martes, 28 de abril de 2026

¡VADE RETRO, COCHE DE COMBUSTIÓN!

LOS MIEDOS EN OCCIDENTE

En 1978, el prestigioso y llorado historiador francés Jean Delumeau (1923-2020) publicó una de las grandes obras de toda su prolífica carrera, La peur en Occident, XIVe-XVIII siècle (El miedo en Occidente, siglos XIV-XVIII). A lo largo de más de seiscientas páginas, este monumental volumen (que, por cierto, leí con fruición en la época de elaboración de la tesis doctoral) traza el retrato de una sociedad traumatizada por la peste, las guerras, las disputas religiosas y la inseguridad permanente, y analiza la instrumentalización del terror, sobre todo por parte de la Iglesia.

Por las hojas de este fantástico libro, Delumeau hace pasar varias figuras prototípicas del espanto de aquellos convulsos siglos: la mujer, la bruja, el hereje, el judío, el musulmán, el demonio... Todos ellos, símbolos del miedo en el imaginario colectivo de la Europa occidental durante más de medio milenio. Figuras todas ellas despreciables para la ideología dominante política y religiosa de la época, que acababan poblando los terrores cotidianos de los hombres y mujeres de la época.

Con el paso del tiempo y el cambio de las coordenadas políticas, económicas, sociales, religiosas y culturales, aquellos tizones del horror, aquellos rescoldos del pavor, fueron desvaneciéndose entre la bruma, y aunque muchos individuos y algunas sociedades concretas continuaron teniendo aversión a algunas de las figuras citadas, el imaginario colectivo, en líneas generales, las fue devolviendo al océano del recuerdo.

LOS NUEVOS CLÉRIGOS Y LOS NUEVOS PARIAS

Pasaron doscientos años, y otra ideología dominante, tan dañina y siniestra como la que el gran historiador allende los Pirineos describió, se fue instalando lenta, pero implacablemente otra vez en Occidente, solo que en esta ocasión las víctimas propiciatorias, los parias de turno, los nuevos terrores de finales del milenio y comienzos del siguiente cambiaron radicalmente de bando. Porque para los nuevos popes, para los nuevos inquisidores, para los nuevos cazadores de brujas, para los nuevos odiadores profesionales, el mundo resultaba dividido, nuevamente, en dos partes, el cielo y el infierno, esta vez laicos. Y este nuevo caldero humeante, el del infierno, quedaba adjudicado a figuras tan paradigmáticas como el hombre (el varón), el heterosexual, el nacional, el blanco, el católico, el cazador, el fumador, el que consume carne o azúcar... o el coche de combustión. ¿Cómo es posible haber llegado a esta disparatada situación? Es difícil explicarlo, pero haberlo, haylo.

DE BENZ Y DAIMLER HASTA HOY

La historia de la automoción (1), en sentido estricto, comienza a finales del siglo XVII, cuando aparecen los primeros vehículos autopropulsados, distintos ya a los de tracción animal. Durante aproximadamente doscientos años, el vapor fue el medio de proyección dominante. Pero a finales del siglo XIX, concretamente en 1885, el ingeniero alemán Carl Benz (1844-1929) construyó un motor de cuatro tiempos con un cilindro horizontal de 954 cm3 de desplazamiento, que podía girar a 400 rpm y alcanzar una potencia de 0,75 cv, y que integró en un vehículo de tres ruedas.

El triciclo motorizado de Benz, conocido como Benz Patent-Motorwagen, fue una novedad absoluta en todo el mundo, ya que se convirtió en el primer coche impulsado por un motor de combustión interna (gasolina). El 29 de enero de 1886, el ingeniero alemán patentó su artefacto, considerándose aquel día como el del nacimiento del automóvil. La primera aparición pública del novedoso ingenio ocurrió el 3 de julio de ese año, en la localidad alemana de Mannheim, desde donde, para demostrar su idoneidad en el viaje a larga distancia, el vehículo fue conducido, a 16 km/h, por Bertha, la esposa de Carl, acompañada de sus adolescentes hijos, hasta la ciudad de Pforzheim, a 104 kilómetros de distancia.

Increíblemente, ese mismo año, y a un centenar de kilómetros de trayecto del pionero Benz, y sin conocerle, el también ingeniero alemán Gottlieb Daimler (1934-1900) creó el primer vehículo motorizado de cuatro ruedas. Las invenciones de ambos personajes trajeron una nueva dimensión a la movilidad, que quedó "democratizada" del todo, es decir, asequible al gran público, con Henry Ford (1863-1947), quien empezó a producir en masa su Ford modelo T (creado en 1908) en una planta de cadena de montaje de Detroit el 7 de octubre de 1913.

Desde entonces hasta ahora, millones de personas han utilizado el coche de gasolina y de gasoil en su vida cotidiana para ir al trabajo, para salir de compras al hipermercado, para quedar por la noche con los amigos, para ir de vacaciones a la playa o a la montaña, en suma, para hacer lo que le diera la real gana, que en eso consiste la libertad, concepto que los nuevos clérigos nunca entenderán, ya que sus enflaquecidas meninges quedaron varadas en el 8 de noviembre de 1989 en Berlín, el día antes del gran cambio.

EL ANCIEN RÉGIME TRANSMUTA Y SE VISTE DE CORDERO

Sin embargo, a pesar de que la libertad se disparó a chorros por todas partes después de la noche liberadora de aquel dorado onceno mes, los sicarios del Ancien Régime se resistieron a morir, y se transmutaron en feministas, pacifistas, indigenistas, inclusivos, resilientes y, por supuesto, ecologistas. Y de todos los enemigos que crearon estos apóstoles de la nueva "Ideología", sobresalió uno por encima de todos: nuestro querido vehículo de combustión. ¿Cómo podía ser que este -según ellos- artilugio burgués y contaminante siguiera siendo utilizado por la inmensa mayoría de los abnegados ciudadanos de Occidente, incluida España? ¿A quién, con un mínimo de sesera -se preguntaban nuestros nuevos profesores de moral- se le podía ocurrir seguir transitando por calles, avenidas, autovías, autopistas y carreteras secundarias con aquel instrumento motorizado, antiguo y casposo?

COMIENZA EL TSUNAMI LIBERTICIDA

Y así, las élites dominantes, políticas sobre todo, pero también las mediáticas, culturales y educativas, comenzaron una cruzada contra el maldito coche de gasolina y diésel, que dura hasta el día de hoy. Porque en aras de algunos estudios científicos (yo podría contraponer otros, tan serios o más, tanto en cantidad como en calidad) que apuntaban a que el fin del planeta se acercaba raudo y veloz (como en el año 1000), debido a la contaminación ejercida por los materiales fósiles (sin tener en cuenta fenómenos naturales que han actuado a lo largo de la historia con muchísima más influencia en el cambio climático, como el vulcanismo), llegó el tsunami liberticida.

Ilustración del Apocalipsis realizado por el taller de Lucas Cranach (https://www.elmundo.es, 1-3-2019)

THE GREEN CAR

Primero, nuestros políticos de turno, de diferente pelaje ideológico eso sí, nos vendieron las bondades del coche eléctrico, ese artefacto caro y con problemas estructurales de autonomía, que muy pocos compran (el 9 % en España en 2026) y del que muchos alardean por respetar la naturaleza, sin tener en cuenta que los catalizadores de los vehículos de combustión hace ya muchos años que reducen eficientemente las emisiones tóxicas. A pesar de las amenazas, advertencias y admoniciones de los nuevos predicadores, la gente, el común de los mortales no se ha acabado de fiar, no se ha dejado engañar por el gran embuste, y el parque automovilístico del nuevo becerro de oro continúa estancado en España. Por algo será.

LA UE PIERDE EL NORTE Y LA VERGÜENZA

Pero la locura, el disparate, la hipérbole medioambientalista llegó a su clímax en febrero de 2023, cuando la Unión Europea (esa misma que no consigue unirse para hacer frente a la disparatada guerra del gran emperador del pelo rubio y su lacayo sionista en Irán y el Líbano) ratificó la prohibición de fabricar coches nuevos con motor de combustión a partir del 1 de enero de 2035. Como es lógico, la gran tomadura de pelo, la gran medida liberticida, fue saludada con fruición por las huestes mediáticas, sociales, culturales y educativas del ecologismo fake como el gran logro del siglo, cuando para el ciudadano de a pie, que se levanta todas las mañanas para ir a trabajar, solo suponía una quiebra de su sagrada libertad.

Menos mal que Alemania, Italia y algunos otros países con alguna cordura (no es el caso de España, cuyo Gobierno apoyó la medida perrunamente) hicieron presión para revocar el gran desatino, y a finales del pasado año la Comisión Europea dio marcha atrás en su ultimátum de 2035, estableciendo una normativa que permitiera dar más flexibilidad a los fabricantes para alcanzar los objetivos de CO2. No es que esto sea la panacea, pero algo es.

LOS SÓVIETS ANTICIRCULACIÓN

Después del pretendido vehículo verde y de la desgraciada legislación comunitaria, llegaron las pomposamente denominadas Zonas de Bajas Emisiones (ZBE), auténticos cotos cerrados para el burgués coche de toda la vida, debido a sus "infernales" emisiones de dióxido. En Madrid capital las inauguró en 2019 una alcaldesa, de cuyo nombre no quiero acordarme, y las ha mantenido intactas otro alcalde, cuyo nombre tampoco quiero recordar. Antes de 2019, ya existían las Áreas de Prioridad Residencial (APR), que eran zonas de la ciudad en cuyas calles solo podían transitar vehículos de residentes, pero los nuevos regidores del Palacio de Cibeles decidieron que eso no bastaba, y crearon y mantuvieron un área de 605 km2 vetado al vehículo de combustión.

Europa (decian los políticos verdes-rojos y verdes-azules) nos compele a crear Madrid Central (como se denominó al principio el gran parque temático de la exclusión) para reducir las emisiones tóxicas. Ya, ya, pero lo que no nos cuentan esos mismos políticos es que Europa no obliga a secuestrar la libertad, a cerrar al tráfico concretamente las calles de Atocha, Alcalá o Gran Vía. No, eso no lo dice nadie, mentirosos personajes. Lo que pasa es que es más cómodo crear, de golpe y porrazo, un sóviet anticirculación que idear medidas más acordes con las necesidades reales del medio ambiente y del ciudadano, estableciendo un equilibrio entre ambas. Puestos a legislar, ¿por qué no prohibir la circulación en todo el perímetro urbano o, a més a més (como diría un catalán), prohibir directamente los vehículos de combustión?

"SI NO PUEDES APARCAR, NO TENGAS COCHE, ¡COÑO!"

Por extensión, una cuarta pata en el sofisticado sistema de expulsión de todo lo que huela a coches de gasolina y gasoil fueron los hilarantes carriles-bici y sus necesarios escuderos, los tótem o estacionamientos para bicicletas eléctricas y patinetes. Cientos y cientos y cientos de plazas de aparcamiento en superficie fueron sacrificadas en el altar del gran dios del Medioambiente. Para que unos pocos chavales circulen a sus anchas con sus bicicletas por esos pasillos privilegiados de la capital, miles de sufridos y anónimos ciudadanos tienen que hacer virguerías y gastar su valioso tiempo todos los días para poder aparcar sus vehículos de toda la vida. Cojonudísimo.

Podríamos seguir, y no pararíamos, en esta escalera de locura hacia la nada, pero los ejemplos citados son claros exponentes de la cruzada cruel e inmisericorde que políticos y palmeros de estos llevan a cabo desde hace mucho, mucho tiempo, contra nuestro querido coche de combustión.

Reverso de la medalla de san Benito, donde aparecen las siglas de la oración Vade retro, Satana (https://x.com)

FRENTE AL APOCALIPSIS, LA LIBERTAD Y LA CIENCIA

¿Y por qué -preguntará alguno- le da usted tanta importancia a este tema? Pues, fundamentalmente, porque creo en la libertad en su concepto más amplio, y en la libre elección del medio de transporte. ¿Que hay gente a la que le gusta el coche eléctrico, el híbrido, la moto, la bicicleta o el patinete para desplazarse? Lo respeto profundamente. Pero precisamente por eso, exijo que se me respete mi decisión de utilizar un vehículo de gasolina. Y no me vengan con sermones medievales (¡Vade retro, Satana!) para culpabilizarme por un cambio climático en el que el hombre tiene infinitamente menos influencia que lo que muchos apóstoles del apocalipsis medioambiental afirman con prepotencia, afán de superioridad moral y certeza bobalicona todos los días y a todas horas.

(1) Para algunos datos de la historia de la automoción, he consultado la página de internet https://lamercedpilar.com.

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