ejecutando a un número indeterminado de ellas, pero que los especialistas en la materia establecen entre 3000 y 10 000.

Aunque en honor a la realidad, el período de máxima actividad del Santo Oficio se centró entre 1480 y 1530, la verdad es que sus efectos fueron mucho más allá de lo meramente cuantitativo en cuanto al número de perseguidos y ajusticiados (judaizantes, moriscos, protestantes, heterodoxos católicosheterodoxos en costumbres sociales, algunas brujas...). Y es que durante la existencia de este opresivo mecanismo institucional, y entre las materias vigiladas por el mismo, decenas y decenas de generaciones de compatriotas nuestros se vieron abocadas al silencio de sus opiniones ideológicas, al miedo de exponerlas, al petit comité de sus declaraciones, a la contención en las manifestaciones, al freno de la espontaneidad..., y todo ello por miedo a la denuncia, a la delación, a la cárcel, a la tortura, a la ejecución.

A la vista de los perniciosos efectos que tuvo el aparato inquisitorial en España durante 356 años, parece mentira que aún hoy haya muchos ciudadanos y, lo peor, algunos historiadores, que relativicen la cruel acción de aquella institución, basándose en que, en comparación con el número de años que duró su existencia, hubo pocas víctimas; en que existieron otras inquisiciones a lo largo de la historia; o en que la negra policía ideológica fue un peón utilizado por las potencias extranjeras para crear la Leyenda Negra española. A esos apóstoles del relativismo histórico, a esos nostálgicos de los viejos tiempos imperiales, a esos defensores a ultranza de la unión entre el trono y el altar para controlar las mentes y castigar los cuerpos de los disidentes; a todos ellos les diría que pensasen con frialdad y honestidad en los miles de encausados, en los centenares de ejecutados, en las generaciones enteras que no pudieron expresar en público sus ideas, y luego volviesen a reflexionar sobre el tema.

Afortunadamente, toda aquella oscura historia pasó, y ya tan solo puebla el lejano recuerdo colectivo. Y sin embargo, la consecución de la tan ansiada libertad ideológica se ha visto acompañada, en muchísimos casos, por la esclavitud a una ideología, a unas siglas, a una creencia, a una fe. Aquí, en España, sabemos mucho de esto.

CONTRA EL FASCISMO, EL COMUNISMO Y EL NACIONALISMO EXCLUYENTE

A nivel personal, respeto profundamente casi todas las ideologías políticas o filosóficas. Y digo casi todas porque aquellas, como el fascismo (en sus diversas variantes), el comunismo (en sus diversas variantes) o el nacionalismo excluyente, que solo buscan la dictadura de la raza, de la clase o del maldito terruño; aquellas que solo tratan de imponer, mediante el terror, la mentira y la infamia, sus postulados ideológicos; aquellas que no respetan los derechos ciudadanos y las libertades públicas; aquellas que, con su piel de cordero, solo utilizan las vías democráticas para acceder a los resortes del poder, para luego, una vez instaladas allí, quitarse la careta y hacer asomar sus auténticas fauces de lobo; todas esas ideologías señaladas me repugnan profundamente, las considero incompatibles con la democracia y deberían ser arrojadas a las cunetas de la historia.

EL SENTIDO CRÍTICO, ESE ES EL QUID DE LA CUESTIÓN

Fuera de estas auténticas desgracias, de estas lacras sociales, el resto de formas de pensar me parecen respetabilísimas. Pero esto no es óbice para que podamos acabar siendo esclavos de ellas. Porque, efectivamente, desde mi punto de vista, lo que debería acompañar a una ideología no es solo la tolerancia, es decir, el sagrado respeto a la forma de pensar del prójimo, sino, fundamentalmente, el sentido crítico.

EL SUEÑO DE LA RAZÓN PRODUCE MONSTRUOS

¿Qué nos diferencia a los humanos de los chimpancés, nuestro pariente más cercano? Tan solo el 1 % del ADN y, sin embargo, ese escaso material genético nos ha posibilitado llegar a la Luna, fabricar aviones, bajar al abismo Challenger, componer poesía y música, crear obras de arte, curar enfermedades... Por desgracia, ese 1 % de ADN también ha posibilitado liquidar a millones de ucraniamos entre 1932 y 1933, asesinar a seis millones de judíos entre 1939 y 1945, destruir Nagasaki en 1945... Y es que el sueño de la razón produce monstruos, como titulaba, acertadamente, Francisco de Goya uno de sus más famosos aguafuertes en 1799. Y ese sueño razonador es el origen del fanatismo, de la esclavitud a una ideología.

Francisco de Goya: El sueño de la razón produce monstruos, Museo del Prado

LAS SUGESTIVAS PASIONES

Entiendo perfectamente gran parte de esas sumisiones ideológicas, lo cual no quiere decir que la justifique, porque yo, hasta hace unos años, también fui preso de esa enfermedad moral. Y es que dentro del mundo de las pasiones, todas son muy complicadas de combatir. Porque, seamos sinceros: ¿cuántas personas que conozcamos, a los 20 años eran del Fútbol Club Barcelona, y a los 60 del Real Madrid, o viceversa? ¿Cuántas personas eran católicas a los 20 años y ahora, a los 60, son ateas, o viceversa? ¿Cuántas personas que eran de izquierda a los 20 años, ahora, a los 60, son de derecha, o viceversa? ¡Ah, las pasiones, tan sugestivas y tan difíciles de modificar!

NO SE TRATA DE CAMBIAR DE PASIÓN, SOLO DE APLICAR EL SENTIDO CRÍTICO A LA MISMA

Pero yo no estoy pidiendo, aquí y ahora, que un blaugrana se haga merengue, o viceversa; que un católico se vuelva ateo, o viceversa; que un socialdemócrata se convierta en conservador, o viceversa. No, lo que yo reivindico, aquí y ahora, es la autonomía de la persona, la independencia del ciudadano, el sentido crítico del ser humano respecto a la ideología. En resumen, primero el hombre (o la mujer) y después su ideología. Lo contrario es dar al traste con uno de los dones que la lenta evolución humana nos ha regalado a los actuales Homo sapiens sapiens: la inteligencia y el discernimiento entre el bien y el mal.

ES TAN FÁCIL LLEGAR AL FANATISMO...

Es muy lamentable, muy triste, ver a miles de ciudadanos españoles, que se las dan de listos, cultos, formales e, incluso, intelectuales, comportarse como rehenes de ciertas formas de pensar, tan solo porque sus abuelos o sus padres tuvieron esas mismas ideas; porque en su juventud leyeron algún libro revolucionario; porque sus colegas de andanzas pensaban o piensan así; porque si vienen "los otros" acontecerá un apocalipsis; o, simplemente, porque consideran que su ideal es el bueno, el santo, el perfecto, y el del contrario el malo, el diabólico, el equivocado.

En nuestros más de 50 años de democracia (casi 48 si contamos solo desde la aprobación de nuestra actual constitución) hemos visto casi de todo: terrorismo, golpes de Estado, corrupción, crímenes de Estado, apoyo a guerras ilegales, utilización política de atentados... Es verdad que mucha gente ha reconocido que las fuerzas políticas que personificaban sus ideales se equivocaron en determinados momentos, y cambiaron de bando o, simplemente, se volvieron "pasotas" de la vida pública.

SI EL RIVAL POLÍTICO DICE QUE EL SOL SALE POR EL ESTE, ES UN BULO

Sin embargo, aún quedan cientos de miles de ciudadanos que se resisten a aplicar el sentido crítico, la razón, el sentido común a la política, y continúan siendo rehenes de su muy respetable ideología. Cientos de miles de compatriotas que escuchan decir al oponente ideológico que amanece por el este, y dicen que no están de acuerdo. Cientos de miles de hombres y mujeres que ven llover y dicen, para no coincidir con el rival político, que hace sol. Cientos de miles de españolitos de a pie que piensan que haga lo que haga el contrario ideológico, aunque lo haga perfecto, siempre será peor que lo que hagan "los suyos".

La "fontanera" Leire Díez en una comparecencia ante la prensa (https://www.elmundo.es, 4-6-25)

NO HAY OTRA OPCIÓN: SEAN DE LA IDEOLOGÍA QUE SEAN, HAY QUE MANDAR A LOS MALOS GOBERNANTES AL BASURERO DE LA HISTORIA

No pretendo con este artículo (sería presuntuoso por mi parte) hacer cambiar las ideas de nadie. Pero sí les diría a los que ven que muchos de sus actuales representantes políticos "se lo están llevando crudo"; a los que contemplan que muchos de sus dirigentes están chapoteando en cloacas infectas; a los que saben que muchos de sus simpatizantes están poniendo trabas a la acción de la justicia, la policía y la prensa libre; a los que perciben el acelerado desplome de un edificio ideológico entrañable, pero apolillado y putrefacto; a todos ellos les diría que se liberen de sus ataduras doctrinarias, que dejen de ser esclavos de su ideología, que rechacen (vengan de donde vengan) a los malos gobernantes, que les propinen un puntapié y que les manden al basurero de la historia, de donde nunca debían de haber salido. Porque el caso GAL o el caso Bárcenas fueron una inmundicia, y el caso Leire es una inmundicia, y todo el mundo lo sabe ya.

martes, 26 de mayo de 2026

NUESTRO AMIGO LUCINIO

"Mucha gente caminará dentro y fuera de tu vida, pero solo los verdaderos amigos dejarán huellas en tu corazón" (Eleanor Roosevelt)

OLOR A CASTAÑAS ASADAS

Los primeros recuerdos que me vienen a la mente, probablemente de finales de los años setenta, me llevan a aquellos viernes en que la abuela Cristina preparaba aquellas deliciosas castañas asadas, que algunas veces hacía llegar a nuestra casa, cuando éramos vecinos, ellos en el bajo C, nosotros en el bajo B. Me encantaban aquellos frutos secos tostados, cocinados con esmero por la matriarca de la casa, y ofrecidos con amabilidad por la misma. Ocurría en aquellos viernes por la tarde y por la noche, de los que recuerdo luminosos fogonazos, como el de aquella mítica película, La isla del tesoro, en su versión más antigua, la de 1934, dirigida por Víctor Fleming, que tanto me gustó y que tanto retengo en la memoria.

AQUELLOS DÍAS DE NAVIDAD

Sin embargo, el bullicio de aquella vivienda, habitada entonces por la matriarca, su hija, su yerno, sus nietas y la perra Sala, era completo para nosotros cuando llegaban las entrañables fiestas de Navidad. También con Boni, Antoñita, Miguel Ángel, Micaela y Bernardo compartíamos veladas deliciosas en su casa (el bajo D) y en la nuestra, durante aquellos días finales del año, en especial durante las noches del 24 y del 31 de diciembre. Pero igualmente hacíamos con Lucinio, Juanita, Cristi, Asun y Cristina abuela. Recuerdo aquellos encuentros sabrosísimos, cargados de charlas amistosas, camaradería vecinal, turrón, polvorones, cortadillos, mazapán, peladillas y otros dulces exquisitos. Siempre nos encontrábamos muy a gusto en aquella vivienda, compartiendo agradables experiencias y animadas conversaciones.

LA INTUICIÓN DE SALA

Y, por supuesto, mantengo incólume, en el cerebro, aquellas visitas de mi pajarillo a aquella ensoñadora vivienda, cuando, al tocar el timbre, la perra Sala se retrotraía a sus cuarteles de invierno, situación que le hacía decir a la abuela Cristina a su hija: "Debe ser Juanita (mi madre), porque Sala se ha retirado a las habitaciones". ¿Por qué esa reacción de Sala y de la matriarca? Pues porque en su casa sabían que mi pajarillo tenía mucho miedo a los perros (como me ha pasado a mí hasta hace un cuarto de hora, como quien dice), y ellos habían acostumbrado al peludito personaje a esconderse cuando mi madre aparecía. Sagaz perro, perspicaz abuela.

Nuestra amistad con Lucinio y Juanita era, podríamos decir, una camaradería a fuego lento, sin estridencias, pero muy sincera. Visitábamos su casa de vez en cuando; ellos hacían lo propio con la nuestra; fuimos una vez a su vivienda del Sotillo de la Adrada aquel sábado remoto, en que recuerdo ver en su televisión de la localidad abulense la emisión de un capítulo de aquella mítica serie, Érase una vez... el hombre; ellos vinieron varias veces a la nuestra, de Pedrezuela... Nos llevábamos bien, eran gente que merecía la pena, buenos vecinos, mejores personas.

LA HELADORA MADRUGADA DEL 85

Sin embargo, esa visión bonancible que yo (y el resto de mi familia, por supuesto) tenía de aquella familia cambió de forma dramática una inolvidable madrugada de mitad de febrero de hace cuarenta y un años, cuando la Parca quiso, de forma súbita y estruendosa, penetrar en nuestras monótonas y rutinarias existencias. Y es que, al contrario de otros, Lucinio (y Juanita) surgió entre la bruma para prestarnos todo el calor, todo el apoyo, toda la ayuda que necesitábamos en aquella encrucijada límite. Recuerdo su aparición estelar en nuestra casa aquella inquietante madrugada (serían las dos de la mañana de aquel sábado funesto) para ponerse a nuestra disposición para lo que fuera menester. Recuerdo sus infinitas visitas al hospital a ver a mi padre, haciendo una improvisada parada con su taxi en las cercanías mientras trabajaba. Recuerdo algunas comidas que nos preparó Juanita (su mujer) durante aquellos turbadores primeros días. Recuerdo cuando tú, pajarillo, le comentaste que los médicos le habían dado a papá un mes de vida...

Frente a otros, Lucinio emergió como un ángel protector, un compañero superlativo, un camarada desmesurado. La palabra "amigo", que tanto se banaliza, quedó asociada desde aquel crucial momento, en su verdadero sentido, en su real categoría, a nuestro entrañable vecino.

La suerte, ese elemento que tanta gente desprecia, relativiza e, incluso, ignora (aun cuando forma parte de nuestra vida infinitamente más de lo que imaginamos); ese elemento con el que no contaron, por desgracia, mis dos pajarillos; la suerte, repito, acompañó a mi padre, y aunque tardó diecisiete meses en recuperarse, finalmente emergió de las sombras y acabó viendo el luminoso amanecer.

Como suele suceder en esta extraña vida, la desaparición de la catarata, ya ante nuestros ojos, hizo volver a la normalidad nuestra relación con Lucinio y su familia, aun cuando para nosotros, su imagen, gigantesca y mítica, se hubiera aposentado, de forma definitiva, en el frontispicio de nuestra existencia.

Atropos o Las Parcas, pintura de Francisco de Goya (https://museodelprado.es)

EL VERANO DE 2011

Pasaron veintiséis años, y una tarde de junio, nuevamente, la Señora de Negro intentó, por segunda vez, interferir en nuestras adormiladas existencias. Y en aquel verano finisecular volvió a aparecer nuestro entrañable amigo, hasta el punto de que se volvió del pueblo abulense a Madrid para acompañarnos en ese nuevo trance límite. La situación, afortunadamente, aunque grave, no tuvo las dimensiones temporales de la anterior, y al final del verano mi padre, por segunda vez, acabó recuperando el tono. Nuevamente nuestro vecino, nuestro amigo, estuvo a nuestro lado de forma fiel y calurosa.

No solo en estas adversas coyunturas estuvo este gran personaje a la altura de las circunstancias; no solo en estas tristes situaciones, ni muchísimo menos, estuvo nuestro guardián particular, en el sitio que solo los rectos y los virtuosos ocupan. Recuerdo, a vuela pluma, la alegría que le dio cuando aprobé la oposición del Ayuntamiento de Madrid; la solidaridad que mostró en el largo e infinito affaire de mi hermana; la compañía en aquel segundo día de octubre de hace ya más de diez años, cuando despedimos en San Roque a mi angelical pajarillo; aquellas visitas a nuestra casa por Navidad, en especial la de aquella tarde de Nochebuena del 2019 tan finisecular y melancólica, por lo que meses después pasaría; por supuesto, aquel inolvidable velatorio, hace más de un lustro, cuando mi otro pajarillo acababa de cruzar el Rubicón de la vida hacía solo unas horas, y el acompañamiento a su última morada en aquella tristísima mañana del maldito Día de los Inocentes; incluso, los consejos que me dio, una vez pasado este último y durísimo trance, sobre los trámites acerca del papeleo de la herencia de mi madre.

LOS NUEVE DÍAS EN EL IPR

Por eso, cuando a principios del pasado mes de enero, mi padre (y yo) se sumergió nuevamente en un hospital durante apenas nueve días, y nuestro entrañable amigo regresó con su fulgurante luz a iluminar nuestras vidas en forma de ponerse él (y sus dos hijas) a nuestra disposición; de frecuentes llamadas durante la hospitalización; de periódicos telefonazos tras salir del famoso IPR; de preocuparse, en definitiva, por el bienestar y la salud de mi padre; cuando todo eso ha vuelto, como un déjà vu, a nuestras vidas, he echado la vista atrás más de cuatro décadas, y me he dado cuenta de que algunas personas son irrepetibles (a pesar de que ninguno de nosotros terminamos siendo imprescindibles), y que su luz nos ha iluminado (como la columna de nube que guiaba a los israelitas tras su salida de Egipto, y que era la personificación de Yahvé) durante los días, pero, sobre todo, durante las noches oscuras del alma, esas a las que se refería poéticamente el gran san Juan de la Cruz.

Columna de nube que guiaba a los israelitas tras salir de Egipto (https://iglesiadelpilar.com.ar)

SI HUBIERAS ESTADO, QUERIDO AMIGO, AQUELLA MAÑANA EN LA LLANURA QUE LLEVABA A SODOMA Y GOMORRA...

En el capítulo 18 del libro del Génesis, se produce una conversación muy interesante entre Abraham y Yahvé. Y es que, habiendo decidido el segundo de ellos destruir las ciudades malditas de Sodoma y Gomorra, por los múltiples pecados de sus moradores, el gran patriarca israelita le inquiere a su Señor, por seis veces, en grado descendente, si sería capaz de salvarlas en el hipotético caso de que hubiera 50, 45, 40, 30, 20 o 10 personas justas y rectas. Y por seis veces, el dios de los judíos responde taxativamente a Abraham que, en caso de haber 50, 45, 40, 30, 20 o, incluso, 10 personas justas y rectas, él salvaría la ciudad en atención a esos pocos elegidos. 

Después de todo lo visto en este acelerado post, cualquiera que tenga ojos y oídos comprenderá que, de haberse encontrado nuestro entrañable Lucinio aquella remota mañana en Sodoma y Gomorra junto con otros nueve como él, es evidente que Yahvé hubiera salvado in extremis a las réprobas poblaciones. 

Gracias por todos estos años, querido amigo.

martes, 12 de mayo de 2026

¿SE DEBE PEDIR PERDÓN POR HECHOS ACAECIDOS HACE MEDIO MILENIO?

UNA POLÉMICA DE PACOTILLA

A raíz de una disparatada polémica sobre la conquista española de América, surgida por unas torpes palabras de un gran rey, un desatinado viaje de una presidenta autonómica y un inconcebible comportamiento de una presidenta norteamericana, ha regresado (como en el caso de las golondrinas de Gustavo Adolfo Bécquer) la añeja, ajada y sempiterna cuestión de la culpa y el perdón por los acontecimientos históricos deplorables de una nación, en este caso a quinientos años de distancia.

EN CONTRA DE LA LEYENDA NEGRA Y DE LA LEYENDA ROSA

Desde siempre me molestó mucho la famosa Leyenda Negra sobre España, que desde finales del siglo XV (aunque el término, como tal, es creado por Julián Juderías en 1910) e, increíblemente, hasta la actualidad, sigue presente en la vida cultural, social y política de mi país y de muchos de los países que fueron colonias o enemigos del Imperio español. Británicos, holandeses, franceses, mexicanos, dominicanos, guatemaltecos, peruanos y un largo etcétera se quejaron, con mayor o menor intensidad a lo largo del tiempo, por la política llevada a cabo en América (pero no solo en ella) por los gobernantes de la Monarquía Hispánica, así como por la de los representantes de estos allende los mares y, fundamentalmente, por los hechos desarrollados por los propios exploradores, descubridores, conquistadores y colonizadores del gran continente al que puso nombre, de forma injusta, un oscuro marino italiano.

Pero juntamente con esta aversión a las oscuras facetas de la gesta descubridora, desde hace muchos años también siento un profundo desprecio por la Leyenda Rosa acerca de la Conquista. Igual que al gran Geoffrey Paker le "sacaron de sus casillas" los análisis excesivamente hagiográficos y luminosos que en 1998 se realizaron sobre el reinado de Felipe II (a cuenta de la celebración del 400.º aniversario del fallecimiento del habitante de El Escorial), que le llevó a reescribir su biografía de 1978 por otra, bastante más crítica con el rey vencedor de Lepanto, en 2014; repito, igual que le pasó al gran historiador inglés, a mí también me producen un importante rechazo los estudios, análisis y ensayos que tan solo ponen de manifiesto las luces de la Conquista, obviando y enterrando sus sombras.

LAS SOMBRAS DEL PASADO IMPERIAL

Precisamente por ello, y al calor del triple choque político ya comentado, me sumergí en las páginas de un corto, pero maravilloso libro, que trata sobre los "hombres y mujeres de la península ibérica que viajaron hasta el continente americano para explorarlo e instalarse en él, centrándose en el período que va desde el primer viaje trasatlántico de Colón en 1492 hasta la extinción del reino inca en 1572" (1).

Y, la verdad, es que su lectura no me dejó indiferente, porque a través de sus densas páginas, Matthew Restall y Felipe Fernández-Armesto hacen aflorar a la superficie lo mejor y lo peor de las vidas de los conquistadores españoles en América y de las acciones que llevaron a cabo.

LA MASACRE DE CHOLULA

Efectivamente, en el sabroso estudio aparecen entre otros, sin edulcoración, los hechos más violentos, los más tétricos, las grandes destrucciones. En un principio, surge la masacre de Cholula (octubre de 1519), en la que Hernán Cortés (1485-1547) y sus escasas tropas (el 1 % del total de su ejército combinado), escoltadas por miles de aliados indígenas txalcaltecas y totonacas, asesinaron a tres mil habitantes de la ciudad tras, supuestamente, descubrir un complot de Moctezuma (ca. 1466-1520), el emperador azteca, para matar a los españoles dentro de la localidad aliada de los mexica.

Lienzo de Tlaxcala, lámina 9. Reprografía: Marco Antonio Pacheco / Raíces

EL APRESAMIENTO DE MOCTEZUMA (A TRAICIÓN)

Más tarde, en noviembre de ese año, se produce el apresamiento y encarcelamiento de Moctezuma por Hernán Cortés, después de la llegada de los españoles y sus aliados indígenas a la capital imperial, Tenochtitlan. Este auténtico golpe de Estado (el emperador, además, había recibido a los españoles con exquisita delicadeza y hospitalidad) fue seguido por una orden del jefe español, según la cual cualquiera que alzara su mano contra españoles o aliados de estos sería despedazado y arrojado como alimento a los perros.

LA MATANZA DEL TEMPLO MAYOR

En tercer lugar, nos encontramos con la matanza de Tóxcatl, también llamada la Matanza del Templo Mayor, ocurrida en mayo de 1520. Se trata del asesinato de cuatrocientos nobles aztecas en el momento en que estos se encontraban celebrando una ceremonia religiosa en el interior del citado templo. El responsable de la masacre fue Pedro de Alvarado (1485-1541), lugarteniente de Cortés mientras este hacía frente, en la costa del golfo de México (sí, señor Trump, golfo de México), a las tropas españolas que, procedentes de Cuba, tenían la misión de capturarlo por haber traicionado las órdenes primigenias del gobernador de la isla para la exploración de la península del Yucatán.

LA DESTRUCCIÓN DE TENOCHTITLAN

Meses después, entre mayo y agosto de 1521, tuvo lugar el asedio de la capital mexica por parte del ejército combinado txalcalteca-español, que provocó aproximadamente cien mil muertos entre los habitantes de Tenochtitlan, víctimas de los ataques exteriores, las enfermedades y el hambre. La ciudad fue tomada y saqueada, casa por casa, pero no ofreció oro, sino solo pilas de cadáveres.

LA DEVASTACIÓN DE LOS ALTIPLANOS GUATEMALTECOS

Tres años después de estos impactantes sucesos comenzó el asalto hispano sobre los mayas. Entre 1524 y 1529, primero Pedro de Alvarado y su hermano Jorge invadieron los altiplanos guatemaltecos, aliados a miles de aztecas, txalcaltecas, zapotecas, mixtecas y otros guerreros mesoamericanos. El impacto de tal ejército fue demoledor, y los altiplanos quedaron totalmente destruidos durante su conquista.

LA ANIQUILACIÓN DE GRAN PARTE DE LA POBLACIÓN MAYA

Paralelamente a esta incursión, tuvo lugar la protagonizada por las huestes de Francisco de Montejo (1479-1553) sobre el Yucatán que, también con miles de guerreros procedentes del centro de México, tomaron gran parte de la zona en litigio, tras sucumbir gran parte de la población maya ante la violencia y las enfermedades.

EL SECUESTRO DE ATAHUALPA (A TRAICIÓN)

En séptimo lugar, se nos narra la irrupción de Francisco Pizarro (1478-1541) y sus hombres en el inmenso imperio inca. En noviembre de 1532, invitados por el emperador Atahualpa (ca. 1500-1533) (que hacía poco había vencido a su hermano Huáscar en una sangrienta guerra civil), se encuentran con él en la ciudad sagrada de Cajamarca. Allí, en un escalofriante paralelismo con lo acontecido trece años antes en Tenochtitlan, y durante un encuentro diplomático con las autoridades incas (que habían ofrecido a los españoles alimentos y alojamiento), Francisco Pizarro captura al emperador. Durante un año, este fue mantenido como rehén, mientras los súbditos se apresuraban a reunir una montaña de oro y plata para liberarlo. Sin embargo, una vez pagado el rescate, Atahualpa fue ejecutado en 1533 por orden de Pizarro. La traición fue completa.

Óleo de Juan Lapiani (1864-1932) que representa la captura de Atahualpa en Cajamarca 

¿ALGÚN ESPAÑOL PUEDE SENTIRSE ORGULLOSO DE ESTOS HECHOS?

Creo que estos siete ejemplos (habría muchos más, por supuesto, a lo largo de los cerca de dos siglos que duró la conquista de los territorios americanos, como el sistema de encomienda o la explotación de los nativos en las minas de plata) debieran servir para mostrar a los incrédulos y a los nostálgicos de los viejos tiempos imperiales las tropelías, barbaridades y malos usos que los españoles (sí, los españoles) cometimos hace medio milenio a nueve mil kilómetros de nuestra querida patria. ¿Quién, en su sano juicio, puede sentirse orgulloso de estos comportamientos? ¿Qué persona de bien, estudioso de la Historia o no, puede defender estas acciones terribles y miserables?

Los autores del delicioso volumen argumentan, con una objetividad y una equidistancia asombrosas, que los conquistadores españoles recurrieron a estas brutales tácticas debido a su inmensa inferioridad numérica y a su tremenda desesperación, originada en el aislamiento en que se hallaban y en la imposibilidad de contar con suficientes medios humanos y materiales, procedentes de la metrópoli, con los que revertir la situación. Sin embargo, al mismo tiempo, los dos historiadores no justifican en absoluto aquellos horribles crímenes. Como no lo hicieron, sino todo lo contrario, algunos de los religiosos que arribaron al Continente a partir del segundo viaje de Cristóbal Colón.

DOS OASIS (ENTRE OTROS) EN UN DESIERTO DE INJUSTICIA

Entre aquellos defensores de los indígenas, destacaron especialmente dos dominicos. El primero, Antonio de Montesinos (ca. 1480-1540), quien llegado a la isla La Española (en la actualidad, compartida por República Dominicana y Haití) en 1510, vio pronto el terrible panorama que se abría ante sus ojos. Y en un legendario sermón, leído ante las autoridades coloniales en una iglesia de Santo Domingo el 21 de diciembre de 1511, criticó durísimamente (fue la primera vez que alguien lo hacía) las insoportables condiciones en que vivían los indios, los malos tratos que sufrían por parte de muchos encomenderos y la extinción a la que se veían condenados si no se remediaba la situación (2).

El segundo dominico que intentó abrir los ojos a las autoridades peninsulares sobre la cruda realidad de los indígenas americanos fue Bartolome de las Casas (1484-1566), quien, en compañía de su padre, arribó a La Española en 1502, y que nueve años después escuchó el sermón-denuncia de Montesinos. Durante el resto de su vida intentó, a través de libros y entrevistas con las autoridades metropolitanas, hacer ver que "la única norma para llevar a los pueblos la religión cristiana, es la evangelización pacífica"; que el único "camino de evangelización era la persuasión del entendimiento y la invitación de la voluntad"; que la esclavitud era un atentado contra los derechos del hombre a la vista de Dios; y que, en consecuencia, el régimen de la encomienda debía suprimirse (3). Y aún hay por ahí algunos que siguen comprando la "mercancía averiada" de que Las Casas fue elemento nuclear de la Leyenda Negra. Desde luego, si no hubiera habido abusos, este ínclito religioso no se hubiera sentido en la necesidad de escribir los furiosos y, sin duda, exagerados, libros que escribió, en especial su Brevísima relación de la destrucción de las Indias.

Aunque la vida de estos dos gigantes de la historia (y la de muchos otros religiosos menos conocidos) no sirvió para eliminar por completo los atropellos que muchos españoles realizaron durante la Conquista, sin embargo, a través de las Leyes de Burgos de 1512 y las Leyes Nuevas de 1542 se consiguió el reconocimiento de los indios como un súbdito más de la Corona; la eliminación de la esclavitud; la anulación, en parte, de la encomienda; y la supresión de la guerra de conquista.

Estos son los hechos duros, fríos, metálicos. Quien quiera matizar, que matice; quien quiera contraponerlos, que los contraponga. Pero estos sucesos existieron, le duela a quien le duela, y le pese a quien le pese. Y el que se sienta orgulloso del proceder de nuestros ancestros o el que los relativice, allá él; no es mi caso.

LA RESPONSABILIDAD DE LAS NACIONES POR SUCESOS DEL PASADO

Sin embargo, la bronca política desarrollada hace poco a tres bandas entre un monarca, una presidenta nacional y una presidenta autonómica nos devuelve a la espinosa y sensible cuestión de la responsabilidad de los países por hechos ocurridos hace mucho tiempo por parte de determinados naturales de aquellos, si no por sus propios gobernantes.

POCOS SE HAN DISCULPADO A LO LARGO DE LA HISTORIA

En este sentido, he de decir alto y claro que solo conozco unos pocos casos en los que altos mandatarios de instituciones o de naciones hayan pedido perdón por sucesos acaecidos en el pasado, responsabilidad de aquellas. No digo que no hayan existido más asunciones de culpa, pero a mí no me salen más que las realizadas por los pontífices Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, por algunas de las erróneas y deplorables acciones llevadas a cabo por la Iglesia católica a lo largo de los últimos dos mil años; y las de algunos de los gobernantes que han regido Alemania desde 1945 (hasta 1989, los de la República Federal Alemana) por el exterminio de seis millones de judíos llevado a cabo por el régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Por tanto, apenas unos pocos granos en la inmensa playa de la historia.

EL SIGLO MÁS SANGRIENTO

Por otra parte, se hallan los terribles y escalofriantes crímenes cometidos por algunos países y algunas etnias durante el reciente siglo XX (este sí cercano en el tiempo), de las que nadie se disculpó. Así, podemos entresacar, a vuela pluma, el genocidio armenio, que consistió en la deportación forzada y el exterminio sistemático de 1,5 millones de armenios cristianos que vivían en el Imperio otomano, llevado a cabo por el gobierno de los Jóvenes Turcos entre 1915 y 1923; el Holodomor, es decir, la hambruna provocada deliberadamente por el régimen soviético de Stalin en Ucrania entre 1932 y 1933, y que provocó la muerte de entre 3,5 y 7 millones de personas; o, sin ir más lejos, y ya en la Segunda Guerra Mundial (y al margen del Holocausto judío y de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki), el bombardeo anglo-americano sobre Hamburgo en julio de 1943, que provocó la muerte de 40.000 civiles, o el realizado por el ejército estadounidense en Tokio, en marzo de 1945, en el que murieron 100.000 civiles. 

También podemos intercalar en esta narrativa del horror del sangriento siglo XX la matanza de 8000 bosnios en Srebrenica el 11 de julio de 1995 por parte del ejército serbio, en el contexto de las guerras de los Balcanes (1991-2001); o, finalmente, el genocidio acontecido en Ruanda en la primavera de 1994, en el que la etnia hutu masacró a 800.000 compatriotas de la etnia tutsi (incluidos miles de hutus moderados).

¿Alguien me puede decir si algún dirigente turco, ruso, inglés, norteamericano, serbio o hutu ha pedido perdón alguna vez por estos espeluznantes e inimaginables crímenes, cometidos en el cercano y a la vez terrorífico siglo XX?

EL PRESENTISMO

Por último, nos encontramos con el siempre manoseado "presentismo", es decir, el análisis de acontecimientos de un pasado remoto con los ojos del presente. Los siglos XVI y XVII fueron tiempos, por desgracia, de violencia terrible e inacabable: guerras de religión, represión de la heterodoxia, odio al "otro", choques entre mastodónticos imperios, represión sobre minorías religiosas, sociales y sexuales... En suma, una violencia institucionalizada y cotidiana. Y en el inicio de esta temprana Edad Moderna, un 12 de octubre de 1492, quiso el "destino" que Cristóbal Colón desembarcara en la pequeña isla de Guanahaní...

A PESAR DE LAS LUCES DE LA CONQUISTA...

El descubrimiento, conquista y colonización del continente americano por los españoles durante cuatrocientos años dejó un montón de teselas luminosas en el inmenso mosaico de la historia. Hay que ser objetivos y no negar esta realidad. El idioma castellano y su escritura ayudaron al proceso de globalización que comenzó a finales del siglo XV, y en el que los portugueses corrieron paralelos. En este sentido, el Imperio español se convirtió en la primera institución política global de toda la humanidad, con lo que ello supuso a nivel de organización territorial en un espacio tan inmenso, por ejemplo, como el americano, cuyo núcleo pasó a ser el Ayuntamiento. La universidad penetró en el Continente, siendo su primera sucursal en Santo Domingo en 1538. 

La imprenta, que se había inventado cincuenta y dos años antes de la arribada de Colón, fue una transferencia de saber fundamental. A través de la Escuela de Salamanca, iniciada por Francisco de Vitoria en 1526, España exportó a las tierras allende los mares sus ideas sobre el derecho internacional, los derechos humanos y la ciencia económica moderna. Toda una riqueza cultural, procedente de Grecia, Roma y el mundo islámico, además del humanismo renacentista, penetró en aquellas sociedades. Suma y sigue. No, no es baladí la aportación española al gran continente.

... HAY QUE RECONOCER LOS ERRORES DEL PASADO, AUNQUE NUNCA PEDIR PERDÓN

Acepto plenamente las críticas que, a lo largo de la historia, se han dirigido a muchas de las acciones que los conquistadores españoles llevaron a cabo en América; es más, las hago mías. Ningún español de bien puede sentirse reconfortado por las traiciones, crímenes y matanzas que nuestros antepasados cometieron en el Nuevo Mundo.

Sin embargo, creo, honestamente, que exigir a España que pida perdón por hechos acaecidos hace medio milenio es totalmente injusto, desproporcionado y ahistórico. Lo que no han hecho otros países por crímenes infinitamente más numerosos y más cercanos en el tiempo no se nos puede exigir a nosotros. Aceptemos, sin más, las sombras y las luces del pasado, tratemos de no cometer los mismos errores del ayer y dejemos a los investigadores de la historia el análisis desapasionado y desideologizado de aquellos terribles hechos.

(1) Matthew Restall y Felipe Fernández-Armesto, Los conquistadores: una breve introducción. Madrid, Alianza Editorial, 2013.

(2) https://historia-hispanica.rah.es/biografias.

(3) https://historia-hispanica.rah.es/biografias.

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