martes, 23 de junio de 2026

LA INALTERABILIDAD DEL SER HUMANO

ATENAS, HACIA EL 300 A. C.

Zenón, nacido en torno al año 334 a. C. en Citio, colonia griega en Chipre, era un hombre de negocios, hijo de un mercader llamado Mnaseas. Su juventud transcurrió en el comercio del tinte púrpura, uno de los bienes más exclusivos de la Antigüedad, extraído de los caracoles marinos. La vida del joven Zenón parecía trazada para seguir los pasos de su padre, es decir, trabajar duro, acumular riqueza y mejorar su estatus social.

Sobre el año 300 a. C., el mercader griego navegaba desde Fenicia (territorio en el que hoy se asientan poblaciones del Líbano, Siria e Israel) hacia el puerto ateniense de El Pireo, llevando consigo un valiosísimo cargamento de púrpura. Sin embargo, cerca ya de su destino, una repentina y violenta tormenta azotó su barco, hundiéndolo, y haciéndole perder toda su fortuna. Zenón logró sobrevivir y llegar a la costa, pero en un abrir y cerrar de ojos pasó de ser un hombre rico y respetado a un náufrago empobrecido, un auténtico don nadie.

Muchos en su situación hubieran sentido una amargura cuasieterna o unos irrefrenables deseos de suicidarse, pero para el joven Zenón su particular "hundimiento del Titanic" supuso una auténtica liberación, un giro de 180 % en su vida. Y es que, varado en Atenas, sin dinero y sin nada que hacer, y tras unas serie de vicisitudes, acabó convirtiéndose en discípulo de Crates de Tebas, el representante más genuino de la escuela filosófica del cinismo, de quien aprendió la austeridad, el desprecio por el lujo y la fortaleza ante la opinión pública.

A pesar de aspirar estos puros fundamentos, el joven Zenón sentía que a la corriente filosófica de su maestro le faltaba algo y, por ello, decidió estudiar con otras escuelas: con los megáricos y con la Academia platónica, bebiendo lo mejor de cada una de ellas.

Al final, meses después de su naufragio, Zenón se encontró listo para desarrollar y enseñar sus particulares ideas filosóficas, empezando a dar sus lecciones en la Stoa Poikilé (el Pórtico Pintado), columnata pública en el ágora de Atenas, decorada con murales de batallas históricas, y centro del bullicio de la metrópoli. Allí, en aquel lugar público, a pie de calle, ante todos los ciudadanos que quisieran oírle, Zenón fundó la filosofía estoica (proveniente de Stoa), una corriente inmortal que ha llegado hasta nuestros días, y cuya escuela, inicialmente, no tenía muros porque el mundo era su aula. En definitiva, un ideario para la vida cotidiana.

Escultura del filósofo Zenón de Citio (https://elrincondeaquiles.com)

PAMPLONA, 20 DE MAYO DE 1521

Durante los primeros treinta años de su vida (había nacido en 1491), Ignacio de Loyola fue el típico hijo de una familia noble vasca, dado, según sus propias palabras, "a las vanidades del mundo y principalmente a deleitarse en ejercicios de armas con un grande y vano deseo de ganar honra". Dentro de esta vida relativamente normal en un joven de su edad y estatus social, se incluye un episodio de violencia contra el clero de la parroquia de Azpeitia, con el que él y otros miembros de su clan familiar tenían discrepancias, y que derivó en un proceso penal, del que, finalmente, salió liberado.

Sin embargo, todo cambió en la primavera de 1521. Ese año, el rey francés Francisco I decidió apoyar a Enrique de Albret en sus aspiraciones al trono de Navarra, contando con el apoyo de una facción de la tierra, los agramonteses. Navarra había sido conquistada por las tropas castellanas de Fernando el Católico en 1512, por lo que la ofensiva francesa era considerada como una auténtica invasión.

Ante esta delicada situación, el virrey de Navarra fue a Segovia a solicitar ayuda para defender el territorio, dejando al mando de Pamplona a un subalterno, que acabó teniendo disensiones con los vecinos y el concejo, a raíz de las cuales estos decidieron marcharse.

En mayo de 1521 llegaron a Pamplona Ignacio de Loyola y un hermano suyo, junto con un grupo de soldados que habían reunido en Guipúzcoa, con la intención de defender la ciudad. La inferioridad numérica de los españoles ante los franceses era tan evidente que el hermano del futuro santo decidió huir con algunos soldados. En cambio, este acudió al castillo de la ciudad para participar en el auxilio de la urbe.

El 20 de mayo, lunes de Pentecostés, los franceses, una vez tomada la población, asediaron la fortaleza, y en el fragor de la batalla, una bala de artillería francesa rompió una pierna de Ignacio de Loyola, lastimándole la otra, y dejándolo cojo durante el resto de su vida.

Tras la rendición del fuerte tres días después, Ignacio fue trasladado a la casa familiar de Loyola, en Azpeitia, para recuperarse. Durante su largo y doloroso reposo, y a falta de libros de caballerías en la mansión (muy populares en la época entre los jóvenes nobles), leyó sobre la vida de Cristo y de los santos, iniciándose de esta manera su despertar espiritual.

Después de abandonar Loyola, el joven Ignacio decidió realizar una peregrinación a Jerusalén, siendo su primera etapa una parada de oración a la Virgen Negra, en la abadía de Montserrat. Más tarde, en marzo de 1522, se trasladó a Manresa, donde vivió cerca de un año. Allí, mientras oraba y hacía penitencia diaria en una cueva, comenzó a componer los Ejercicios Espirituales, su obra cumbre, culminando de esta manera su transformación interior.

Años más tarde (15 de agosto de 1534) fundó, junto con otros seis compañeros, la Compañía de Jesús, aprobada oficialmente por el papa Paulo III el 27 de septiembre de 1540 como orden religiosa, una de las más influyentes con las que ha contado el catolicismo.

Vidriera que recrea la herida de Ignacio de Loyola (https://www.elmundo.es, 23-5-21)

CASOS MINORITARIOS

A lo largo de la historia, muchos hombres y mujeres de relevancia pública (como Zenón de Citio o Ignacio de Loyola, o como Pablo de Tarso o Francisco de Borja) o absolutamente anónimos, han visto alteradas, metamorfoseadas, distorsionadas sus existencias por acontecimientos exteriores a las mismas, que han modificado radicalmente sus vidas, que han hecho dirigir sus pasos vitales hacia escenarios radicalmente distintos a los que se esperaba de ellos por sus orígenes, por su familia, por su tránsito durante la juventud.

Sin embargo, los ejemplos de estas alteraciones, de estos cambios sustanciales, de estos golpes de teatro vitales son, dentro del transcurrir histórico, absolutamente minoritarios, apenas unos pocos granos de arena en la inmensidad de una playa, apenas un diminuto oasis en mitad de un gigantesco desierto. Porque lo normal, lo habitual, lo mayoritario, lo casi absoluto es que la persona (tú, yo, el resto del mundo) no cambiemos un ápice en nuestro núcleo interior desde la juventud hasta el día del descenso al inframundo.

Ante esta afirmación rotunda, ante esta frase lapidaria, muchos se revolverán inquietos, otros se reirán y otros tantos la negarán compulsivamente, porque, según todos ellos, ¿cómo es posible decir que el hombre no evoluciona a lo largo de su indeterminada existencia? ¿Cómo aceptar que el ser humano no cambia desde la juventud hasta la vejez? ¿En qué cabeza cabe?

LA EVOLUCIÓN SUPERFICIAL Y LA PROFUNDA

Sin embargo, yo no niego el cambio, la evolución, digamos superficial o meramente biológica. Es evidente que, con los años, uno gana en experiencia, es más sabio, saber hacer más cosas, eso le pasa a todo el mundo. La gente, cada uno en su esfera particular o pública, aprende a poner enchufes, a cocinar, a fregar, a tender, a emitir certificados de vida laboral, a construir viviendas, a conducir autobuses, a reparar atascos, a formar una familia, a cuidar a los hijos, a preocuparse de sus ancestros, a interactuar con su medio circundante de amistades o conocidos, a componer poemas, a redactar guiones de cine, a realizar operaciones quirúrgicas, a escribir libros de historia... En fin, una pléyade de acciones que el ser humano, en el trascurso de su vida, aprende a realizar, dependiendo de sus orígenes, su familia o sus gustos particulares. Esto es una verdad insoslayable.

Pero yo no hablo de la inalterabilidad del ser humano en estos ámbitos, que podríamos catalogar de superficiales o exteriores, sino de los nucleares o interiores. Y es que esta parte profunda del hombre (o la mujer) es la que varía poco o nada desde la juventud, es decir, desde que un ser humano se ha consolidado como persona y como ente autónomo.

LOS RASGOS NUCLEARES DEL SER HUMANO

Habrá casos, no digo yo que no, porque las excepciones suelen fortalecer a la norma, pero ¿cuántas personas conocemos que, a partir de, pongamos por caso, los veinte años, han modificado su forma de ser en ámbitos tan privados, tan particulares, tan íntimos, tan nucleares, como el egoísmo, la avaricia, la bondad, la cicatería, la envidia, la amplitud de miras, la miseria moral, el fanatismo político o religioso, la agresividad, la fortaleza interior, la sociabilidad, la soberbia, la ira, la pereza, la caridad, la mundanidad, la curiosidad, el agradecimiento o la humildad

Por centrarnos en los aspectos más oscuros de las personas, veamos unos pocos ejemplos.

EL FANATISMO POLÍTICO

¿Cúantos terrorista de ETA, provistos de sus verdades absolutas, entendieron que sus vidas descendían precipitadamente por un barranco de maldad y oprobio? ¿Yoyes, Juan Manuel Soares Gamboa, los polismilis del 82...? Porque el resto, por marcar una cruz en un cuestionario, por tener una lacrimógena entrevista con un familiar de un asesinado, por decir un "lo siento" en voz bajita, no, esos miserables no me valen.

EL FANATISMO SOCIAL

¿Cuántas personas que se las dan de cultas, educadas, refinadas, cosmopolitas, viajeras empedernidas, abiertas al mundo, se alegraban, a los veinte años, del mal ajeno (incluso de la muerte) cuando este le ocurría a un rival político, a un ser humano que tuviera ideas diferentes a las suyas o, simplemente, a alguien que le cayera mal por alguna circunstancia personal, y a los setenta y cinco se compadecen de esas mismas personas que tuvieron aquel infortunio? En mi entrañable Pedrezuela, en mi entrañable Moratalaz, en mi entrañable comunidad de vecinos, en mi entrañable lugar de trabajo, he conocido varios casos en el que la inalterabilidad de la miseria humana es indeleble.

LA ENVIDIA

Cuando yo era pequeño, mi padre (hoy, viejo y vulnerable) me dijo una vez que era más fácil encontrar a alguien que te acompañara en el llanto por una desgracia personal o familiar que alguien que te acompañara en la alegría por que te hubiera tocado la lotería. Padre sagaz y perspicaz. Compadecer al prójimo es relativamente sencillo, pero alegrarte de su buena fortuna es ya más complicado (¡ah, la maldita envidia!), y eso no cambia desde los veinte hasta que te mueres.

LA SOBERBIA

¿Qué podemos decir de los "orgullosos pobres", como los definía mi pajarillo, también denominados "soberbios", esos seres que siempre van con la barbilla bien alta, que entran en los lugares cerrados como si se paseasen sobre la alfombra roja del Festival de Cine de Cannes, y que, por supuesto, siempre pontifican cuando hablan, esperando que el resto de los mortales que los contemplamos respondamos "Es palabra de Dios. Te alabamos, Señor"? ¿Modificará con el tiempo su fanfarronería, su superioridad estética y moral? Ni de broma.

EL EGOÍSMO

¿O qué decir del que se preocupa, solo y exclusivamente, de su bienestar personal y familiar más cercano, sin importarle una mierda lo que le ocurre al vecino que tiene en la puerta de al lado? ¿Ese ser "pasota" y egoísta va a cambiar entre su juventud y su vejez? No se lo cree ni él.

EL RENCOR

¿Y qué pensar de aquella persona con la que hace siete años y dos meses tuviste una pequeña discusión, un roce, un "quítame allá esas pajas", y que siete años y dos meses después, al hilo de alguna circunstancia actual, te recuerda aquella historia, para ti totalmente enterrada, pero para ella totalmente viva y coleando dentro de su alma podrida? ¿Evolucionará ese ser en su sempiterno rencor? Ya.

LA IRA Y LA AGRESIVIDAD

Y, por último, y por no convertir este post en una lista interminable de comportamientos oprobiosos, que no cambian durante el trayecto vital, ¿qué podemos hablar sobre los maltratadores, los verbales y los físicos? ¿Alguien piensa, en su sano juicio, que un tío (o tía) que es capaz de insultar, menospreciar o agredir a su pareja sentimental va a cambiar su comportamiento a lo largo de su asquerosa existencia? 

Si alguna de las veinticuatro mujeres asesinadas en España en lo que va de año pudiera volver a la vida y hablar sobre su experiencia, estoy completamente seguro de que nos diría que nunca pensó que aquella pequeña discusión con su pareja en el jardín de su vivienda; aquel rifirrafe durante la cena; aquella mirada airada de su novio (o marido) cuando algún hombre la miraba con deseo por la calle; aquellos gritos recibidos por su pareja por tenerla, supuestamente, abandonada, mientras ella se dedicaba a laborales personales; en fin, que esa mujer nunca hubiera pensado que esa disparatada escalera descendente de la dignidad humana iba a terminar con una cuchillada en la garganta o un martillazo en la cabeza.

Y esa pobre mujer, arrepentida, sin duda, por no haber visto cernirse el peligro sobre ella, hubiera fundamentado su falta de vista en el consabido latiguillo que su pareja (probablemente, buen vecino, agradable de aspecto, simpático, con una vida social plena) la espetaba siempre al día siguiente de su último estallido de cólera: "lo siento, cariño, te aseguro que esto no volverá a ocurrir".

SERES INMUTABLES SALVO QUE NOS OBLIGUEN DESDE "FUERA"

Quizá tenga yo una visión agustiniana, luterana, de concebir el mundo como una Massa damnata (masa condenada); quizá tenga yo una perspectiva especialmente pesimista del género humano. No lo sé. Pero lo que he visto desde hace muchos años, lo que he leído, lo que he escuchado, me lleva a pensar que la parte nuclear, la más profunda de la persona, es inalterable a lo largo del tiempo... salvo que acontecimientos exteriores modifiquen esa ruta automática por los senderos de la vida. Únicamente tragedias sin cuento, desgracias personales o familiares o circunstancias especialmente perturbadoras pueden llegar a modificar ese inmutable núcleo interior de la persona.

Representación de la caída de Pablo de Tarso camino de Damasco (https://www.padreseudistas.com)

QUIZÁ TODOS DEBERÍAMOS SUFRIR UNA CAÍDA DEL CABALLO, CAMINO DE DAMASCO, COMO LE OCURRIÓ A SAULO

Pensándolo fríamente, quizá todos, alguna vez durante nuestra vida, deberíamos pasar por las mismas vicisitudes que acompañaron a Zenón de Citio, a Ignacio de Loyola, a Pablo de Tarso o a Francisco de Borja, para que muchos de nuestros mezquinos comportamientos desaparecieran, y virásemos, definitivamente, 180 % en nuestra triste existencia.

martes, 9 de junio de 2026

ESCLAVOS DE LA IDEOLOGÍA

EL AMANECER DEL 78

La Constitución española de 1978, en su capítulo 2.º (Derechos y libertades), sección 1.ª (De los derechos fundamentales y de las libertades públicas), artículo 16, apartado 1, dice lo siguiente: "Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley". Es decir, que la constitución más longeva de nuestra historia (el pasado 18 de febrero superó a la de 1876, con más de 47 años de duración) reconoce que en España existe un pilar fundamental de nuestro entramado legal, que es la libertad ideológica.

LA LIBERTAD IDEOLÓGICA NO NOS VIENE INCLUIDA AL NACER

Vista así la frase, en 2026, en España, a más de medio siglo de la muerte del dictador que gobernó el país durante 36 años y siete meses y medio; repito, contemplado de esta manera el párrafo de marras, no parece tener demasiada importancia. Son tantos años seguidos de democracia, de Estado de derecho, de libertades, que el término "libertad ideológica" parece asociado innatamente a cualquiera al nacer; parece que contamos con él desde siempre; nos parece, en suma, la cosa más normal del mundo.

Sin embargo, a fuerza de ser sinceros y, sobre todo, pedagógicos, el hecho de que una persona pueda pensar, en términos ideológicos, lo que le dé la real gana, y pueda exponer sus opiniones de forma libre y placentera en público, es una conquista relativamente reciente en nuestro país. Porque hasta ese luminoso 6 de diciembre de 1978 (fecha del referéndum mediante el que el pueblo español ratificó nuestra Carta Magna), las anteriores constituciones dejaban mucho que desear en cuestiones de derechos ciudadanos y libertades públicas, mientras que antes de la primera de ellas, la de 1812, las personas que habitaban este país no eran consideradas ciudadanos, sino súbditos del gobernante de turno, fundamentalmente reyes. Difícilmente podría hablarse de libertad ideológica en estos contextos.

LA TENEBROSA SANTA INQUISICIÓN

Y todo ello, sin entrar en tribunales de orden públicochecas e inquisiciones, esto es, en los aparatos de represión de determinados regímenes a lo largo de nuestra historia. Porque sí, hablando sin más de la Inquisición española, creada en 1478 por el papa Sixto IV a petición de los Reyes Católicos, y mantenida oficialmente hasta 1834, año en que fue abolida por la reina Isabel II, esta máquina represora y coercitiva procesó a lo largo de su negra historia a unas 150 000 personas, ejecutando a un número indeterminado de ellas, pero que los especialistas en la materia establecen entre 3000 y 10 000.

Aunque en honor a la realidad, el período de máxima actividad del Santo Oficio se centró entre 1480 y 1530, la verdad es que sus efectos fueron mucho más allá de lo meramente cuantitativo en cuanto al número de perseguidos y ajusticiados (judaizantes, moriscos, protestantes, heterodoxos católicosheterodoxos en costumbres sociales, algunas brujas...). Y es que durante la existencia de este opresivo mecanismo institucional, y entre las materias vigiladas por el mismo, decenas y decenas de generaciones de compatriotas nuestros se vieron abocadas al silencio de sus opiniones ideológicas, al miedo de exponerlas, al petit comité de sus declaraciones, a la contención en las manifestaciones, al freno de la espontaneidad..., y todo ello por miedo a la denuncia, a la delación, a la cárcel, a la tortura, a la ejecución.

A la vista de los perniciosos efectos que tuvo el aparato inquisitorial en España durante 356 años, parece mentira que aún hoy haya muchos ciudadanos y, lo peor, algunos historiadores, que relativicen la cruel acción de aquella institución, basándose en que, en comparación con el número de años que duró su existencia, hubo pocas víctimas; en que existieron otras inquisiciones a lo largo de la historia; o en que la negra policía ideológica fue un peón utilizado por las potencias extranjeras para crear la Leyenda Negra española. A esos apóstoles del relativismo histórico, a esos nostálgicos de los viejos tiempos imperiales, a esos defensores a ultranza de la unión entre el trono y el altar para controlar las mentes y castigar los cuerpos de los disidentes; a todos ellos les diría que pensasen con frialdad y honestidad en los miles de encausados, en los centenares de ejecutados, en las generaciones enteras que no pudieron expresar en público sus ideas, y luego volviesen a reflexionar sobre el tema.

Afortunadamente, toda aquella oscura historia pasó, y ya tan solo puebla el lejano recuerdo colectivo. Y sin embargo, la consecución de la tan ansiada libertad ideológica se ha visto acompañada, en muchísimos casos, por la esclavitud a una ideología, a unas siglas, a una creencia, a una fe. Aquí, en España, sabemos mucho de esto.

CONTRA EL FASCISMO, EL COMUNISMO Y EL NACIONALISMO EXCLUYENTE

A nivel personal, respeto profundamente casi todas las ideologías políticas o filosóficas. Y digo casi todas porque aquellas, como el fascismo (en sus diversas variantes), el comunismo (en sus diversas variantes) o el nacionalismo excluyente, que solo buscan la dictadura de la raza, de la clase o del maldito terruño; aquellas que solo tratan de imponer, mediante el terror, la mentira y la infamia, sus postulados ideológicos; aquellas que no respetan los derechos ciudadanos y las libertades públicas; aquellas que, con su piel de cordero, solo utilizan las vías democráticas para acceder a los resortes del poder, para luego, una vez instaladas allí, quitarse la careta y hacer asomar sus auténticas fauces de lobo; todas esas ideologías señaladas me repugnan profundamente, las considero incompatibles con la democracia y deberían ser arrojadas a las cunetas de la historia.

EL SENTIDO CRÍTICO, ESE ES EL QUID DE LA CUESTIÓN

Fuera de estas auténticas desgracias, de estas lacras sociales, el resto de formas de pensar me parecen respetabilísimas. Pero esto no es óbice para que podamos acabar siendo esclavos de ellas. Porque, efectivamente, desde mi punto de vista, lo que debería acompañar a una ideología no es solo la tolerancia, es decir, el sagrado respeto a la forma de pensar del prójimo, sino, fundamentalmente, el sentido crítico.

EL SUEÑO DE LA RAZÓN PRODUCE MONSTRUOS

¿Qué nos diferencia a los humanos de los chimpancés, nuestro pariente más cercano? Tan solo el 1 % del ADN y, sin embargo, ese escaso material genético nos ha posibilitado llegar a la Luna, fabricar aviones, bajar al abismo Challenger, componer poesía y música, crear obras de arte, curar enfermedades... Por desgracia, ese 1 % de ADN también ha posibilitado liquidar a millones de ucraniamos entre 1932 y 1933, asesinar a seis millones de judíos entre 1939 y 1945, destruir Nagasaki en 1945... Y es que el sueño de la razón produce monstruos, como titulaba, acertadamente, Francisco de Goya uno de sus más famosos aguafuertes en 1799. Y ese sueño razonador es el origen del fanatismo, de la esclavitud a una ideología.

Francisco de Goya: El sueño de la razón produce monstruos, Museo del Prado

LAS SUGESTIVAS PASIONES

Entiendo perfectamente gran parte de esas sumisiones ideológicas, lo cual no quiere decir que la justifique, porque yo, hasta hace unos años, también fui preso de esa enfermedad moral. Y es que dentro del mundo de las pasiones, todas son muy complicadas de combatir. Porque, seamos sinceros: ¿cuántas personas que conozcamos, a los 20 años eran del Fútbol Club Barcelona, y a los 60 del Real Madrid, o viceversa? ¿Cuántas personas eran católicas a los 20 años y ahora, a los 60, son ateas, o viceversa? ¿Cuántas personas que eran de izquierda a los 20 años, ahora, a los 60, son de derecha, o viceversa? ¡Ah, las pasiones, tan sugestivas y tan difíciles de modificar!

NO SE TRATA DE CAMBIAR DE PASIÓN, SOLO DE APLICAR EL SENTIDO CRÍTICO A LA MISMA

Pero yo no estoy pidiendo, aquí y ahora, que un blaugrana se haga merengue, o viceversa; que un católico se vuelva ateo, o viceversa; que un socialdemócrata se convierta en conservador, o viceversa. No, lo que yo reivindico, aquí y ahora, es la autonomía de la persona, la independencia del ciudadano, el sentido crítico del ser humano respecto a la ideología. En resumen, primero el hombre (o la mujer) y después su ideología. Lo contrario es dar al traste con uno de los dones que la lenta evolución humana nos ha regalado a los actuales Homo sapiens sapiens: la inteligencia y el discernimiento entre el bien y el mal.

ES TAN FÁCIL LLEGAR AL FANATISMO...

Es muy lamentable, muy triste, ver a miles de ciudadanos españoles, que se las dan de listos, cultos, formales e, incluso, intelectuales, comportarse como rehenes de ciertas formas de pensar, tan solo porque sus abuelos o sus padres tuvieron esas mismas ideas; porque en su juventud leyeron algún libro revolucionario; porque sus colegas de andanzas pensaban o piensan así; porque si vienen "los otros" acontecerá un apocalipsis; o, simplemente, porque consideran que su ideal es el bueno, el santo, el perfecto, y el del contrario el malo, el diabólico, el equivocado.

En nuestros más de 50 años de democracia (casi 48 si contamos solo desde la aprobación de nuestra actual constitución) hemos visto casi de todo: terrorismo, golpes de Estado, corrupción, crímenes de Estado, apoyo a guerras ilegales, utilización política de atentados... Es verdad que mucha gente ha reconocido que las fuerzas políticas que personificaban sus ideales se equivocaron en determinados momentos, y cambiaron de bando o, simplemente, se volvieron "pasotas" de la vida pública.

SI EL RIVAL POLÍTICO DICE QUE EL SOL SALE POR EL ESTE, ES UN BULO

Sin embargo, aún quedan cientos de miles de ciudadanos que se resisten a aplicar el sentido crítico, la razón, el sentido común a la política, y continúan siendo rehenes de su muy respetable ideología. Cientos de miles de compatriotas que escuchan decir al oponente ideológico que amanece por el este, y dicen que no están de acuerdo. Cientos de miles de hombres y mujeres que ven llover y dicen, para no coincidir con el rival político, que hace sol. Cientos de miles de españolitos de a pie que piensan que haga lo que haga el contrario ideológico, aunque lo haga perfecto, siempre será peor que lo que hagan "los suyos".

La "fontanera" Leire Díez en una comparecencia ante la prensa (https://www.elmundo.es, 4-6-25)

NO HAY OTRA OPCIÓN: SEAN DE LA IDEOLOGÍA QUE SEAN, HAY QUE MANDAR A LOS MALOS GOBERNANTES AL BASURERO DE LA HISTORIA

No pretendo con este artículo (sería presuntuoso por mi parte) hacer cambiar las ideas de nadie. Pero sí les diría a los que ven que muchos de sus actuales representantes políticos "se lo están llevando crudo"; a los que contemplan que muchos de sus dirigentes están chapoteando en cloacas infectas; a los que saben que muchos de sus simpatizantes están poniendo trabas a la acción de la justicia, la policía y la prensa libre; a los que perciben el acelerado desplome de un edificio ideológico entrañable, pero apolillado y putrefacto; a todos ellos les diría que se liberen de sus ataduras doctrinarias, que dejen de ser esclavos de su ideología, que rechacen (vengan de donde vengan) a los malos gobernantes, que les propinen un puntapié y que les manden al basurero de la historia, de donde nunca debían de haber salido. Porque el caso GAL o el caso Bárcenas fueron una inmundicia, y el caso Leire es una inmundicia, y todo el mundo lo sabe ya.

LA INALTERABILIDAD DEL SER HUMANO

ATENAS, HACIA EL 300 A. C. Zenón , nacido en torno al año 334 a. C. en Citio , colonia griega en Chipre , era un hombre de negocios, hijo de...