martes, 9 de junio de 2026

ESCLAVOS DE LA IDEOLOGÍA

EL AMANECER DEL 78

La Constitución española de 1978, en su capítulo 2.º (Derechos y libertades), sección 1.ª (De los derechos fundamentales y de las libertades públicas), artículo 16, apartado 1, dice lo siguiente: "Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley". Es decir, que la constitución más longeva de nuestra historia (el pasado 18 de febrero superó a la de 1876, con más de 47 años de duración) reconoce que en España existe un pilar fundamental de nuestro entramado legal, que es la libertad ideológica.

LA LIBERTAD IDEOLÓGICA NO NOS VIENE INCLUIDA AL NACER

Vista así la frase, en 2026, en España, a más de medio siglo de la muerte del dictador que gobernó el país durante 36 años y siete meses y medio; repito, contemplado de esta manera el párrafo de marras, no parece tener demasiada importancia. Son tantos años seguidos de democracia, de Estado de derecho, de libertades, que el término "libertad ideológica" parece asociado innatamente a cualquiera al nacer; parece que contamos con él desde siempre; nos parece, en suma, la cosa más normal del mundo.

Sin embargo, a fuerza de ser sinceros y, sobre todo, pedagógicos, el hecho de que una persona pueda pensar, en términos ideológicos, lo que le dé la real gana, y pueda exponer sus opiniones de forma libre y placentera en público, es una conquista relativamente reciente en nuestro país. Porque hasta ese luminoso 6 de diciembre de 1978 (fecha del referéndum mediante el que el pueblo español ratificó nuestra Carta Magna), las anteriores constituciones dejaban mucho que desear en cuestiones de derechos ciudadanos y libertades públicas, mientras que antes de la primera de ellas, la de 1812, las personas que habitaban este país no eran consideradas ciudadanos, sino súbditos del gobernante de turno, fundamentalmente reyes. Difícilmente podría hablarse de libertad ideológica en estos contextos.

LA TENEBROSA SANTA INQUISICIÓN

Y todo ello, sin entrar en tribunales de orden públicochecas e inquisiciones, esto es, en los aparatos de represión de determinados regímenes a lo largo de nuestra historia. Porque sí, hablando sin más de la Inquisición española, creada en 1478 por el papa Sixto IV a petición de los Reyes Católicos, y mantenida oficialmente hasta 1834, año en que fue abolida por la reina Isabel II, esta máquina represora y coercitiva procesó a lo largo de su negra historia a unas 150 000 personas, ejecutando a un número indeterminado de ellas, pero que los especialistas en la materia establecen entre 3000 y 10 000.

Aunque en honor a la realidad, el período de máxima actividad del Santo Oficio se centró entre 1480 y 1530, la verdad es que sus efectos fueron mucho más allá de lo meramente cuantitativo en cuanto al número de perseguidos y ajusticiados (judaizantes, moriscos, protestantes, heterodoxos católicosheterodoxos en costumbres sociales, algunas brujas...). Y es que durante la existencia de este opresivo mecanismo institucional, y entre las materias vigiladas por el mismo, decenas y decenas de generaciones de compatriotas nuestros se vieron abocadas al silencio de sus opiniones ideológicas, al miedo de exponerlas, al petit comité de sus declaraciones, a la contención en las manifestaciones, al freno de la espontaneidad..., y todo ello por miedo a la denuncia, a la delación, a la cárcel, a la tortura, a la ejecución.

A la vista de los perniciosos efectos que tuvo el aparato inquisitorial en España durante 356 años, parece mentira que aún hoy haya muchos ciudadanos y, lo peor, algunos historiadores, que relativicen la cruel acción de aquella institución, basándose en que, en comparación con el número de años que duró su existencia, hubo pocas víctimas; en que existieron otras inquisiciones a lo largo de la historia; o en que la negra policía ideológica fue un peón utilizado por las potencias extranjeras para crear la Leyenda Negra española. A esos apóstoles del relativismo histórico, a esos nostálgicos de los viejos tiempos imperiales, a esos defensores a ultranza de la unión entre el trono y el altar para controlar las mentes y castigar los cuerpos de los disidentes; a todos ellos les diría que pensasen con frialdad y honestidad en los miles de encausados, en los centenares de ejecutados, en las generaciones enteras que no pudieron expresar en público sus ideas, y luego volviesen a reflexionar sobre el tema.

Afortunadamente, toda aquella oscura historia pasó, y ya tan solo puebla el lejano recuerdo colectivo. Y sin embargo, la consecución de la tan ansiada libertad ideológica se ha visto acompañada, en muchísimos casos, por la esclavitud a una ideología, a unas siglas, a una creencia, a una fe. Aquí, en España, sabemos mucho de esto.

CONTRA EL FASCISMO, EL COMUNISMO Y EL NACIONALISMO EXCLUYENTE

A nivel personal, respeto profundamente casi todas las ideologías políticas o filosóficas. Y digo casi todas porque aquellas, como el fascismo (en sus diversas variantes), el comunismo (en sus diversas variantes) o el nacionalismo excluyente, que solo buscan la dictadura de la raza, de la clase o del maldito terruño; aquellas que solo tratan de imponer, mediante el terror, la mentira y la infamia, sus postulados ideológicos; aquellas que no respetan los derechos ciudadanos y las libertades públicas; aquellas que, con su piel de cordero, solo utilizan las vías democráticas para acceder a los resortes del poder, para luego, una vez instaladas allí, quitarse la careta y hacer asomar sus auténticas fauces de lobo; todas esas ideologías señaladas me repugnan profundamente, las considero incompatibles con la democracia y deberían ser arrojadas a las cunetas de la historia.

EL SENTIDO CRÍTICO, ESE ES EL QUID DE LA CUESTIÓN

Fuera de estas auténticas desgracias, de estas lacras sociales, el resto de formas de pensar me parecen respetabilísimas. Pero esto no es óbice para que podamos acabar siendo esclavos de ellas. Porque, efectivamente, desde mi punto de vista, lo que debería acompañar a una ideología no es solo la tolerancia, es decir, el sagrado respeto a la forma de pensar del prójimo, sino, fundamentalmente, el sentido crítico.

EL SUEÑO DE LA RAZÓN PRODUCE MONSTRUOS

¿Qué nos diferencia a los humanos de los chimpancés, nuestro pariente más cercano? Tan solo el 1 % del ADN y, sin embargo, ese escaso material genético nos ha posibilitado llegar a la Luna, fabricar aviones, bajar al abismo Challenger, componer poesía y música, crear obras de arte, curar enfermedades... Por desgracia, ese 1 % de ADN también ha posibilitado liquidar a millones de ucraniamos entre 1932 y 1933, asesinar a seis millones de judíos entre 1939 y 1945, destruir Nagasaki en 1945... Y es que el sueño de la razón produce monstruos, como titulaba, acertadamente, Francisco de Goya uno de sus más famosos aguafuertes en 1799. Y ese sueño razonador es el origen del fanatismo, de la esclavitud a una ideología.

Francisco de Goya: El sueño de la razón produce monstruos, Museo del Prado

LAS SUGESTIVAS PASIONES

Entiendo perfectamente gran parte de esas sumisiones ideológicas, lo cual no quiere decir que la justifique, porque yo, hasta hace unos años, también fui preso de esa enfermedad moral. Y es que dentro del mundo de las pasiones, todas son muy complicadas de combatir. Porque, seamos sinceros: ¿cuántas personas que conozcamos, a los 20 años eran del Fútbol Club Barcelona, y a los 60 del Real Madrid, o viceversa? ¿Cuántas personas eran católicas a los 20 años y ahora, a los 60, son ateas, o viceversa? ¿Cuántas personas que eran de izquierda a los 20 años, ahora, a los 60, son de derecha, o viceversa? ¡Ah, las pasiones, tan sugestivas y tan difíciles de modificar!

NO SE TRATA DE CAMBIAR DE PASIÓN, SOLO DE APLICAR EL SENTIDO CRÍTICO A LA MISMA

Pero yo no estoy pidiendo, aquí y ahora, que un blaugrana se haga merengue, o viceversa; que un católico se vuelva ateo, o viceversa; que un socialdemócrata se convierta en conservador, o viceversa. No, lo que yo reivindico, aquí y ahora, es la autonomía de la persona, la independencia del ciudadano, el sentido crítico del ser humano respecto a la ideología. En resumen, primero el hombre (o la mujer) y después su ideología. Lo contrario es dar al traste con uno de los dones que la lenta evolución humana nos ha regalado a los actuales Homo sapiens sapiens: la inteligencia y el discernimiento entre el bien y el mal.

ES TAN FÁCIL LLEGAR AL FANATISMO...

Es muy lamentable, muy triste, ver a miles de ciudadanos españoles, que se las dan de listos, cultos, formales e, incluso, intelectuales, comportarse como rehenes de ciertas formas de pensar, tan solo porque sus abuelos o sus padres tuvieron esas mismas ideas; porque en su juventud leyeron algún libro revolucionario; porque sus colegas de andanzas pensaban o piensan así; porque si vienen "los otros" acontecerá un apocalipsis; o, simplemente, porque consideran que su ideal es el bueno, el santo, el perfecto, y el del contrario el malo, el diabólico, el equivocado.

En nuestros más de 50 años de democracia (casi 48 si contamos solo desde la aprobación de nuestra actual constitución) hemos visto casi de todo: terrorismo, golpes de Estado, corrupción, crímenes de Estado, apoyo a guerras ilegales, utilización política de atentados... Es verdad que mucha gente ha reconocido que las fuerzas políticas que personificaban sus ideales se equivocaron en determinados momentos, y cambiaron de bando o, simplemente, se volvieron "pasotas" de la vida pública.

SI EL RIVAL POLÍTICO DICE QUE EL SOL SALE POR EL ESTE, ES UN BULO

Sin embargo, aún quedan cientos de miles de ciudadanos que se resisten a aplicar el sentido crítico, la razón, el sentido común a la política, y continúan siendo rehenes de su muy respetable ideología. Cientos de miles de compatriotas que escuchan decir al oponente ideológico que amanece por el este, y dicen que no están de acuerdo. Cientos de miles de hombres y mujeres que ven llover y dicen, para no coincidir con el rival político, que hace sol. Cientos de miles de españolitos de a pie que piensan que haga lo que haga el contrario ideológico, aunque lo haga perfecto, siempre será peor que lo que hagan "los suyos".

La "fontanera" Leire Díez en una comparecencia ante la prensa (https://www.elmundo.es, 4-6-25)

NO HAY OTRA OPCIÓN: SEAN DE LA IDEOLOGÍA QUE SEAN, HAY QUE MANDAR A LOS MALOS GOBERNANTES AL BASURERO DE LA HISTORIA

No pretendo con este artículo (sería presuntuoso por mi parte) hacer cambiar las ideas de nadie. Pero sí les diría a los que ven que muchos de sus actuales representantes políticos "se lo están llevando crudo"; a los que contemplan que muchos de sus dirigentes están chapoteando en cloacas infectas; a los que saben que muchos de sus simpatizantes están poniendo trabas a la acción de la justicia, la policía y la prensa libre; a los que perciben el acelerado desplome de un edificio ideológico entrañable, pero apolillado y putrefacto; a todos ellos les diría que se liberen de sus ataduras doctrinarias, que dejen de ser esclavos de su ideología, que rechacen (vengan de donde vengan) a los malos gobernantes, que les propinen un puntapié y que les manden al basurero de la historia, de donde nunca debían de haber salido. Porque el caso GAL o el caso Bárcenas fueron una inmundicia, y el caso Leire es una inmundicia, y todo el mundo lo sabe ya.

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