martes, 24 de marzo de 2026

LOS CRÍMENES DE PEDREZUELA (PRIMERA PARTE)

DEL CRIMEN QUE NUNCA EXISTIÓ...

Hace cien inviernos, concretamente en el mes de febrero de 1926, emergió de la nada en el pueblo conquense de Tresjuncos un extraño personaje. Su nombre, José María Grimaldos; su apodo, "el Cepa"; su edad, cuarenta y cuatro años. Su aparición en la localidad que le vio nacer dejó incrédulos y estupefactos a los vecinos, que le habían dado por muerto dieciséis años antes (1).

Efectivamente, el 21 de agosto de 1910, el entonces joven pastor, que trabajaba en una finca del alcalde de la también conquense localidad de Osa de la Vega, vendió unas ovejas de su propiedad, que le reportaron trescientas pesetas, y desapareció sin dejar rastro. A las pocas semanas de su evaporación, y ante los continuos rumores que empezaban a correr por los alrededores sobre el posible asesinato de José María a causa del robo del dinero obtenido por la venta de las ovejas, la familia del pastor interpuso una denuncia ante el juzgado de Belmonte. En ella se acusaba del posible crimen a León Sánchez Gascón, apodado "el Pastor", y a Gregorio Valero Contreras, apodado "el Varela", ambos mayoral y guarda respectivamente de la finca en la que también trabajaba el desaparecido.

La denuncia, que acabó sobreseída en septiembre de 1911 por falta de pruebas, volvió a presentarse dos años después ante otro juez del mismo juzgado, y esta vez sí se detuvo a los acusados, comenzando para estos un largo y penoso proceso, que derivó en terribles torturas de la Guardia Civil hacia aquellos para sonsacarles "la verdad", su confesión de culpabilidad (obligada, claro está), su condena en el juicio llevado a cabo en 1918, su prisión ininterrumpida durante doce años, su indulto en el verano de 1925 y su ostracismo social tras salir de la cárcel por la mácula de ser considerados asesinos confesos.

La impactante aparición del "Cepa", aparentemente proveniente de las catacumbas de la vida, aquella mañana de febrero de hace cien inviernos hizo saber a Tresjuncos, a la provincia de Cuenca y a España entera la triste realidad. Y es que aquel maldito 21 de agosto de 1910, el pastor, tras embolsarse los sesenta duros, no fue asesinado por nadie, sino que decidió dar un giro copernicano a su vida. Primero, marchó a tomar unos baños a La Celadilla, laguna situada a cuatro kilómetros de Tresjuncos, a cuyas aguas y barros se asignaban propiedades curativas. Después fue a Camporrobles, localidad en la que trabajó como pastor. Tras un año de estancia allí, se colocó de sirviente en una casa de Cuevas de Uruel. Más tarde, volvió a Camporrobles, luego se dirigió a Fuerte Robles y, finalmente, acabó en Mira, pueblo en el que decidió casarse, a raíz de lo cual el párroco de la localidad pidió por carta a su homólogo de Tresjuncos una partida de bautismo de José María, que fue la espoleta definitiva para que se descubriese la cruda y lacerante verdad.

... A TRES QUE FUERON BIEN REALES

Desde entonces, a la provincia de Cuenca le cayó el sambenito de ser conocida como la "provincia del crimen", aun cuando el supuesto asesinato nunca fue tal. Por contra, y a Dios (o al demonio) gracias, mi entrañable Pedrezuela nunca sufrió un estigma parecido, aunque en ella, durante los años centrales del siglo XX, no solo se produjo un único asesinato real, sino tres.

Vista del cerro San Pedro desde la torre-mirador geodésico cercano a Vistasierra

UNA MAÑANA EN EL CAMPO

El primer suceso a nivel cronológico tuvo lugar en el "otro lao", denominación con que los lugareños de entonces, y aún muchos de ahora (como mi padre y yo), utilizan para referirse al término municipal que se encuentra más allá del río Guadalix, el cual cruza por la vaguada formada por las cuestas entre el casco urbano y la actual urbanización Montenebro, que muchos seguimos llamando indefectiblemente Corepo.

Pues bien, pasadas las edificaciones de la actual colonia, se abre una zona de campo, enorme y solitaria, hasta que llegamos a un terreno cercado, ocupado por numerosas fincas, que en un punto determinado se ve atravesado por un camino estrecho, serpenteante, irregular y en constante ascenso. ¡Cuántas veces llegamos hasta el comienzo del estrecho pasadizo y dejamos el coche, mi pajarillo! ¡Cuántas veces nos bajamos los cuatro y ascendimos la cuesta! ¡Cuánto me acuerdo de la gran cantidad de ocasiones en las que me contaste aquel último viaje de tu padre, por aquel paraje, aquella despedida de sus queridísimas fincas, cuando el hombre, aquel mítico Marco Polo, ya era muy mayor y sabía que no iba a volver más a verlas! Por ahí anda, aunque tú durante mucho tiempo creíste que estaba perdida, una fotografía en la que se os ve a ti, a tu padre, a tu madre, a papá, a Maribel y a mí descendiendo por el camino durante aquella jornada finisecular. 

La verdad es que siempre me gustó mucho ir a aquella zona. Íbamos los cuatro, aparcábamos el vehículo a la entrada de la abrupta pista, y nos internábamos en un mundo solitario y silencioso, entonces carente de peligros, sin personas, sin casi animales, solo vegetación e insectos. Pues bien, la mayoría de aquellos miniviajes de placer tenían por objeto la visita a una finca, propiedad precisamente de mi madre, a través del buen Marco Polo, que se encontraba también casualmente al comienzo de la vereda ascendente y a escasos metros de donde dejábamos el vehículo. La tierra se llamaba, y se llama, El Losar.

En esta finca se encontró el cuerpo del primer crimen. Mil veces me lo contaste, mi pajarillo, pero solo tengo fogonazos en la memoria. Por lo que comentabas, una joven, con discapacidad mental, iba todos los días a realizar tareas agrícolas o ganaderas a una zona cercana a la finca de tu ancestro, que, en la época del suceso, al contrario que en la actualidad, se hallaba muy concurrida, ya que en unos lugares se labraba y en otros, se apacentaba el ganado.

Por lo que se dijo entonces, y tú metabolizaste en el cerebro, lo que pudo pasar es que la citada joven fue un buen día abordada por tres o cuatro hombres que también realizaban labores en los alrededores, los cuales abusaron sexualmente de ella, y que, con mucha probabilidad, ante la amenaza de la víctima de hacer público lo sucedido, la asesinaron con varios disparos de escopeta, depositando el cadáver en El Losar. Un arma aquella, que dio lugar a una fuerte polémica posterior, ya que la persona a la que se acusó de ser el autor material del crimen siempre lo negó, basándose en el hecho, verificado por otros residentes de Pedrezuela, de que en el momento exacto del suceso la citada escopeta se encontraba a buen recaudo en su casa, por lo que difícilmente podía haber sido el asesino.

Muchas veces comentamos este tema, y siempre decías que se había acusado, a nivel social, injustamente a una persona, a lo que yo siempre tenía dudas para responderte, y me acuerdo que muy poco antes de las tristes jornadas del confinamiento, o incluso durante el mismo, volvimos a sacar el tema, y yo te dije que lo mismo me daba que el señor en cuestión hubiera apretado el gatillo o que hubiera colaborado en el crimen sin ser el autor material; que ese personaje repugnante era igual de culpable a mis ojos.

Al final, por lo que me explicabas, el crimen quedó sin resolver, las dudas sobre los implicados quedaron flotando en el aire, y con el tiempo, el triste suceso de aquella chica minusválida se fue olvidando lenta, pero implacablemente. 

UNA NOCHE DE FIESTAS

Años después, se produjo otro tétrico suceso, del que, como el anterior, me referiste en innumerables ocasiones. En este segundo caso, su desarrollo tuvo lugar en el casco urbano, casi en el centro geográfico del pueblo, concretamente en la calle Mayor, en el tramo ahora peatonal (entonces, no), entre las calles San Miguel y Calvario, al lado, o en el mismo lugar, donde hace varios años se alzaba una oficina de CaixaBank (antes, Bankia; antes, Caja Madrid; antes, Caja Rural).  

En aquel lugar vivía un buen hombre. Durante las fiestas patronales del año en cuestión, una o varias personas, probablemente familiares o amigos, le visitaron. En el transcurso de la velada, salieron a relucir ciertas diferencias respecto a cuestiones económicas o de herencia. La conversación fue subiendo de tono hasta que uno de los visitantes, nada anónimos sin duda, cogió un objeto contundente que había en la habitación y golpeó fuertemente al dueño de la vivienda, causándole la muerte.

Dos datos tremendos, o quizá tres, acompañaban siempre tu relato. El primero, que los agresores estuvieron de parranda durante el resto de las fiestas, como si nada hubiera ocurrido. El segundo, que el cadáver tardó en encontrarse horas o días. Y el tercero, que el descubrimiento del crimen se realizó a partir del lastimero rebuzno de un burro, propiedad del finado, que clamaba, triste, su ración diaria de comida, y que puso en aviso a los vecinos.

El resultado final fue parecido al anterior suceso narrado: un muerto, unos culpables velados, pero no acusados, y el triste olvido.

Calle Mayor de Pedrezuela, en la época en la que aún existía la oficina de Caja Madrid (http://www.todosobremadrid.com)

Del tercer hecho luctuoso hablaré dentro de un tiempo, ya que las consecuencias que, con los años, sufrió su principal protagonista acabaron influyendo en una mezquina reacción popular contra mi abuelo Ramón.

(1) Para algunos datos de este sangrante episodio conquense, he acudido a http://historiasdehispania.blogspot.com.










martes, 10 de marzo de 2026

REGRESO AL PLANETA DE LOS SIMIOS

EL PLANETA DE LOS SIMIOS

El sábado 29 de enero de 1977 fue una jornada inolvidable y distorsionadora para mí y para mucha otra gente. Y es que esa noche, en la única cadena de televisión que emitía entonces en España (bueno, también estaba el denominado UHF, es decir, la segunda cadena, pero que entonces la veían "cuatro gatos"), dentro del espacio denominado Sábado Cine se proyectó una sorprendente película de ciencia-ficción, titulada El planeta de los simios, prologada por el inolvidable Manuel Martín Ferrand.

El filme, de 1968, pero estrenado en la pequeña pantalla de nuestro país aquella noche, dirigida por Franklin J. Schaffner, y protagonizada por Charlton Heston, Roddy McDowall, Kim Hunter, Maurice Evans y James Whitmore en sus principales papeles, narraba la increíble historia de un astronauta, George Taylor, que junto a su tripulación tiene un aterrizaje forzoso en un planeta desconocido, habitado por simios inteligentes, que detentan el poder, y que tienen esclavizados a los humanos, quienes, en un salto atrás en la evolución, ni siquiera saben hablar.

Yo, que entonces contaba nueve años, quedé fascinado con las peripecias que pasaba el protagonista, con su amistad con dos de los simios, con el despotismo de los gorilas que gobernaban aquel microcosmos y, sobre todo, con la legendaria escena final, la del astronauta Taylor hincado de rodillas en la playa frente a una Estatua de la Libertad neoyorkina semihundida, que le hacía comprender a aquel, finalmente, dónde se hallaba.

Escena final de El planeta de los simios ("Ciencia ficción en el cine", www.facebook.com, 2-5-21)

UN GORILA, CON INTELIGENCIA Y PODER, GOBIERNA EL MUNDO

Desde hace demasiado tiempo, una estirpe de gorilas, de ideologías antagónicas, que parece haber viajado en el tiempo hacia el pasado, desde aquel año 3978, en el que se desarrollaba el legendario filme, ha ido escalando, metro a metro, la montaña del poder en algunos países occidentales, hasta conseguir, por fin, acceder a los resortes, a las salas de máquinas de los gobiernos de turno.

De entre todos estos primates, destaca uno que, para suerte suya y desgracia de sus propios conciudadanos y de los del resto del mundo, ha logrado instalarse hace ya catorce meses en el número 1600 de la avenida Pensilvania NW, de la ciudad de Washington D. C.

Desde esa elegante y lujosa mansión, residencia desde 1800 de todos los presidentes del país más poderoso de la Tierra, este señor, de cabello rubio, gorra de béisbol roja, corbata del mismo color, con cara de sempiterno enfado y con ademanes prepotentes, inmoderados y sobrados, no solo malgobierna su propia nación (lo cual, al resto de los 8.277.000.000 de habitantes del planeta a día de hoy nos daría igual), sino que se ha creído con el derecho de imponer su ideario a gran parte del mundo a base de manotazos de orangután, haciendo regresar a uno de los escasos países que nació siendo democracia (otras naciones con instituciones representativas y ausencia de regímenes dictatoriales desde sus comienzos son Australia, Canadá, Costa Rica y Suiza) a un papel que algunos creíamos ya superado con el paso de los años.

LA COSA EMPEZÓ UNA FRÍA MAÑANA DE ENERO

A pesar de algunos avisos en esta mala dirección, dados en su anterior mandato (2017-2021), nada es comparable a lo que ha acontecido desde el 20 de enero de 2025. Aquel día, el del ascenso del gran emperador al poder nacional (y mundial), presencié su discurso, y quedé, ciertamente, preocupado a la vista de que sus fundamentales referencias hacían alusión a "yo", "yo", "yo", y "EE. UU"., "EE. UU"., "EE. UU". Daba la clara sensación de que desde el 4 de julio de 1776 (Día de la Declaración de Independencia de la gran nación americana, del que este año se cumplirá el 250 aniversario, que marcó su nacimiento como nación libre y soberana) hasta ese frío de enero, ninguno de los cuarenta y seis anteriores presidentes había aportado nada al país, y este era el único territorio con vida inteligente en el planeta.

Y, efectivamente, fue jurar su cargo aquella aciaga jornada, y comenzar a correr el tiempo de su extravagante y desdichado ideario, algunos de cuyos apuntes dibujó ya en su discurso inaugural.

DE MÉXICO AL "DIA DE LA LIBERACIÓN"

Primero, le tocó el turno a México, advirtiendo el nuevo rey a su Gobierno que pretendía cambiar el nombre del golfo marítimo que lleva el nombre del país azteca desde mediados del siglo XVI, por el del golfo de América, tratando de reforzar así su agenda de "América primero".

Más tarde, puso en su diana a Panamá, amenazando con que se vería obligado a tomar el control del famoso canal (inaugurado en 1914, y que une el mar Caribe y el océano Pacífico a través de ochenta y dos kilómetros), debido a las supuestas injerencias chinas en el mismo, contraviniendo así el acuerdo suscrito en 1977 entre el presidente estadounidense Jimmy Carter y el panameño Omar Torrijos, por el que la nación de las barras y las estrellas (que había sido su propietaria desde su construcción) se comprometía a devolver todo el territorio del canal a Panamá el último día de 1999.

La tercera estación de este triste viacrucis se situó en Canadá. Y es que a S. M. el emperador del mundo se le ocurrió la genial idea de que el país de la hoja de abeto debería formar parte de EE. UU., convirtiéndose de esta manera en el estado cincuenta y uno de la Unión. Tal desvarío se basaba en que ambas naciones habían tenido un pasado común (tras la independencia americana en 1776, miles de colonos ingleses leales a Reino Unido emigraron y se establecieron principalmente en lo que hoy es Ontario), y que juntas formarían un bloque de poder sin igual.

El enfado, natural y lógico, de la sociedad canadiense ante esta intolerable injerencia en su vida nacional, se plasmó pronto, y el 28 de abril del año pasado, en las elecciones federales, el vencedor fue el centroizquierdista Partido Liberal, frente al favorito en las encuestas durante los últimos dos años, Partido Conservador. El mensaje, rotundo, de los ciudadanos canadienses fue "váyase al carajo, señor emperador".

Más tarde, apareció en lontananza Groenlandia, la isla más grande del mundo, y que desde 1933 ha estado bajo la influencia de Dinamarca (salvo el breve período de la Segunda Guerra Mundial), pasando a formar parte de forma definitiva del territorio de este reino en 1953, y consiguiendo una amplia autonomía en 1979. ¿Cuáles fueron las justificaciones para que el nuevo zar rubio ansiara de forma voraz este pedazo de hielo entre el océano Atlántico y el Glacial Ártico? Pues las famosas "tierras raras", de las que quería apoderarse, y, cómo no, la supuesta política china de expansión comercial. Esta vez, el choque con uno de los miembros de la OTAN fue muy duro, el virrey amenazó con invadir el territorio de un aliado, hubo protestas de los ciudadanos de Groenlandia y de Dinamarca, y cuando la cosa se puso ardiendo, solo la amenaza europea, capitaneada por Francia, en forma del denominado "bazoca comercial" de la UE contra EE. UU., paró los pies al gorila jefe, que, finalmente, se conformó con mejorar algo su ya privilegiada posición en la antigua isla verde.

"No hay quinto malo" dice el refrán, y Ucrania, pero especialmente su presidente, Volodímir Zelenski, fueron humillados públicamente el 28 de febrero del pasado año por el presidente y por el vicepresidente de los EE. UU., además de por los periodistas palmeros que cubrían el encuentro entre los tres mandatarios en el Despacho Oval de la Casa Blanca. El pobre líder ucraniano, que soporta una cruel guerra con Rusia desde el 24 de febrero de 2022, había quedado en reunirse con su homólogo norteamericano para firmar un acuerdo, mediante el que, a cambio del mantenimiento del apoyo militar a Ucrania, Estados Unidos conseguía la explotación de minerales en este país. 

Lo que parecía un buen pacto para ambas partes, se convirtió en una encerrona a Zelenski, en la que dos primates enloquecidos insultaron, vejaron y humillaron al líder ucraniano por no haberse mostrado este suficientemente agradecido al apoyo militar norteamericano, además de echarle en cara el que, al no estar ganando la guerra, no podía aquel dictar las condiciones de la paz, y por ello, no encontrarse preparado para ella.  

La escena, televisada, hirió la sensibilidad de muchos, y empezó a mostrar la oscura faceta del gran vendedor de alfombras. Dos meses escasos después, con motivo del sepelio del papa Francisco, el maltratador intentó resarcirse del espantoso episodio ante el mundo, acordando un encuentro con el maltratado en el interior de la basílica de San Pedro, silla frente a silla. Ahora el lobo se vistió de cordero, pero no engañó a nadie: seguía siendo un lobo.

Y así llegamos al sexto episodio de esta saga de Darth Vader, el acaecido el 2 de abril del pasado año. En esa infausta jornada, denominada el "Día de la Liberación", el señor del mundo, con un aparato y una tramoya dignas de Walt Disney, anunció un arancel universal del 10 % sobre todas las importaciones a EE. UU., además de tarifas aún más altas para sesenta países. La rocambolesca escena e idea se basaba en que esos más de sesenta países habían estado ¡aprovechándose! de la nación más rica del mundo durante decenios. Esta vez, la gran tomadura de pelo ha tardado en ser contrarrestada, pero, al final, incluso el Tribunal Supremo americano, en una sentencia del 20 de febrero pasado, declaró ilegales esos aranceles. Por supuesto, a pesar de ello, el gran líder tardó solo unas horas en hacer caso omiso a la Justicia, y se sacó de la manga otros aranceles, esta vez del 15 %. El respeto a la ley no es propio de simios.

ESTACIÓN TERMINI: IRÁN. LAS MISMAS MENTIRAS, 23 AÑOS DESPUÉS

Finalmente, tras otras épicas actuaciones, como su calurosa recepción (estuvo aplaudiéndole sonoramente desde que bajó del avión hasta que le estrechó la mano) al dictador Vladímir Putin en Alaska, con motivo de una reunión para tratar la guerra de Ucrania; la obligación manu militari de aumentar el gasto en Defensa a todos los países de la OTAN al 5 % del PIB (y a las pensiones, a la sanidad, a los servicios sociales, a la educación, al desempleo de esos países, que "les zurzan"); o el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa el 3 de enero pasado, mediante una operación relámpago, que dejó setenta y nueve muertos, pero sin ningún aval de legalidad internacional, a pesar de que la nocturna misión se escudó en la lucha contra el narcotráfico; repito, después de estas bagatelas, llegamos al séptimo día (como en la película sobre los crímenes de Puerto Hurraco), al verdadero "plato fuerte" cocinado por el señor de la oscuridad: la guerra de Irán.

El portaaviones USS Gerald R. Ford se dirige a Oriente Medio (U. S. Navy / Agencia Efe, La Razón, 8-3-26)

En un escalofriante paralelismo a lo acontecido hace veintitrés años con la guerra de Irak, el macaco jefe decidió someter al nauseabundo régimen teocrático y medieval de los ayatolás a una presión militar descomunal, cuya primera justificación fue la posibilidad de que Irán pudiera hacerse con la bomba atómica (cuestión desmentida varias veces por la Organización Internacional de la Energía Atómica); cuya segunda fue el arsenal de misiles balísticos con que contaba el ejército persa, que supuestamente podían alcanzar Estados Unidos, sin tener en cuenta el pequeño detalle de que el radio de acción de aquellos es de 3000 kilómetros, y Estados Unidos e Irán se hallan separados por casi 10.000; y cuya tercera fue la terrible represión desatada por el régimen contra su pueblo, que ha causado un número de muertos estimado entre 5000 y 30.000. 

En todo caso, la intervención militar de Estados Unidos, apoyada por Israel, era un fijo en la quiniela desde que cayó la ficha de Maduro en Venezuela, que neutralizaba a su vez al régimen comunista de Cuba al cortar el suministro de petróleo venezolano a la isla caribeña, e imponiendo sanciones a aquellos países que trataran de proveerla del preciado oro negro. Después de poner en orden su "patio trasero" en América ("derecho" que el gobierno americano rescató en el verano pasado tras aprobar la nueva Estrategia de Seguridad Nacional), el señor de las sombras decidió acabar de reconfigurar el orden internacional, intentando eliminar el último aliado de Rusia y China en Oriente Medio, que esta sí era su verdadera intención. Para ello, decidió jugar dos barajas. La primera, ir acercando a aguas del golfo Pérsico una impresionante flota naval, liderada por el mayor portaaviones del mundo. Y la segunda, jugar la baza diplomática, concretándose esta en tres reuniones entre las delegaciones estadounidense e iraní.

Al final de la tercera, celebrada en Ginebra el pasado 27 de febrero, el mediador omaní, ministro de Asuntos Exteriores de su su país, dio una rueda de prensa en la que, visiblemente optimista, declaró que se habían producido avances significativos en las negociaciones sobre la reducción de las reservas de uranio enriquecido de Irán, y que las dos delegaciones quedaban en volver a reunirse en unos días en Viena

Menos de cuarenta horas después, despreciando olímpicamente la posibilidad de una salida negociada al conflicto, despreciando una paz que estaba al alcance de la mano, despreciando que un pacto (aunque fuera regular) pudiera arruinar una guerra, el macho alfa de la ultraderecha mundial decidió iniciar la ofensiva sobre Irán, escoltado únicamente por su fiel escudero, el primer ministro israelí (¡quién te ha visto y quién te ve, oh, Casa de Sión, yo que lloré por ti tantas veces debido a tus cuitas históricas, desde los lejanos días de la destrucción de Jerusalén en 587 a. C. hasta el pogrom del 7 de octubre de 2023, pasando por la Shoah; y hoy masacrando impunemente a Gaza, a Teherán, a Beirut, sin que se te caiga la cara de vergüenza!) y sumiendo a todo Oriente Medio en el caos más absoluto.

MORALEJAS DE UN MUNDO REGIDO POR MACACOS PODEROSOS

¿Qué lecciones podemos sacar de todo este cúmulo de disparates e insensateces acaecido en el mundo durante los últimos catorce meses?

La primera, y más importante, es que al emperador del planeta le importa un soberano comino la legalidad internacional, tan trabajosamente lograda y con grandes imperfecciones, sin duda alguna, salida del final de la Segunda Guerra Mundial. Para este señor, las reglas no existen, la fuerza de la razón la ignora, tan solo atiende a la razón de la fuerza. Él, su fiel escudero y el dictador ruso están creando un mundo sin códigos.

La segunda es que a este émulo de Napoleón únicamente le interesan los políticos que se pliegan al 100 % a sus designios. Algún lector desnortado pensará que el actual presidente de España (el gobernante más nefasto que ha pisado la vida política española desde la muerte de Franco) ha hecho frente al líder supremo incorrectamente (rechazando su aumento del gasto de Defensa y negándose a que los aviones norteamericanos utilizaran las bases de Rota y Morón para atacar Irán, decisiones con las que estoy totalmente de acuerdo), y que nuestro país va a ser seguramente castigado por ello. Pero es que el gobernante más nefasto de la historia de España desde la muerte de Franco no es el único al que ha tratado de humillar, vocear, insultar y degradar el gran zar ¿Nadie se acuerda ya del trato que este matón de opereta ha dado en los últimos catorce meses a los presidentes o primeros ministros de Ucrania, Canadá, México, Panamá, Dinamarca, Groenlandia, Colombia, Reino Unido y algunos más que se me olvidan? Curiosamente, como buen acosador escolar, nunca se le ha ocurrido enfrentarse directamente con los mayores del colegio, esto es, con Vladímir Putin y Xi Jinping. Con ellos no, con el resto, sí. Vamos, nada nuevo bajo el sol: fuerte con el débil y débil con el fuerte.

¿Y cuál es la causa de este maltrato, de este acoso, de este bullying a esos altos signatarios, entre los que se encuentra el nuestro? Pues simple y llanamente que todos ellos se negaron en redondo a someterse al 100 %, a formar en primer tiempo de saludo, a apoyar felpudescamente al matón de turno.

La tercera y última moraleja de este desgraciado asunto es que las naciones del mundo deben mantener su soberanía, deben mantener su dignidad, deben mantener la cabeza alta ante expresiones hiperbólicas del autoritarismo, como la que estamos describiendo.

ES LA DIGNIDAD, ESTÚPIDO

Enlazando con esto último, (y modificando levemente el famoso eslogan de la campaña presidencial de Bill Clinton en 1992, creado por James Carville), y para acabar, solo añadiré la novelada, pero real, conversación que Salvador Allende, el presidente chileno, tuvo con el entonces embajador norteamericano en la ONU, George H. W. Bush, en diciembre de 1972, antes de la intervención del presidente sudamericano en la ONU, en la que iba a criticar duramente la política del gobierno estadounidense contra las reformas emprendidas en el país del cono sur americano. Esa conversación de Allende con Bush padre (inserta en la magnífica serie Los mil días de Allende, que he visto a principios de año) ejemplifica perfectamente lo que un dirigente debería decir a otro cuando este trate de convertirlo en su lacayo y vasallo:

"Señor Bush, quiero reiterarle el deseo de pueblo de Chile por mantener las mejores relaciones diplomáticas con su Gobierno. Todo esto dentro del marco del respeto mutuo, por supuesto.

Si entiendo bien, usted me está solicitando que yo retire todas las referencias a la ITT [multinacional estadounidense que colaboró activamente con la CIA y el Gobierno de los americanos en la desestabilización del gobierno de Salvador Allende] de mi discurso ante la ONU. Es así, ¿no?

No sé si usted tiene perro, señor Bush, pero le cuento que yo tengo dos y los quiero mucho. Me imagino que usted sabe lo que es la vida de un perro: dormir, comer, pasear, hacer sus necesidades y, sobre todo, obedecer a un amo.

Yo no estoy en política, señor Bush, para recibir condecoraciones ni para ganar las próximas elecciones. Estoy en política porque yo no quiero que mi pueblo viva como un perro. Y para eso es fundamental no tener un amo. Espero que me entienda. Muchas gracias por su llamada, señor Bush. Hasta luego".

Por desgracia, como todo el mundo sabrá a estas alturas, el héroe de esta escena acabó mal nueve meses después. Y es que el amo acabó, finalmente, degollando al perro el 11 de septiembre de 1973.

LOS CRÍMENES OLVIDADOS DE PEDREZUELA (SEGUNDA PARTE)

JUNTO AL POZO Durante los años 40 del pasado siglo se producen el tercer y el cuarto hecho luctuosos, acontecidos en nuestra entrañable Pedr...