UNA ARTISTA CON CIFRAS ESTRATOSFÉRICAS
Que quede claro desde el principio, que a mí, Rosalía Vila Tobella, más conocida como Rosalía (San Esteban Sasroviras, Barcelona, 25 de septiembre de 1992), no me cae mal. No es que sea muy fan de ella, pero es verdad que algunas de las canciones de sus tres primeros álbumes, como Malamente, La fama, Despechá o Motomami me gustan bastante. Quiero decir con esto, que su música me atrae de alguna manera, y me hallo (como otros millones de personas) dentro de su radio de acción musical.
Lo que sí me sorprendió siempre mucho del personaje en cuestión antes de publicar su último e icónico disco, Lux, es que con tan solo tres álbumes de estudio editados a sus espaldas, que incluían en total la sorprendente y, ciertamente, corta cifra de quince sencillos; repito, lo que siempre me sorprendió es que gran parte de los medios de comunicación (radio, televisión, prensa escrita e internet) la consideraran ya una de las artistas españolas de la canción más grandes de la historia.
Es verdad, hay que reconocerlo, que el número de distinciones y premios obtenidos por la diva catalana entre 2017 y 2024 es sencillamente impresionante, alcanzando los ochenta, entre los que se incluyen dos Grammy, catorce Latin Grammy, cuatro MTV VMAS y cinco Los 40 Music Awards.
A todo este poderío hay que sumar, naturalmente, la cifra de discos vendidos y escuchados (especialmente este último, a través de las diversas plataformas de internet), así como la del conjunto de sus conciertos, como el llevado a cabo en su gira Motomami World Tour, que durante 2022 y 2023 sumó sesenta y ocho actuaciones, recorriendo veintiún países y reuniendo a más de dos millones de personas.
LUX, ENTRE LA ESPIRITUALIDAD Y LA TRASCENDENCIA
Y en estas estábamos, con la crack catalana en guarismos astronómicos, cuando llegó Lux. Este cuarto álbum de estudio, que ha tenido una recepción magnífica por parte de la crítica musical y que se ha convertido en número uno en diversas listas a nivel mundial (Alemania, Austria, Bélgica, España, Estados Unidos, Portugal y Suiza), ha roto en gran parte con el pasado sonoro de Rosalía, ya que, según declaraciones suyas y de su equipo de prensa, ha tratado de explorar "temas líricos de mística femenina, transformación y trascendencia, inspirándose sus canciones en las relaciones románticas de la cantante y en su relación con Dios".
A esta explosiva publicación ha añadido Rosalía la presentación del álbum, el pasado 7 de noviembre, en Times Square (Nueva York) y en la plaza del Callao (Madrid), donde cientos de personas observaron, sorprendidas, el atuendo monjil de la cantante impreso en las pantallas luminosas de la noche, portada del disco. A ello se unía el hecho de que, en las semanas previas y posteriores al lanzamiento del mismo, la artista no paró de dar entrevistas y hacer declaraciones en las redes sociales, en las que manifestaba, sinceramente, su admiración hacia el mundo de los conventos y los monasterios, hacia la vida contemplativa, hacia la vida espiritual en suma. A tanto ha llegado el fenómeno, que algunos media hablan ya de un renacimiento del cristianismo, fomentado por personajes mediáticos como ella y otros muchos, así como por el tratamiento que el tema está teniendo en las redes.
UN AGUJERO NEGRO EN EL ICÓNICO ÁLBUM
Sin embargo, en este viaje introspectivo de misticismo, santidad, trascendencia, crecimiento personal y espiritualidad, existe también una parte inquietante, oscura, tenebrosa. Me refiero a la canción La perla, estrenada el 5 de diciembre pasado, y que en la actualidad suena sin parar en las radio fórmulas de todo el país. Según la artista, la pieza es una crítica contra algunos desengaños amorosos del pasado. Así, en una entrevista en 2025 a un medio norteamericano para hablar sobre el sencillo, declaró que "Siempre hay un villano. Hay demasiados villanos. La fe en la masculinidad se ha perdido. Eso es todo lo que diré".
Tratando de ser justos, hemos de decir que los despechos sentimentales convertidos en canción no son nada nuevo, y que hay rastro de tales creaciones artísticas desde hace cincuenta años: 50 Ways to leave your lover, de Paul Simon (1975); Ese hombre, de Rocío Jurado (1979); I forgot that you existed, de Taylor Swift (2019); Flowers, de Miley Cyrus (2023); o la icónica Shakira: BZRP Music Sessions, volumen 53, de Shakira y Bizarrap (2023).
Aunque algunas de estas canciones me encantan, he de decir que este tipo de obras nunca me ha gustado, en el sentido profundo de las mismas, es decir, en la expresión de una crítica pública a antiguos amantes (vida privada) que, por la razón que fuera, dejaron de serlo. Pero es evidente que en este campo, como en otros, existen grados. No es lo mismo una alusión velada a viejos desengaños sentimentales que una letra llena de indirectas e ironía, pero guardando las formas. Un paso más nos descubrió Shakira hace tres años, cuando lanzó su panfleto anti-Piqué. Aquello creó una gran polvareda, pero se halla a años luz de la canción que nos ocupa.
LA VÍCTIMA DE LA PERLA
La inmensa mayoría de entendidos en el mundo de la música y en el de los propios fans de Rosalía llegó, desde el primer momento, a la conclusión de que el verdadero receptor de La perla era el cantante puertorriqueño Raúl Alejandro Ocasio Ruiz, conocido artísticamente como Rauw Alejandro (San Juan, 10 de enero de 1993). Los indicios que apuntaban a este personaje eran variados y contundentes: 1) una relación sentimental con la crack catalana entre 2019 y 2023, con promesa de boda en marzo de este último año, pero con un abrupto final el 26 de julio del mismo, con sospechas de infidelidad por parte de él; 2) el propio título de la canción, "casualmente" uno de los barrios de la ciudad natal del cantante; 3) la alusión a la palabra "perla" en el sencillo "Promesa", cantado por Rosalía, pero dentro del álbum RR (2023), publicado por ambos; y 4) una estrofa de la canción que tratamos ("su masterpiece, su colección de bras"), que parece señalar al interés del cantante, reconocido personalmente, por coleccionar ropa interior de sus fans lanzada al escenario a lo largo de sus conciertos.
UN INTENTO DE ASESINATO SOCIAL
Llegados a este punto, un extraterrestre venido de la galaxia de Andrómeda que leyera lo hasta aquí narrado preguntaría, sorprendido: ¿pero qué relevancia tiene la letra de La perla para toda esta megaintroducción? Y yo le respondería a ese hombrecillo verde, de cabeza grande y cuerpo pequeño, que la trascendencia de la canción estriba en la hipérbole, en la exageración, en el insulto, en la descalificación, en la humillación, en el intento de asesinato civil de una persona, en este caso, Rauw Alejandro. Porque, ¿qué le parecería a cualquiera de nosotros que alguien con el que hubiera mantenido una relación sentimental durante cuatro años, y que, por las razones que fuera, aquella hubiera acabado definitivamente, le espetase en una canción, escuchada millones de veces por todo el mundo, frases del tenor siguiente:
"Ladrón de paz"; "campo de minas para mi sensibilidad"; "estrella de la sinrazón"; "medalla olímpica al más cabrón"; "terrorista emocional"; "mayor desastre mundial"; "rey de la 13 14"; "mientes más que hablas"; "monumento a la deshonestidad"; "si puede, vive en casa ajena"; "red flag andante, tremendo desastre"; "bala perdida"; "la lealtad y la fidelidad es un idioma que nunca entenderá"; o "si le pides ayuda, desaparecerá".
Y, por supuesto, solo queda aquí reflejado lo más fuerte del dichoso sencillo, pero no es lo único.
Desconozco lo que mediaría, lo que acontecería entre marzo y julio de 2023, entre el gozoso compromiso de la pareja de marras y su áspero y estrepitoso final, y teniendo en cuenta que ya han pasado casi tres años del mismo, no queda claro que lo sepamos algún día.
Sin embargo, sí sé claramente que Rosalía no fue asesinada, violada, secuestrada o torturada por su pareja, y que, como mucho, y es solo una suposición, en todo este embrollo pudo mediar una infidelidad. Ante ello, ¿me puede explicar alguien, con dos dedos de frente y con un mínimo de sesera, cómo es posible que la reacción de una persona ante esa hipotética situación sea el infame vómito, el desabrido esputo, el irracional rebuzno, el pegajoso lapo, en fin, el lamentable y vergonzoso contenido de la maldita canción?
LA MÍSTICA DESPECHÁ
Desde que escuché por primera vez La perla, no me pareció de recibo su letra, aunque confieso que su música me gusta. Pero aún me ratifico más en mi opinión sobre la misma cuando veo, oigo y leo que la artista que la ejecuta no solo afirma que el álbum entero e, incluso, su propia vida, tiene como bases fundamentales la trascendencia, la espiritualidad, el crecimiento personal y la mística, sino que auténticas leyendas de la religiosidad femenina de todos los tiempos, como Hildegard von Bingen y Teresa de Jesús han sido referencias absolutas para ella.
¿Qué pensarían estas dos religiosas al escuchar los versos de La perla? ¿Tendría cabida en los conventos y monasterios, que tanto fascinan a la crack catalana, el recital de improperios narrado? ¿Puede ver alguien una correlación entre la supuesta espiritualidad de la megaestrella y el ultraje que supone la letra de la fatídica canción? ¿Puede uno asegurar que está creciendo personalmente después de componer esta oda al asesinato social de su antigua pareja?
Lo dije al principio y lo confirmo al final: ni Rosalía me cae mal ni algunas de sus canciones me dejan de gustar, pero he de reconocer que La perla supone, desde mi humilde punto de vista, un agujero negro, insondable, fétido y maligno, que ha deteriorado enormemente la visión que yo tenía sobre una estrella emergente del mundo de la canción. Porque, en definitiva, ¿alguien se imagina ser Rauw Alejandro, y tener que escuchar a su alrededor millones de veces la dichosa canción? ¿Le haría gracia? Pues eso.











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