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martes, 22 de septiembre de 2026

SOY UN CEUTÍ (UNA CIUDAD QUE SUFRE)

UNA CIUDAD PLENAMENTE ESPAÑOLA DESDE 1668

Situada en un enclave estratégico privilegiado sobre el estrecho de Gibraltar, la antigua Septem Fratres romana fue disputada y habitada, a través de los siglos, por fenicios, cartagineses, bizantinos, visigodos y diversas dinastías islámicas. Y es que su posición geográfica la convirtió desde siempre en un puente natural entre el Atlántico y el Mediterráneo, así como entre Europa y África.

Todos estos bandazos históricos acabaron abruptamente el 21 de agosto de 1415, cuando el rey Juan I de Portugal conquistó la ciudad (el 2 de septiembre, festividad actual de la ciudad autónoma, hace referencia a la fecha, doce días después de la conquista, en que la flota lusa volvió a la metrópoli, quedando Pedro de Meneses como primer gobernador de Ceuta).

Durante 165 años, la ciudad permaneció bajo la administración portuguesa, hasta que en 1580 el rey Felipe II unificó las coronas española y portuguesa tras la muerte del rey portugués Sebastián I en la batalla de Alcazarquivir. Sesenta años después, en 1640, Portugal se rebeló contra la Corona española para recuperar su independencia bajo la dinastía Braganza. Sin embargo, las autoridades y la población ceutíes decidieron mantener su lealtad al rey Felipe IV, y no se sumaron a la revuelta.

La llamada Guerra de Restauración lusitana acabó, finalmente, en 1668, con el Tratado de Lisboa, suscrito entre las coronas española y portuguesa, mediante el que se reconocía la plena independencia de Portugal y la soberanía española sobre Ceuta. Desde entonces, Ceuta ha sido una ciudad española más. En 1956, 288 años después del Tratado de Lisboa, nacía el Reino de Marruecos como Estado moderno independiente...

Bandera de Ceuta (https://amaga.es)

JFK EN BERLÍN

El miércoles 26 de junio de 1963, 149 días antes de su asesinato, el presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy, visitó Berlín. El viaje se enmarcaba dentro del contexto de la Guerra Fría soviético-norteamericana, que azotaba el tablero geopolítico planetario desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Con motivo del XV aniversario del bloqueo de Berlín impuesto por la tiranía comunista de Moscú, que finalmente había degenerado en el levantamiento del Muro más infame el 13 de agosto de 1961, el presidente Kennedy se plantó en aquel bastión de la libertad.

Allí, desde el balcón del edificio del Ayuntamiento del distrito de Schöneberg, pronunció uno de los discursos más célebres de su corto mandato, con el que manifestó su solidaridad hacia los habitantes de aquella ciudad. Durante su alocución, de algo más de nueve minutos, JFK repitió por dos veces, una al principio y otra al final, una frase en alemán, que resumía su idea de que todos los hombres libres, dondequiera que habitaran, eran ciudadanos de Berlín: "Ich bin ein Berliner" (soy un berlinés).

UNA INVASIÓN EN TODA REGLA

Sesenta y tres años después del emblemático discurso del llorado presidente estadounidense, echo en falta que el jefe del Estado español (no por su voluntad, sin duda) se haya plantado en Ceuta para repetir, palabra por palabra, la imborrable frase, adaptada a nuestra geografía: "Soy un ceutí".

Y es que lo que está ocurriendo en la ciudad autónoma desde el pasado 30 de julio es uno de los hechos más graves acontecidos en España durante el último medio siglo. Que una urbe de algo más de 84.000 habitantes haya sido invadida por un contingente de una dimensión parecida a la de la población de aquella es verdaderamente surrealista. Más surrealista aún es que el régimen del sátrapa que gobierna Marruecos alentara, apoyara y supervisara la invasión. Más surrealista todavía es que los servicios de inteligencia españoles avisaran al Gobierno que habita en la Moncloa de que se avecinaba un tsunami, y ese no moviera un solo dedo para impedirlo. Y más surrealista, finalmente, es que, casi dos meses después del 30 de julio, aún queden en Ceuta unos 15.000 invasores.

UNA GUERRA HÍBRIDA

El tema, la explicación de lo acontecido, desde hace muchas semanas está meridianamente claro... salvo para los ciegos voluntarios o los fanáticos irredentos. El dictador de Marruecos ha empleado a cerca de 80.000 personas (no todas marroquíes, pero la inmensa mayoría) en una operación de guerra híbrida (no convencional) contra el Reino de España, para intentar apoderarse de una ciudad reivindicada por el régimen alauita desde la creación de este, en 1956, poniendo las bases también para la colonización de Melilla y, quién sabe en un futuro incierto, de las mismísimas islas Canarias. Los tres puntales formarían parte de ese Gran Marruecos, pretendido por los tres monarcas medievales que han gobernado tiránicamente el país del norte de África desde su independencia. Sin embargo, con ser gravísimo esto, ni muchísimo menos es lo peor.

SI LOS SUPUESTAMENTE BUENOS NO ACTÚAN CONTRA EL MAL...

El filósofo y político conservador británico Edmund Burke (1729-1797) ya advirtió sobre el peligro de la pasividad o la indiferencia ante las injusticias y ante el mal en general en una imborrable cita literaria: "Lo único necesario para que el mal triunfe es que los hombres buenos no hagan nada".

PREGUNTAS INQUIETANTES

Y aquí llegamos al quid de la cuestión: ¿cómo diablos es posible que uno de los países más desarrollados del mundo (España) no haya podido evitar la entrada de 80.000 invasores en el suelo patrio? ¿Por qué los repetidos avisos de los servicios de inteligencia españoles al Gobierno monclovita no surtieron efecto? ¿Por qué casi sesenta días después de la masiva entrada aún permanecen en nuestro país 15.000 invasores?

RESPUESTAS ATERRADORAS

Las respuestas a estas preguntas son bien simples... si uno las quiere ver, y no se hace el tonto, el ciego, el sordo o el fanático. España ha visto violada su integridad territorial porque al Gobierno monclovita no le ha dado la real gana defenderla, debido al chantaje del régimen alauí a través del famoso hackeo del teléfono presidencial; y los invasores continúan dos meses después ocupando una porción de nuestro país porque al Gobierno monclovita le interesa alargar lo más posible esta situación de olla a presión, que es Ceuta hoy día, para que la modélica convivencia de cuatro religiones e innumerables nacionalidades, que ha marcado la vida de la ciudad autónoma durante siglos, se vaya pudriendo lentamente, se vaya deteriorando gradualmente, se vaya destruyendo calculadamente, hasta que haya una explosión social, y en ese momento cumbre, alguien llamado Pedro, Óscar o Félix grite, sonriente y alborozado: "por fin hemos conseguido lo que ansiábamos": hacer volver a España al Duelo a garrotazos, de Francisco de Goya, pensando que esa situación les beneficiará de cara a las elecciones generales del año que viene. Hay que ser muy ruín, muy miserable y muy degenerado.

Duelo a garrotazos, 1820-23, Francisco de Goya (https://www.museodelprado.es)

¿QUÉ LES IMPORTA A ELLOS EL SUFRIMIENTO DE LOS CEUTÍES?

Pero mientras esos intereses rastreros anidan en esa cueva alibababesca, que es el complejo monclovita, Ceuta se hunde irremisiblemente en un pozo sin fondo. ¿Qué le importa al Gobierno monclovita que las playas de la ciudad hayan sido colonizadas por los invasores, y no puedan ser utilizadas por los habitantes ceutíes? ¿Qué le importa al Gobierno monclovita que las grandes superficies comerciales deban ser escoltadas diariamente por militares? ¿Qué le importa al Gobierno monclovita que las pequeñas tiendas hayan perdido una parte sustancial de sus ventas porque la gente no va a comprar, por miedo? 

¿Qué le importa al Gobierno monclovita que las personas mayores tengan pánico a salir a la calle, las chicas jóvenes a volver por la noches de las discotecas o los niños a ir al colegio, teniendo las madres que incluir a estos últimos en sus mochilas un spray de pimienta por si acaso? ¿Qué le importa al Gobierno monclovita el que la gente ceutí tenga miedo a sentarse en una terraza de una cafetería, por si llegan varios invasores a pedirles dinero? 

¿Qué le importa al Gobierno monclovita el aumento exponencial de la delincuencia en la ciudad, de las reyertas entre los propios invasores, de las innumerables violaciones a menores marroquíes por parte de sus propios nacionales, de las agresiones invasoras a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, de la proliferación, en suma, de la varicela, la tuberculosis y la viruela del mono en algunos de los asentamientos invasores?

¿Qué le importa a Pedro, a los Óscar, a Félix toda esta situación? NADA, no les importa NADA. Ellos, a sus cálculos electorales, a su terror a lo que pueda descubrirse en el teléfono presidencial, a su fanatismo ideológico, y Ceuta sufriendo lo que no está en los escritos.

PARALELISMOS HISTÓRICOS

Si uno lo piensa fríamente, la atronadora frase del presidente Kennedy hace 63 años ante el Muro más infame no es tan diferente de la que todos los españoles de bien deberíamos hacer resonar en Ceuta hoy día. Porque entonces, JFK luchaba titánicamente contra el imperio más dañino que ha existido en la historia (la URSS, con permiso de la Alemania nazi); y hoy, la España democrática, constitucional, dialogante, moderada y secular se enfrenta en Ceuta no solo a un régimen africano satrapesco, sino, sobre todo, al Gobierno más letal que ha padecido España desde el 5 de julio de 1976.

martes, 8 de septiembre de 2026

LÁZARO, EN EL INFIERNO DE LOS DESGRACIADOS

"Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: 

atacar naves en llamas más allá de Orión; 

he visto rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. 

Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia". 

(Blade Runner, 1982)

EL DESPERTAR

Después de aquellos insondables cinco días de descenso en picado; después de aquellas aterradoras cuarenta y ocho horas de permanencia en un estado de postración absoluta, colindante con el espacio que se sitúa en la oscuridad de la gruta, en lo más crudo del crudo invierno, en un cielo nocturno carente de estrellas; después de aquel no-tiempo, Lázaro abrió los ojos, y lo primero que musitó fue: "¿pero dónde estoy?" Y una voz en off, que venía de lo bajo (no de lo alto) le respondió: "Estás en el infierno".

Resurreción de Lázaro (icono ruso) (https://peregrinodeloabsoluto.wordpress.com)

BRITANIA, SIGLO VI

Ante sus somnolientos y confundidos ojos, el resucitado percibió un enorme vestíbulo de paredes blancas, con amplios ventanales, innumerables mesas redondas, grandes y cómodos sillones, extraños artilugios con ruedas, cuatro fornidas mujeres vestidas inmaculadamente y, sobre todo, diecisiete extravagantes personajes, que le miraban tal y como los súbditos del rey británico observaron por primera vez a Hank Morgan en la imborrable novela de Mark Twain, Un yanqui en la corte del rey Arturo.

EL PREMIO

Después de casi nueve décadas de existencia; después de su singladura del campo a la ciudad; después de aquellos cincuenta y tres años de unión con aquel refulgente pajarillo; después de alumbrar a dos vástagos; después de trabajar tanto; después de hacer tanto el bien a propios y a ajenos; después de estar dos veces ante el precipicio de la vida; después de haber presenciado, en vivo y en directo, el inacabable y tristísimo hundimiento de aquel angelical Titanic durante veintinueve años seguidos; después de ver la cruel aceleración del mismo ocaso durante los últimos treinta y cinco meses; después de presenciar, también en vivo y en directo, los decadentes y postreros siete meses de aquel dulce y fosforescente gorrioncillo.

Tras tanta penuria, tras tanta miseria, tras tanto pedalear en la infinita bicicleta de la vida, el premio final, la recompensa definitiva ha sido el acceso al infierno de los desgraciados. Porque por mucho que el letrero de la entrada al nuevo espacio vital de Lázaro haga mención a cierto labrador milagrero, nacido en el Mayrit musulmán hace nueve siglos y medio, el auténtico rótulo que debería anteceder al famoso habitáculo es el mismo que aparecía en la puerta del infierno en la Divina Comedia de Dante Alighieri: "Abandonad toda esperanza, vosotros los que entráis". Y es que, en verdad, los que se hallan dentro de aquella mazmorra reluciente...

Entrada al infierno de Dante (https://www.facebook.com)

MORADORES DEL TÁRTARO

En un principio, se encuentra Lola, una anciana venerable (como todos los que comparten su situación), siempre sentada, irremisiblemente sentada en alguno de los amplios y placenteros sillones que pueblan el recinto. La mujer habla poco, pero cuando lo hace es para repetir una incansable letanía, que remite, quizá, a una pretérita edad dorada: "pa-pá, pa-pá, pa-pá, pa-pá, pa-pá...".

Luego está Ángela, una espigada abuela, cuyas frecuentes alocuciones vienen marcadas por frases inconexas, divididas en palabras que pronuncia, remarcando cada sílaba. Aunque su gran aportación sean, sin duda, sus frecuentes conminaciones a que callen todos los que en ese momento se hallan hablando a su alrededor: "chis, chis, chis, chis, chis...".

Más tarde, nos encontramos con Isabel, pequeña fémina que platica mucho, protesta por todo y solivianta al resto del grupo, creando las condiciones necesarias para que, casi todas las jornadas, acabe enzarzándose con algún compañero de batallas (estas, bien reales), y que suele desembocar en algún "hi de puta" o en el lanzamiento de alguna cuchara a la cabeza.

Más tranquilo parece el capitán Manuel, un viejecillo con su eterno jersey verde con el cuello de pico, que, a pesar de saludar algunas veces con la mano en la frente, al estilo militar, nunca estuvo en ninguna guerra ni perteneció a ejército alguno.

También sobresale entre los habitantes del curioso averno Elena, una señora seria, con gafas, que escruta todo a su alrededor, cual búho nocturno, pero que mantiene un escrupuloso y sonoro mutismo.

Y cómo no, hemos de reparar en Mari, una decrépita y huesuda anciana, cuya dentadura inferior es tan grande que, a veces, parece que baila en su boca, y cuyo silencio ilumina la tétrica escena.

EL SILENCIO

Porque, efectivamente, en esta exquisita dependencia del hades, la falta de sonido es una de las notas dominantes, un silencio que apabulla al que entra por primera vez, pero al que uno se acostumbra con el tiempo. ¿Qué parloteos, qué chácharas, qué deliciosas conversaciones habrán tenido todos ellos en el pasado? ¿Cuántas historias habrán salido de sus bocas, cuántas vivencias, cuántos recuerdos?

LA DESMEMORIA

¡Ah, los recuerdos! De la mayoría de sus deteriorados cerebros hace ya tiempo, mucho tiempo, que dejaron de fluir pensamientos, sensaciones, ilusiones, imágenes..., aquellos momentos que se perdieron en el tiempo como lágrimas en la lluvia, tal y como afirmó, de forma lapidaria y crepuscular, el replicante Roy Batty en la icónica escena final del clásico Blade Runner.

Porque si hay un elemento sobresaliente en este tártaro contemporáneo es la presencia fantasmal, invasiva, telúrica, del gran padre de todos los males, del general en jefe de todas las dolencias, del dios de todos los sufrimientos, aquel Mont Ventoux de las aflicciones, en cuya cumbre no existe ni vegetación ni árboles, sino tan solo arena y rocas, a imagen y semejanza de nuestra querida Luna, aquel satélite muerto al que dirijo tantas veces la mirada en las infinitas noches nostálgicas.

EL DESAMPARO

Sin embargo, tan siniestro como el fantasma del padre de todos los dioses, en la genenna de los desgraciados habita otro personaje muy habitual, muy frecuente en este nuestro mundo actual, la soledad. Y es que, salvo a cuatro de los habitantes del cruel abismo, al resto nadie los visita, nadie se acuerda de ellos, nadie les da un poco de calor, como si nunca hubieran existido, como si nunca hubieran nacido, como si nunca hubieran tenido derecho a ser consolados en el invierno de sus vidas. Recuerdo, con nostalgia y dolor, aquellos enfados de mi pajarillo, cuando, en sus innumerables paseos por el barrio, se encontraba con alguna abuela solitaria sentada en algún banco, se ponían a hablar y, ante la pregunta de si la anciana tenía hijos, esta le espetaba que cinco, pero que todos tenían familia y nadie se preocupaba de ella. Aquel lejano recuerdo lo veo hoy trasplantado a este espacio de soledad y silencio.

NO HAY PECADOS, SOLO INFORTUNIO

A pesar de todo, la gran, la enorme, la definitiva diferencia entre el infierno al que hace unos pocos días accedió Lázaro y el que conocemos por las referencias de las culturas hebraica, griega, romana, cristiana o islámica es que sus moradores no residen en él por sus culpas, por sus faltas, por sus pecados, sino solo y exclusivamente por la acción de dos dioses del más allá y del más acá: Cronos y Fortuna. Solo ellos han guiado, en una cruel combinación, a una legión de seres humanos hasta el abismo de los dolientes, hasta el sheol de los afligidos, hasta el infierno de los desgraciados. Y ahí, en ese espectral lugar, habitarás, durante un tiempo indeterminado, mi querido y viejo rey leño.

martes, 23 de junio de 2026

LA INALTERABILIDAD DEL SER HUMANO

ATENAS, HACIA EL 300 A. C.

Zenón, nacido en torno al año 334 a. C. en Citio, colonia griega en Chipre, era un hombre de negocios, hijo de un mercader llamado Mnaseas. Su juventud transcurrió en el comercio del tinte púrpura, uno de los bienes más exclusivos de la Antigüedad, extraído de los caracoles marinos. La vida del joven Zenón parecía trazada para seguir los pasos de su padre, es decir, trabajar duro, acumular riqueza y mejorar su estatus social.

Sobre el año 300 a. C., el mercader griego navegaba desde Fenicia (territorio en el que hoy se asientan poblaciones del Líbano, Siria e Israel) hacia el puerto ateniense de El Pireo, llevando consigo un valiosísimo cargamento de púrpura. Sin embargo, cerca ya de su destino, una repentina y violenta tormenta azotó su barco, hundiéndolo, y haciéndole perder toda su fortuna. Zenón logró sobrevivir y llegar a la costa, pero en un abrir y cerrar de ojos pasó de ser un hombre rico y respetado a un náufrago empobrecido, un auténtico don nadie.

Muchos en su situación hubieran sentido una amargura cuasieterna o unos irrefrenables deseos de suicidarse, pero para el joven Zenón su particular "hundimiento del Titanic" supuso una auténtica liberación, un giro de 180 % en su vida. Y es que, varado en Atenas, sin dinero y sin nada que hacer, y tras unas serie de vicisitudes, acabó convirtiéndose en discípulo de Crates de Tebas, el representante más genuino de la escuela filosófica del cinismo, de quien aprendió la austeridad, el desprecio por el lujo y la fortaleza ante la opinión pública.

A pesar de aspirar estos puros fundamentos, el joven Zenón sentía que a la corriente filosófica de su maestro le faltaba algo y, por ello, decidió estudiar con otras escuelas: con los megáricos y con la Academia platónica, bebiendo lo mejor de cada una de ellas.

Al final, meses después de su naufragio, Zenón se encontró listo para desarrollar y enseñar sus particulares ideas filosóficas, empezando a dar sus lecciones en la Stoa Poikilé (el Pórtico Pintado), columnata pública en el ágora de Atenas, decorada con murales de batallas históricas, y centro del bullicio de la metrópoli. Allí, en aquel lugar público, a pie de calle, ante todos los ciudadanos que quisieran oírle, Zenón fundó la filosofía estoica (proveniente de Stoa), una corriente inmortal que ha llegado hasta nuestros días, y cuya escuela, inicialmente, no tenía muros porque el mundo era su aula. En definitiva, un ideario para la vida cotidiana.

Escultura del filósofo Zenón de Citio (https://elrincondeaquiles.com)

PAMPLONA, 20 DE MAYO DE 1521

Durante los primeros treinta años de su vida (había nacido en 1491), Ignacio de Loyola fue el típico hijo de una familia noble vasca, dado, según sus propias palabras, "a las vanidades del mundo y principalmente a deleitarse en ejercicios de armas con un grande y vano deseo de ganar honra". Dentro de esta vida relativamente normal en un joven de su edad y estatus social, se incluye un episodio de violencia contra el clero de la parroquia de Azpeitia, con el que él y otros miembros de su clan familiar tenían discrepancias, y que derivó en un proceso penal, del que, finalmente, salió liberado.

Sin embargo, todo cambió en la primavera de 1521. Ese año, el rey francés Francisco I decidió apoyar a Enrique de Albret en sus aspiraciones al trono de Navarra, contando con el apoyo de una facción de la tierra, los agramonteses. Navarra había sido conquistada por las tropas castellanas de Fernando el Católico en 1512, por lo que la ofensiva francesa era considerada como una auténtica invasión.

Ante esta delicada situación, el virrey de Navarra fue a Segovia a solicitar ayuda para defender el territorio, dejando al mando de Pamplona a un subalterno, que acabó teniendo disensiones con los vecinos y el concejo, a raíz de las cuales estos decidieron marcharse.

En mayo de 1521 llegaron a Pamplona Ignacio de Loyola y un hermano suyo, junto con un grupo de soldados que habían reunido en Guipúzcoa, con la intención de defender la ciudad. La inferioridad numérica de los españoles ante los franceses era tan evidente que el hermano del futuro santo decidió huir con algunos soldados. En cambio, este acudió al castillo de la ciudad para participar en el auxilio de la urbe.

El 20 de mayo, lunes de Pentecostés, los franceses, una vez tomada la población, asediaron la fortaleza, y en el fragor de la batalla, una bala de artillería francesa rompió una pierna de Ignacio de Loyola, lastimándole la otra, y dejándolo cojo durante el resto de su vida.

Tras la rendición del fuerte tres días después, Ignacio fue trasladado a la casa familiar de Loyola, en Azpeitia, para recuperarse. Durante su largo y doloroso reposo, y a falta de libros de caballerías en la mansión (muy populares en la época entre los jóvenes nobles), leyó sobre la vida de Cristo y de los santos, iniciándose de esta manera su despertar espiritual.

Después de abandonar Loyola, el joven Ignacio decidió realizar una peregrinación a Jerusalén, siendo su primera etapa una parada de oración a la Virgen Negra, en la abadía de Montserrat. Más tarde, en marzo de 1522, se trasladó a Manresa, donde vivió cerca de un año. Allí, mientras oraba y hacía penitencia diaria en una cueva, comenzó a componer los Ejercicios Espirituales, su obra cumbre, culminando de esta manera su transformación interior.

Años más tarde (15 de agosto de 1534) fundó, junto con otros seis compañeros, la Compañía de Jesús, aprobada oficialmente por el papa Paulo III el 27 de septiembre de 1540 como orden religiosa, una de las más influyentes con las que ha contado el catolicismo.

Vidriera que recrea la herida de Ignacio de Loyola (https://www.elmundo.es, 23-5-21)

CASOS MINORITARIOS

A lo largo de la historia, muchos hombres y mujeres de relevancia pública (como Zenón de Citio o Ignacio de Loyola, o como Pablo de Tarso o Francisco de Borja) o absolutamente anónimos, han visto alteradas, metamorfoseadas, distorsionadas sus existencias por acontecimientos exteriores a las mismas, que han modificado radicalmente sus vidas, que han hecho dirigir sus pasos vitales hacia escenarios radicalmente distintos a los que se esperaba de ellos por sus orígenes, por su familia, por su tránsito durante la juventud.

Sin embargo, los ejemplos de estas alteraciones, de estos cambios sustanciales, de estos golpes de teatro vitales son, dentro del transcurrir histórico, absolutamente minoritarios, apenas unos pocos granos de arena en la inmensidad de una playa, apenas un diminuto oasis en mitad de un gigantesco desierto. Porque lo normal, lo habitual, lo mayoritario, lo casi absoluto es que la persona (tú, yo, el resto del mundo) no cambiemos un ápice en nuestro núcleo interior desde la juventud hasta el día del descenso al inframundo.

Ante esta afirmación rotunda, ante esta frase lapidaria, muchos se revolverán inquietos, otros se reirán y otros tantos la negarán compulsivamente, porque, según todos ellos, ¿cómo es posible decir que el hombre no evoluciona a lo largo de su indeterminada existencia? ¿Cómo aceptar que el ser humano no cambia desde la juventud hasta la vejez? ¿En qué cabeza cabe?

LA EVOLUCIÓN SUPERFICIAL Y LA PROFUNDA

Sin embargo, yo no niego el cambio, la evolución, digamos superficial o meramente biológica. Es evidente que, con los años, uno gana en experiencia, es más sabio, saber hacer más cosas, eso le pasa a todo el mundo. La gente, cada uno en su esfera particular o pública, aprende a poner enchufes, a cocinar, a fregar, a tender, a emitir certificados de vida laboral, a construir viviendas, a conducir autobuses, a reparar atascos, a formar una familia, a cuidar a los hijos, a preocuparse de sus ancestros, a interactuar con su medio circundante de amistades o conocidos, a componer poemas, a redactar guiones de cine, a realizar operaciones quirúrgicas, a escribir libros de historia... En fin, una pléyade de acciones que el ser humano, en el trascurso de su vida, aprende a realizar, dependiendo de sus orígenes, su familia o sus gustos particulares. Esto es una verdad insoslayable.

Pero yo no hablo de la inalterabilidad del ser humano en estos ámbitos, que podríamos catalogar de superficiales o exteriores, sino de los nucleares o interiores. Y es que esta parte profunda del hombre (o la mujer) es la que varía poco o nada desde la juventud, es decir, desde que un ser humano se ha consolidado como persona y como ente autónomo.

LOS RASGOS NUCLEARES DEL SER HUMANO

Habrá casos, no digo yo que no, porque las excepciones suelen fortalecer a la norma, pero ¿cuántas personas conocemos que, a partir de, pongamos por caso, los veinte años, han modificado su forma de ser en ámbitos tan privados, tan particulares, tan íntimos, tan nucleares, como el egoísmo, la avaricia, la bondad, la cicatería, la envidia, la amplitud de miras, la miseria moral, el fanatismo político o religioso, la agresividad, la fortaleza interior, la sociabilidad, la soberbia, la ira, la pereza, la caridad, la mundanidad, la curiosidad, el agradecimiento o la humildad? 

Por centrarnos en los aspectos más oscuros de las personas, veamos unos pocos ejemplos.

EL FANATISMO POLÍTICO

¿Cúantos terrorista de ETA, provistos de sus verdades absolutas, entendieron que sus vidas descendían precipitadamente por un barranco de maldad y oprobio? ¿Yoyes, Juan Manuel Soares Gamboa, los polismilis del 82...? Porque el resto, por marcar una cruz en un cuestionario, por tener una lacrimógena entrevista con un familiar de un asesinado, por decir un "lo siento" en voz bajita, no, esos miserables no me valen.

EL FANATISMO SOCIAL

¿Cuántas personas que se las dan de cultas, educadas, refinadas, cosmopolitas, viajeras empedernidas, abiertas al mundo, se alegraban, a los veinte años, del mal ajeno (incluso de la muerte) cuando este le ocurría a un rival político, a un ser humano que tuviera ideas diferentes a las suyas o, simplemente, a alguien que le cayera mal por alguna circunstancia personal, y a los setenta y cinco se compadecen de esas mismas personas que tuvieron aquel infortunio? En mi entrañable Pedrezuela, en mi entrañable Moratalaz, en mi entrañable comunidad de vecinos, en mi entrañable lugar de trabajo, he conocido varios casos en el que la inalterabilidad de la miseria humana es indeleble.

LA ENVIDIA

Cuando yo era pequeño, mi padre (hoy, viejo y vulnerable) me dijo una vez que era más fácil encontrar a alguien que te acompañara en el llanto por una desgracia personal o familiar que alguien que te acompañara en la alegría por que te hubiera tocado la lotería. Padre sagaz y perspicaz. Compadecer al prójimo es relativamente sencillo, pero alegrarte de su buena fortuna es ya más complicado (¡ah, la maldita envidia!), y eso no cambia desde los veinte hasta que te mueres.

LA SOBERBIA

¿Qué podemos decir de los "orgullosos pobres", como los definía mi pajarillo, también denominados "soberbios", esos seres que siempre van con la barbilla bien alta, que entran en los lugares cerrados como si se paseasen sobre la alfombra roja del Festival de Cine de Cannes, y que, por supuesto, siempre pontifican cuando hablan, esperando que el resto de los mortales que los contemplamos respondamos "Es palabra de Dios. Te alabamos, Señor"? ¿Modificará con el tiempo su fanfarronería, su superioridad estética y moral? Ni de broma.

EL EGOÍSMO

¿O qué decir del que se preocupa, solo y exclusivamente, de su bienestar personal y familiar más cercano, sin importarle una mierda lo que le ocurre al vecino que tiene en la puerta de al lado? ¿Ese ser "pasota" y egoísta va a cambiar entre su juventud y su vejez? No se lo cree ni él.

EL RENCOR

¿Y qué pensar de aquella persona con la que hace siete años y dos meses tuviste una pequeña discusión, un roce, un "quítame allá esas pajas", y que siete años y dos meses después, al hilo de alguna circunstancia actual, te recuerda aquella historia, para ti totalmente enterrada, pero para ella totalmente viva y coleando dentro de su alma podrida? ¿Evolucionará ese ser en su sempiterno rencor? Ya.

LA IRA Y LA AGRESIVIDAD

Y, por último, y por no convertir este post en una lista interminable de comportamientos oprobiosos, que no cambian durante el trayecto vital, ¿qué podemos hablar sobre los maltratadores, los verbales y los físicos? ¿Alguien piensa, en su sano juicio, que un tío (o tía) que es capaz de insultar, menospreciar o agredir a su pareja sentimental va a cambiar su comportamiento a lo largo de su asquerosa existencia? 

Si alguna de las veinticuatro mujeres asesinadas en España en lo que va de año pudiera volver a la vida y hablar sobre su experiencia, estoy completamente seguro de que nos diría que nunca pensó que aquella pequeña discusión con su pareja en el jardín de su vivienda; aquel rifirrafe durante la cena; aquella mirada airada de su novio (o marido) cuando algún hombre la miraba con deseo por la calle; aquellos gritos recibidos por su pareja por tenerla, supuestamente, abandonada, mientras ella se dedicaba a laborales personales; en fin, que esa mujer nunca hubiera pensado que esa disparatada escalera descendente de la dignidad humana iba a terminar con una cuchillada en la garganta o un martillazo en la cabeza.

Y esa pobre mujer, arrepentida, sin duda, por no haber visto cernirse el peligro sobre ella, hubiera fundamentado su falta de vista en el consabido latiguillo que su pareja (probablemente, buen vecino, agradable de aspecto, simpático, con una vida social plena) la espetaba siempre al día siguiente de su último estallido de cólera: "lo siento, cariño, te aseguro que esto no volverá a ocurrir".

SERES INMUTABLES SALVO QUE NOS OBLIGUEN DESDE "FUERA"

Quizá tenga yo una visión agustiniana, luterana, de concebir el mundo como una Massa damnata (masa condenada); quizá tenga yo una perspectiva especialmente pesimista del género humano. No lo sé. Pero lo que he visto desde hace muchos años, lo que he leído, lo que he escuchado, me lleva a pensar que la parte nuclear, la más profunda de la persona, es inalterable a lo largo del tiempo... salvo que acontecimientos exteriores modifiquen esa ruta automática por los senderos de la vida. Únicamente tragedias sin cuento, desgracias personales o familiares o circunstancias especialmente perturbadoras pueden llegar a modificar ese inmutable núcleo interior de la persona.

Representación de la caída de Pablo de Tarso camino de Damasco (https://www.padreseudistas.com)

QUIZÁ TODOS DEBERÍAMOS SUFRIR UNA CAÍDA DEL CABALLO, CAMINO DE DAMASCO, COMO LE OCURRIÓ A SAULO

Pensándolo fríamente, quizá todos, alguna vez durante nuestra vida, deberíamos pasar por las mismas vicisitudes que acompañaron a Zenón de Citio, a Ignacio de Loyola, a Pablo de Tarso o a Francisco de Borja, para que muchos de nuestros mezquinos comportamientos desaparecieran, y virásemos, definitivamente, 180 % en nuestra triste existencia.

martes, 28 de abril de 2026

¡VADE RETRO, COCHE DE COMBUSTIÓN!

LOS MIEDOS EN OCCIDENTE

En 1978, el prestigioso y llorado historiador francés Jean Delumeau (1923-2020) publicó una de las grandes obras de toda su prolífica carrera, La peur en Occident, XIVe-XVIII siècle (El miedo en Occidente, siglos XIV-XVIII). A lo largo de más de seiscientas páginas, este monumental volumen (que, por cierto, leí con fruición en la época de elaboración de la tesis doctoral) traza el retrato de una sociedad traumatizada por la peste, las guerras, las disputas religiosas y la inseguridad permanente, y analiza la instrumentalización del terror, sobre todo por parte de la Iglesia.

Por las hojas de este fantástico libro, Delumeau hace pasar varias figuras prototípicas del espanto de aquellos convulsos siglos: la mujer, la bruja, el hereje, el judío, el musulmán, el demonio... Todos ellos, símbolos del miedo en el imaginario colectivo de la Europa occidental durante más de medio milenio. Figuras todas ellas despreciables para la ideología dominante política y religiosa de la época, que acababan poblando los terrores cotidianos de los hombres y mujeres de la época.

Con el paso del tiempo y el cambio de las coordenadas políticas, económicas, sociales, religiosas y culturales, aquellos tizones del horror, aquellos rescoldos del pavor, fueron desvaneciéndose entre la bruma, y aunque muchos individuos y algunas sociedades concretas continuaron teniendo aversión a algunas de las figuras citadas, el imaginario colectivo, en líneas generales, las fue devolviendo al océano del recuerdo.

LOS NUEVOS CLÉRIGOS Y LOS NUEVOS PARIAS

Pasaron doscientos años, y otra ideología dominante, tan dañina y siniestra como la que el gran historiador allende los Pirineos describió, se fue instalando lenta, pero implacablemente otra vez en Occidente, solo que en esta ocasión las víctimas propiciatorias, los parias de turno, los nuevos terrores de finales del milenio y comienzos del siguiente cambiaron radicalmente de bando. Porque para los nuevos popes, para los nuevos inquisidores, para los nuevos cazadores de brujas, para los nuevos odiadores profesionales, el mundo resultaba dividido, nuevamente, en dos partes, el cielo y el infierno, esta vez laicos. Y este nuevo caldero humeante, el del infierno, quedaba adjudicado a figuras tan paradigmáticas como el hombre (el varón), el heterosexual, el nacional, el blanco, el católico, el cazador, el fumador, el que consume carne o azúcar... o el coche de combustión. ¿Cómo es posible haber llegado a esta disparatada situación? Es difícil explicarlo, pero haberlo, haylo.

DE BENZ Y DAIMLER HASTA HOY

La historia de la automoción (1), en sentido estricto, comienza a finales del siglo XVII, cuando aparecen los primeros vehículos autopropulsados, distintos ya a los de tracción animal. Durante aproximadamente doscientos años, el vapor fue el medio de proyección dominante. Pero a finales del siglo XIX, concretamente en 1885, el ingeniero alemán Carl Benz (1844-1929) construyó un motor de cuatro tiempos con un cilindro horizontal de 954 cm3 de desplazamiento, que podía girar a 400 rpm y alcanzar una potencia de 0,75 cv, y que integró en un vehículo de tres ruedas.

El triciclo motorizado de Benz, conocido como Benz Patent-Motorwagen, fue una novedad absoluta en todo el mundo, ya que se convirtió en el primer coche impulsado por un motor de combustión interna (gasolina). El 29 de enero de 1886, el ingeniero alemán patentó su artefacto, considerándose aquel día como el del nacimiento del automóvil. La primera aparición pública del novedoso ingenio ocurrió el 3 de julio de ese año, en la localidad alemana de Mannheim, desde donde, para demostrar su idoneidad en el viaje a larga distancia, el vehículo fue conducido, a 16 km/h, por Bertha, la esposa de Carl, acompañada de sus adolescentes hijos, hasta la ciudad de Pforzheim, a 104 kilómetros de distancia.

Increíblemente, ese mismo año, y a un centenar de kilómetros de trayecto del pionero Benz, y sin conocerle, el también ingeniero alemán Gottlieb Daimler (1934-1900) creó el primer vehículo motorizado de cuatro ruedas. Las invenciones de ambos personajes trajeron una nueva dimensión a la movilidad, que quedó "democratizada" del todo, es decir, asequible al gran público, con Henry Ford (1863-1947), quien empezó a producir en masa su Ford modelo T (creado en 1908) en una planta de cadena de montaje de Detroit el 7 de octubre de 1913.

Desde entonces hasta ahora, millones de personas han utilizado el coche de gasolina y de gasoil en su vida cotidiana para ir al trabajo, para salir de compras al hipermercado, para quedar por la noche con los amigos, para ir de vacaciones a la playa o a la montaña, en suma, para hacer lo que le diera la real gana, que en eso consiste la libertad, concepto que los nuevos clérigos nunca entenderán, ya que sus enflaquecidas meninges quedaron varadas en el 8 de noviembre de 1989 en Berlín, el día antes del gran cambio.

EL ANCIEN RÉGIME TRANSMUTA Y SE VISTE DE CORDERO

Sin embargo, a pesar de que la libertad se disparó a chorros por todas partes después de la noche liberadora de aquel dorado onceno mes, los sicarios del Ancien Régime se resistieron a morir, y se transmutaron en feministas, pacifistas, indigenistas, inclusivos, resilientes y, por supuesto, ecologistas. Y de todos los enemigos que crearon estos apóstoles de la nueva "Ideología", sobresalió uno por encima de todos: nuestro querido vehículo de combustión. ¿Cómo podía ser que este -según ellos- artilugio burgués y contaminante siguiera siendo utilizado por la inmensa mayoría de los abnegados ciudadanos de Occidente, incluida España? ¿A quién, con un mínimo de sesera -se preguntaban nuestros nuevos profesores de moral- se le podía ocurrir seguir transitando por calles, avenidas, autovías, autopistas y carreteras secundarias con aquel instrumento motorizado, antiguo y casposo?

COMIENZA EL TSUNAMI LIBERTICIDA

Y así, las élites dominantes, políticas sobre todo, pero también las mediáticas, culturales y educativas, comenzaron una cruzada contra el maldito coche de gasolina y diésel, que dura hasta el día de hoy. Porque en aras de algunos estudios científicos (yo podría contraponer otros, tan serios o más, tanto en cantidad como en calidad) que apuntaban a que el fin del planeta se acercaba raudo y veloz (como en el año 1000), debido a la contaminación ejercida por los materiales fósiles (sin tener en cuenta fenómenos naturales que han actuado a lo largo de la historia con muchísima más influencia en el cambio climático, como el vulcanismo), llegó el tsunami liberticida.

Ilustración del Apocalipsis realizado por el taller de Lucas Cranach (https://www.elmundo.es, 1-3-2019)

THE GREEN CAR

Primero, nuestros políticos de turno, de diferente pelaje ideológico eso sí, nos vendieron las bondades del coche eléctrico, ese artefacto caro y con problemas estructurales de autonomía, que muy pocos compran (el 9 % en España en 2026) y del que muchos alardean por respetar la naturaleza, sin tener en cuenta que los catalizadores de los vehículos de combustión hace ya muchos años que reducen eficientemente las emisiones tóxicas. A pesar de las amenazas, advertencias y admoniciones de los nuevos predicadores, la gente, el común de los mortales no se ha acabado de fiar, no se ha dejado engañar por el gran embuste, y el parque automovilístico del nuevo becerro de oro continúa estancado en España. Por algo será.

LA UE PIERDE EL NORTE Y LA VERGÜENZA

Pero la locura, el disparate, la hipérbole medioambientalista llegó a su clímax en febrero de 2023, cuando la Unión Europea (esa misma que no consigue unirse para hacer frente a la disparatada guerra del gran emperador del pelo rubio y su lacayo sionista en Irán y el Líbano) ratificó la prohibición de fabricar coches nuevos con motor de combustión a partir del 1 de enero de 2035. Como es lógico, la gran tomadura de pelo, la gran medida liberticida, fue saludada con fruición por las huestes mediáticas, sociales, culturales y educativas del ecologismo fake como el gran logro del siglo, cuando para el ciudadano de a pie, que se levanta todas las mañanas para ir a trabajar, solo suponía una quiebra de su sagrada libertad.

Menos mal que Alemania, Italia y algunos otros países con alguna cordura (no es el caso de España, cuyo Gobierno apoyó la medida perrunamente) hicieron presión para revocar el gran desatino, y a finales del pasado año la Comisión Europea dio marcha atrás en su ultimátum de 2035, estableciendo una normativa que permitiera dar más flexibilidad a los fabricantes para alcanzar los objetivos de CO2. No es que esto sea la panacea, pero algo es.

LOS SÓVIETS ANTICIRCULACIÓN

Después del pretendido vehículo verde y de la desgraciada legislación comunitaria, llegaron las pomposamente denominadas Zonas de Bajas Emisiones (ZBE), auténticos cotos cerrados para el burgués coche de toda la vida, debido a sus "infernales" emisiones de dióxido. En Madrid capital las inauguró en 2019 una alcaldesa, de cuyo nombre no quiero acordarme, y las ha mantenido intactas otro alcalde, cuyo nombre tampoco quiero recordar. Antes de 2019, ya existían las Áreas de Prioridad Residencial (APR), que eran zonas de la ciudad en cuyas calles solo podían transitar vehículos de residentes, pero los nuevos regidores del Palacio de Cibeles decidieron que eso no bastaba, y crearon y mantuvieron un área de 605 km2 vetado al vehículo de combustión.

Europa (decian los políticos verdes-rojos y verdes-azules) nos compele a crear Madrid Central (como se denominó al principio el gran parque temático de la exclusión) para reducir las emisiones tóxicas. Ya, ya, pero lo que no nos cuentan esos mismos políticos es que Europa no obliga a secuestrar la libertad, a cerrar al tráfico concretamente las calles de Atocha, Alcalá o Gran Vía. No, eso no lo dice nadie, mentirosos personajes. Lo que pasa es que es más cómodo crear, de golpe y porrazo, un sóviet anticirculación que idear medidas más acordes con las necesidades reales del medio ambiente y del ciudadano, estableciendo un equilibrio entre ambas. Puestos a legislar, ¿por qué no prohibir la circulación en todo el perímetro urbano o, a més a més (como diría un catalán), prohibir directamente los vehículos de combustión?

"SI NO PUEDES APARCAR, NO TENGAS COCHE, ¡COÑO!"

Por extensión, una cuarta pata en el sofisticado sistema de expulsión de todo lo que huela a coches de gasolina y gasoil fueron los hilarantes carriles-bici y sus necesarios escuderos, los tótem o estacionamientos para bicicletas eléctricas y patinetes. Cientos y cientos y cientos de plazas de aparcamiento en superficie fueron sacrificadas en el altar del gran dios del Medioambiente. Para que unos pocos chavales circulen a sus anchas con sus bicicletas por esos pasillos privilegiados de la capital, miles de sufridos y anónimos ciudadanos tienen que hacer virguerías y gastar su valioso tiempo todos los días para poder aparcar sus vehículos de toda la vida. Cojonudísimo.

Podríamos seguir, y no pararíamos, en esta escalera de locura hacia la nada, pero los ejemplos citados son claros exponentes de la cruzada cruel e inmisericorde que políticos y palmeros de estos llevan a cabo desde hace mucho, mucho tiempo, contra nuestro querido coche de combustión.

Reverso de la medalla de san Benito, donde aparecen las siglas de la oración Vade retro, Satana (https://x.com)

FRENTE AL APOCALIPSIS, LA LIBERTAD Y LA CIENCIA

¿Y por qué -preguntará alguno- le da usted tanta importancia a este tema? Pues, fundamentalmente, porque creo en la libertad en su concepto más amplio, y en la libre elección del medio de transporte. ¿Que hay gente a la que le gusta el coche eléctrico, el híbrido, la moto, la bicicleta o el patinete para desplazarse? Lo respeto profundamente. Pero precisamente por eso, exijo que se me respete mi decisión de utilizar un vehículo de gasolina. Y no me vengan con sermones medievales (¡Vade retro, Satana!) para culpabilizarme por un cambio climático en el que el hombre tiene infinitamente menos influencia que lo que muchos apóstoles del apocalipsis medioambiental afirman con prepotencia, afán de superioridad moral y certeza bobalicona todos los días y a todas horas.

(1) Para algunos datos de la historia de la automoción, he consultado la página de internet https://lamercedpilar.com.

martes, 10 de febrero de 2026

ROSALÍA, UNA PERLA DE MUCHO "CUIDAO"

UNA ARTISTA CON CIFRAS ESTRATOSFÉRICAS

Que quede claro desde el principio, que a mí, Rosalía Vila Tobella, más conocida como Rosalía (San Esteban Sasroviras, Barcelona, 25 de septiembre de 1992), no me cae mal. No es que sea muy fan de ella, pero es verdad que algunas de las canciones de sus tres primeros álbumes, como Malamente, La fama, Despechá o Motomami me gustan bastante. Quiero decir con esto, que su música me atrae de alguna manera, y me hallo (como otros millones de personas) dentro de su radio de acción musical.

Lo que sí me sorprendió siempre mucho del personaje en cuestión antes de publicar su último e icónico disco, Lux, es que con tan solo tres álbumes de estudio editados a sus espaldas, que incluían en total la sorprendente y, ciertamente, corta cifra de quince sencillos; repito, lo que siempre me sorprendió es que gran parte de los medios de comunicación (radio, televisión, prensa escrita e internet) la consideraran ya una de las artistas españolas de la canción más grandes de la historia. 

Es verdad, hay que reconocerlo, que el número de distinciones y premios obtenidos por la diva catalana entre 2017 y 2024 es sencillamente impresionante, alcanzando los ochenta, entre los que se incluyen dos Grammy, catorce Latin Grammy, cuatro MTV VMAS y cinco Los 40 Music Awards.

A todo este poderío hay que sumar, naturalmente, la cifra de discos vendidos y escuchados (especialmente este último, a través de las diversas plataformas de internet), así como la del conjunto de sus conciertos, como el llevado a cabo en su gira Motomami World Tour, que durante 2022 y 2023 sumó sesenta y ocho actuaciones, recorriendo veintiún países y reuniendo a más de dos millones de personas.

LUX, ENTRE LA ESPIRITUALIDAD Y LA TRASCENDENCIA

Y en estas estábamos, con la crack catalana en guarismos astronómicos, cuando llegó Lux. Este cuarto álbum de estudio, que ha tenido una recepción magnífica por parte de la crítica musical y que se ha convertido en número uno en diversas listas a nivel mundial (Alemania, Austria, Bélgica, España, Estados Unidos, Portugal y Suiza), ha roto en gran parte con el pasado sonoro de Rosalía, ya que, según declaraciones suyas y de su equipo de prensa, ha tratado de explorar "temas líricos de mística femenina, transformación y trascendencia, inspirándose sus canciones en las relaciones románticas de la cantante y en su relación con Dios".

A esta explosiva publicación ha añadido Rosalía la presentación del álbum, el pasado 7 de noviembre, en Times Square (Nueva York) y en la plaza del Callao (Madrid), donde cientos de personas observaron, sorprendidas, el atuendo monjil de la cantante impreso en las pantallas luminosas de la noche, portada del disco. A ello se unía el hecho de que, en las semanas previas y posteriores al lanzamiento del mismo, la artista no paró de dar entrevistas y hacer declaraciones en las redes sociales, en las que manifestaba, sinceramente, su admiración hacia el mundo de los conventos y los monasterios, hacia la vida contemplativa, hacia la vida espiritual en suma. A tanto ha llegado el fenómeno, que algunos media hablan ya de un renacimiento del cristianismo, fomentado por personajes mediáticos como ella y otros muchos, así como por el tratamiento que el tema está teniendo en las redes.

UN AGUJERO NEGRO EN EL ICÓNICO ÁLBUM

Sin embargo, en este viaje introspectivo de misticismo, santidad, trascendencia, crecimiento personal y espiritualidad, existe también una parte inquietante, oscura, tenebrosa. Me refiero a la canción La perla, estrenada el 5 de diciembre pasado, y que en la actualidad suena sin parar en las radio fórmulas de todo el país. Según la artista, la pieza es una crítica contra algunos desengaños amorosos del pasado. Así, en una entrevista en 2025 a un medio norteamericano para hablar sobre el sencillo, declaró que "Siempre hay un villano. Hay demasiados villanos. La fe en la masculinidad se ha perdido. Eso es todo lo que diré".

Tratando de ser justos, hemos de decir que los despechos sentimentales convertidos en canción no son nada nuevo, y que hay rastro de tales creaciones artísticas desde hace cincuenta años: 50 Ways to leave your lover, de Paul Simon (1975); Ese hombre, de Rocío Jurado (1979); I forgot that you existed, de Taylor Swift (2019); Flowers, de Miley Cyrus (2023); o la icónica Shakira: BZRP Music Sessions, volumen 53, de Shakira y Bizarrap (2023).

Aunque algunas de estas canciones me encantan, he de decir que este tipo de obras nunca me ha gustado, en el sentido profundo de las mismas, es decir, en la expresión de una crítica pública a antiguos amantes (vida privada) que, por la razón que fuera, dejaron de serlo. Pero es evidente que en este campo, como en otros, existen grados. No es lo mismo una alusión velada a viejos desengaños sentimentales que una letra llena de indirectas e ironía, pero guardando las formas. Un paso más nos descubrió Shakira hace tres años, cuando lanzó su panfleto anti-Piqué. Aquello creó una gran polvareda, pero se halla a años luz de la canción que nos ocupa.

LA VÍCTIMA DE LA PERLA

La inmensa mayoría de entendidos en el mundo de la música y en el de los propios fans de Rosalía llegó, desde el primer momento, a la conclusión de que el verdadero receptor de La perla era el cantante puertorriqueño Raúl Alejandro Ocasio Ruiz, conocido artísticamente como Rauw Alejandro (San Juan, 10 de enero de 1993). Los indicios que apuntaban a este personaje eran variados y contundentes: 1) una relación sentimental con la crack catalana entre 2019 y 2023, con promesa de boda en marzo de este último año, pero con un abrupto final el 26 de julio del mismo, con sospechas de infidelidad por parte de él; 2) el propio título de la canción, "casualmente" uno de los barrios de la ciudad natal del cantante; 3) la alusión a la palabra "perla" en el sencillo "Promesa", cantado por Rosalía, pero dentro del álbum RR (2023), publicado por ambos; y 4) una estrofa de la canción que tratamos ("su masterpiece, su colección de bras"), que parece señalar al interés del cantante, reconocido personalmente, por coleccionar ropa interior de sus fans lanzada al escenario a lo largo de sus conciertos.

UN INTENTO DE ASESINATO SOCIAL

Llegados a este punto, un extraterrestre venido de la galaxia de Andrómeda que leyera lo hasta aquí narrado preguntaría, sorprendido: ¿pero qué relevancia tiene la letra de La perla para toda esta megaintroducción? Y yo le respondería a ese hombrecillo verde, de cabeza grande y cuerpo pequeño, que la trascendencia de la canción estriba en la hipérbole, en la exageración, en el insulto, en la descalificación, en la humillación, en el intento de asesinato civil de una persona, en este caso, Rauw Alejandro. Porque, ¿qué le parecería a cualquiera de nosotros que alguien con el que hubiera mantenido una relación sentimental durante cuatro años, y que, por las razones que fuera, aquella hubiera acabado definitivamente, le espetase en una canción, escuchada millones de veces por todo el mundo, frases del tenor siguiente:

"Ladrón de paz"; "campo de minas para mi sensibilidad"; "estrella de la sinrazón"; "medalla olímpica al más cabrón"; "terrorista emocional"; "mayor desastre mundial"; "rey de la 13 14"; "mientes más que hablas"; "monumento a la deshonestidad"; "si puede, vive en casa ajena"; "red flag andante, tremendo desastre"; "bala perdida"; "la lealtad y la fidelidad es un idioma que nunca entenderá"; o "si le pides ayuda, desaparecerá".

Y, por supuesto, solo queda aquí reflejado lo más fuerte del dichoso sencillo, pero no es lo único.

Desconozco lo que mediaría, lo que acontecería entre marzo y julio de 2023, entre el gozoso compromiso de la pareja de marras y su áspero y estrepitoso final, y teniendo en cuenta que ya han pasado casi tres años del mismo, no queda claro que lo sepamos algún día.

Sin embargo, sí sé claramente que Rosalía no fue asesinada, violada, secuestrada o torturada por su pareja, y que, como mucho, y es solo una suposición, en todo este embrollo pudo mediar una infidelidad. Ante ello, ¿me puede explicar alguien, con dos dedos de frente y con un mínimo de sesera, cómo es posible que la reacción de una persona ante esa hipotética situación sea el infame vómito, el desabrido esputo, el irracional rebuzno, el pegajoso lapo, en fin, el lamentable y vergonzoso contenido de la maldita canción?

Rosalía y Rauw Alejandro en la gala de Los 40 Music Awards, en 2021 (Marca, 3-11-23)

LA MÍSTICA DESPECHÁ

Desde que escuché por primera vez La perla, no me pareció de recibo su letra, aunque confieso que su música me gusta. Pero aún me ratifico más en mi opinión sobre la misma cuando veo, oigo y leo que la artista que la ejecuta no solo afirma que el álbum entero e, incluso, su propia vida, tiene como bases fundamentales la trascendencia, la espiritualidad, el crecimiento personal y la mística, sino que auténticas leyendas de la religiosidad femenina de todos los tiempos, como Hildegard von Bingen y Teresa de Jesús han sido referencias absolutas para ella.

¿Qué pensarían estas dos religiosas al escuchar los versos de La perla? ¿Tendría cabida en los conventos y monasterios, que tanto fascinan a la crack catalana, el recital de improperios narrado? ¿Puede ver alguien una correlación entre la supuesta espiritualidad de la megaestrella y el ultraje que supone la letra de la fatídica canción? ¿Puede uno asegurar que está creciendo personalmente después de componer esta oda al asesinato social de su antigua pareja?

Lo dije al principio y lo confirmo al final: ni Rosalía me cae mal ni algunas de sus canciones me dejan de gustar, pero he de reconocer que La perla supone, desde mi humilde punto de vista, un agujero negro, insondable, fétido y maligno, que ha deteriorado enormemente la visión que yo tenía sobre una estrella emergente del mundo de la canción. Porque, en definitiva, ¿alguien se imagina ser Rauw Alejandro, y tener que escuchar a su alrededor millones de veces la dichosa canción? ¿Le haría gracia? Pues eso.

martes, 11 de noviembre de 2025

CULTURA VS. EDUCACIÓN (MI ABUELO RAMÓN)

UN HOMBRE QUE SABÍA ESTAR

Mi abuelo Ramón (así le llamaba toda la familia, aunque su verdadero nombre de pila era Juan Ramón) fue un hombre, en consonancia con la época que le tocó vivir (nació en 1895), que tuvo una formación académica escasa, por no decir nula. Ello no fue óbice para que, según los testimonios que bebí de ti, mamá, a lo largo de varias décadas, siempre se comportara en privado y en público de forma prudente, juiciosa y educada.

En sus constantes andanzas entre Pedrezuela y Madrid, para contratar los productos que luego vendería en la pescadería sita en la planta baja de su vivienda; en sus visitas a familiares o amigos en la capital; en su vida social, en suma, nunca se le escapaba una palabra malsonante, una frase estridente, una expresión fuera de lugar. Si alguien le saludaba, él saludaba; si entraba en una casa, un local o una dependencia siempre se quitaba su eterna gorra, comprada, por supuesto, en Yustas, aquella tienda que aún hoy permanece varada en el tiempo en la Plaza Mayor; si alguien le hacía un pequeño o gran favor (dejarle entrar a deshora en un hospital para ver a un familiar ingresado, etc.), él siempre lo agradecía ofreciendo algún obsequio a la persona en cuestión; si hablaba con alguien, sabía escuchar; y nunca le gustaba entrar en polémicas estériles, ya fuera a cuenta de toros, política, religión u otras materias que comportaran disensiones.

Este mercader pedrezolano, este Marco Polo del siglo XX (una vez, le contaste, pajarillo, a Miguelín el sobrenombre que un buen día yo le adjudiqué a tu padre, y el primo se partió de risa) fue, en resumen, una persona con escasísimos fundamentos culturales que, sin embargo, demostró siempre durante toda su vida un gran respeto hacia los demás, una educación esmerada, un saber estar oceánico.

Desconozco si este carácter templado, prudente y educado de mi abuelo podría generalizarse entre los habitantes del microcosmos en el que vivió toda su existencia, aunque, por testimonios tuyos, pajarillo, y de otras fuentes directas, me consta que algunos de aquellos viejos valores y comportamientos se hallaban, ciertamente, asentados en la Pedrezuela de la época.

ME ACUERDO DE ÉL ENTRE TINIEBLAS

Me jode no haber conocido plenamente a mi abuelo Ramón. Cuando falleció, el 2 de septiembre de 1975, yo contaba siete años, y tan solo conservo algunas imborrables fotografías en blanco y negro, donde aparezco junto a él, a la abuela Evarista, a la bisabuela Dionisia y a ti, pajarillo, paseando por las polvorientas calles del pueblo eterno, así como posando en el pasillo empedrado exterior de la casa familiar y en la parte trasera de la misma, donde se alojaban las gallinas. Junto a esas imágenes, pululan por mi mente recuerdos brumosos y, por encima de todos, el de la mañana de su muerte, cuando, al despertarme en el frío dormitorio junto a la sala de estar de la casa familiar, me comunicaste la luctuosa noticia, ante la cual reaccioné con un grito desgarrador, cuyo eco aún escucho en la lejanía después de cincuenta años.

Y repito que me molesta no haber sabido más de él, no haber vivido más con él, por ser una persona que poseía unos valores que tanto aprecio y que tanto añoro en la vida del día a día. ¿Dónde quedaron aquellos comportamientos, aquella educación, aquel saber estar? Como diría el llorado gigante de las letras Mario Vargas Llosa, ¿cuándo se jodió Perú?

Mi abuelo Ramón

A PESAR DE LO QUE SE DIGA, VIVIMOS MUCHO MEJOR QUE NUESTROS ANCESTROS

No seré yo quien cree del pasado una Arcadia feliz, un edén mítico, un paraíso perdido, una edad de oro primigenia. No va conmigo el famoso dicho de que "cualquier tiempo pasado fue mejor". La nostalgia puede con todo, y parece que siempre estamos en el presente peor que en el recuerdo. Pero salvo por la salud o por la memoria de los familiares desaparecidos, seres insustituibles en nuestra vida cotidiana, casi siempre el ahora es mejor que el ayer; y para demostrarlo, ahí se encuentra el espectacular progreso de nuestro país en las últimas décadas; vamos, que vivimos de largo mucho mejor que nuestros padres y abuelos. Y hay 50.000 datos que lo atestiguan, comenzando por la esperanza de vida y terminando por la mejora incomensurable de la cultura entre la población.

MONTAÑAS DE CULTURA, DESIERTOS DE EDUCACIÓN

Contamos con Internet, las redes sociales, bibliotecas, galerías de arte, teatros, cines, exposiciones, conferencias, periódicos, revistas, emisoras de radio y de televisión, universidades, colegios mayores..., todo un mundo de conocimiento a la espera de ser utilizado. Y, sin embargo, me da la sensación de que cuanto más cultura tenemos menos educación demostramos.

No soy sociólogo ni pretendo serlo, pero una miríada de teselas del gran mosaico de la vida cotidiana me induce a la teoría proyectada. Tampoco voy a ponerme en plan catastrofista, y afirmar que todo es un puñetero desastre. Pero declaro que una parte sustancial de la sociedad actual ha perdido en gran medida los valores que caracterizaron a mi añorado abuelo.

LA ESCUCHA

¿Quién escucha hoy en día? ¿Quién presta oído a lo que dice el prójimo? Todo el mundo tiene mucho que decir, pero nada que escuchar. Bla, bla, bla, y cuando acabo mi perorata, desconecto.

EL AGRADECIMIENTO

¿Quién agradece hoy en día? Le haces un regalo a un compañero de trabajo, a un personaje púbico, a un supuesto amigo y, muchas veces, joder, casi ni te da las gracias. Atiendes a la ciudadanía en una oficina de la Administración pública y, muchas, muchas veces, después de haber dedicado a la persona en cuestión veinte o veinticinco minutos, y de conseguir resolver satisfactoriamente su gestión, se va el tío, y no te dice ni adiós. Por no mencionar a los actuales empoderados ancianos, decepcionantes réplicas de sus ancestros, que se presentan en las oficinas de atención al ciudadano con altivez y prepotencia, para exigir no se qué derechos, que no son más que disparatadas leyendas urbanas, no recogidas en ninguna parte. Por cierto, venerables mayores, algunos de los cuales no se quitan la visera que cubre su escaso cabello ni en la ducha.

LA "CEGUERA" Y LA MUDEZ

Luego se hallan los que miran, pero no ven. Multitud de personas que se tienen por muy serias y educadas en sus familias, pero que las saludas y, en unos casos, ni te miran, y en otros, lo hacen y piensan: ¿quién coño eres tú para que yo te diga hola? En el trabajo, en la comunidad de propietarios, en el aparcamiento de residentes, toda una serie de seres poco respetuosos evitan el contacto sonoro con el prójimo.

LA POLÉMICA

También nos encontramos con los polemistas de profesión. Una vez, hace ya muchos años, leí en una entrevista al gran crítico de cine Carlos Pumares que le preguntaban cuál era su verdadero oficio, a lo que el hombre, con bravo hígado, respondió que el de polemista. Bueno, pues ¿quién no conoce en su medio circundante a alguno de estos personajes? En unos casos, su especialidad favorita es el fútbol; en otros, la política; y en muchos, cualquier tema que uno saque. Da igual lo que tú expongas, lo que tú argumentes, que el polemista profesional siempre, siempre, siempre te lo rebatirá. ¿Que tú dices que dos y dos son cuatro? Pues él responderá que son cinco. ¿Que tú dices que son cinco? Pues él afirmará que cuatro. ¿Que tú dices que el sol sale por el este? Pues él ya argumentará, con sesudos razonamientos, que sale por el oeste. ¿Que le confirmas que sale por el oeste? Pues él contestará que por el este. Son incombustibles en la conversación directa, pero su fuerte son las redes sociales. Allí, en esos medios que se crearon para que la gente pudiera relacionarse de una manera armoniosa y respetuosa, el polemista alcanza su clímax, ya que sus pronunciamientos pueden llegar a cientos y miles de lectores. El caso no parece tener mucha solución, y hay quien te dice que es el signo de los tiempos.

EL SECTARISMO

Podría añadir, por último, la cuestión del sectarismo, una variante de la polémica, en la que sus representantes siempre consideran que los "suyos" son moralmente superiores a los "otros", y da igual lo que hagan de mal aquellos, que siempre lo harán peor los "otros". Trumpistas y sanchistas se llevan, hoy día, el gato al agua en estos temas.

Sepultura de mi abuelo Ramón, mi abuela Evarista y mi tío Ramón en el cementerio de Pedrezuela

VUELVO LOS OJOS HACIA MI ABUELO (Y HACIA LOS QUE ERAN COMO ÉL)

Después de escarbar someramente la tierra que nos puebla, y de contemplar algunos de los comportamientos y actitudes de muchos de los españoles de hoy en día, es lógico, pajarillo, que desee volver la vista hacia tu padre, aquel mercader marcopoliano del pasado siglo que, sin apenas cultura, derrochaba en el día a día toneladas de respeto hacia los demás, corrección y urbanidad.

Cuando en nuestra visita periódica al cementerio de Pedrezuela papá y yo abrimos la verja y accedemos a la casa de los difuntos, lo primero que oteo a mi izquierda, y en tercer lugar, es la tumba del tío Ramón, de la abuela Evarista y del abuelo Ramón. Desde que te fuiste, pajarillo, hemos tratado papá y yo de tenerla lo más adecentada y en orden posible. No estaría de más que, visto lo visto en el mundo actual de los vivos, llamara a Carlos, aquel marmolista que se encargó de la sepultura donde os alojáis Mari y tú (y que en un tiempo indeterminado se convertirá en mi eterna residencia), y le sugiriera que, junto al nombre de tu padre, añadiera una pequeña frase: "aquí yace un hombre educado y que siempre sabía estar".










jueves, 16 de octubre de 2025

LOS "MD" Y OTROS HOMBRES INVISIBLES DE MADRID

Y escribo el término "hombres" a conciencia, no en su sentido genérico, sino en el estricto, es decir, el del conjunto de personas pertenecientes al sexo masculino, ya que solo el 15 % de los protagonistas de este nuevo post son mujeres. Como diría Jesucristo en el Evangelio de san Marcos, "el que tengo oídos para oír, que escuche y entienda".

Como hormigas, de agujero (tienda) en agujero (domicilio). Empiezan su jornada a las ocho de la mañana, y algunos la estiran hasta las once de la noche, cuando llegan a sus hogares. Pedalean infatigablemente por las calles de nuestras ciudades, con sus cascos y sus características y voluminosas mochilas amarillas, verdes o naranjas. Forman parte del paisaje urbano desde hace algunos años, como las marquesinas, como los árboles, como los semáforos. Los miramos todos los días, pero no los vemos. Son los raiders, los repartidores de productos a domicilio (especialmente, comida) a través de plataformas digitales. Y son los nuevos precarios entre los precarios.

Sentado este verano en una terraza de la plaza de Santa Bárbara, haciendo cola el otro día a la entrada del Vips del Centro Comercial Las Rosas, paseando por las calles de Moratalaz... uno se los encuentra en todas partes: unas veces, conduciendo sus caballos de acero; otras, esperando a que les suministren los productos; y en ocasiones, formando grupos de colegas junto a los establecimientos de marras.

En sus cabalgadas diurnas y aun nocturnas por el asfalto urbano, estos sufridores de la ruta nos suministran los apetecibles sándwiches de Vips, las deliciosas hamburguesas y patatas gajo de Burger King, las excelentes pizzas de Pizza Hut, los encomiables fingers de pollo de KFC, los apetitosos burritos y tacos de los restaurantes mexicanos, los sabrosos kebabs de los bares turcos... Todo un universo gastronómico, parte de él quizá no muy saludable (aunque cada uno hace con su cuerpo lo que le da la real gana), que llega a nuestros hogares a la hora de comer, a la de merendar, en el cumpleaños de la tía Hermelinda o cuando delante de nuestro televisor vemos salir a los jugadores del Real Madrid y del Barcelona en el Clásico de todos los años. Da igual que haya sol, luna, lluvia, nieve, niebla, viento; el raider siempre cumple, llega a casa a punto para cualquier celebración, deja el pedido y sale pitando para entregar el siguiente, mientras nosotros nos quedamos saboreando los suculentos manjares.

Alguno habrá español, no digo yo que no, pero la inmensa mayoría de estos trabajadores sobre ruedas son sudamericanos, africanos y asiáticos. Dentro de estos últimos, destacan con luz propia los ciudadanos originarios de Bangladesh, con su inconfundible tez oscura, su sonrisa inherente y, en muchos casos, con la partícula "MD" que antecede a su nombre de pila, colocada en honor del profeta Muhammad, es decir, Mahoma.

Después de diez o doce horas de trasiego sin cuento por nuestras calles, plazas y avenidas, regateando coches, motos y autobuses, jugándose literalmente la vida por una carrera más (en abril del año pasado, un repartidor venezolano de veintinueve años, que no llevaba ni un año en Madrid, murió atropellado de madrugada por un taxi en la avenida de la Ciudad de Barcelona), muchos de estos seres cuasiinvisibles para el gran público logran unos ingresos de entre 600 y 800 euros al mes, y lo que es peor, en gran parte de los casos, sin protección social. Y es que, a pesar de que la Ley rider, que entró en vigor en agosto de 2021, exigía que todos estos trabajadores fueran contratados como asalariados (con todos sus derechos laborales) y no como falsos autónomos (como hasta ese momento había ocurrido), el caso es que cuatro años después de ser publicada en el BOE, la norma no ha conseguido erradicar ni muchísimo menos las abusivas prácticas de empresas como Glovo, Uber, Easy Eat, Amazon, etc. 

Repartidor de Uber Eats (La Vanguardia, 12-9-22)

En la actualidad, una gran parte de estos trabajadores en la sombra (pero que extienden su jornada de sol a sol) siguen siendo irregulares, sin tarjeta de residencia que les permita trabajar legalmente, y obligados por las circunstancias económicas a buscar el alquiler o la venta de cuentas de las citadas empresas por parte de antiguos repartidores con la documentación en regla. Habrá quien diga que al ser irregulares, estas personas no deberían haber entrado en nuestro país para trabajar, y que lo que les pasa es la consecuencia forzosa de su situación legal. Yo lo miro desde otro prisma: 1) para prosperar en la vida, las personas hacen lo que pueden; 2) su oficio no es delincuencial; y 3) el hecho de estar en una situación ilegal no justifica que estos seres humanos sean maltratados por desaprensivos ciudadanos, avariciosos empresarios e indolentes gobiernos.

Como ciudadanos de bien, esperemos y deseemos que la normativa legal vaya calando lentamente en este opaco mundo de explotación laboral, que se desarrolla cotidianamente ante nuestra inexpresiva mirada. Y la próxima vez que contemplemos a estos trabajadores en sus eternas bicicletas, acelerando para conseguir un reparto más, adelantando vehículos y esquivando autobuses, pensemos que no es necesario irnos a miles de kilómetros en busca de historias humanas injustas e infortunadas, porque estas las vemos diariamente delante de nuestros ojos.









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