lunes, 6 de abril de 2026

LOS CRÍMENES OLVIDADOS DE PEDREZUELA (SEGUNDA PARTE)

JUNTO AL POZO

Durante los años 40 del pasado siglo se producen el tercer y el cuarto hecho luctuosos, acontecidos en nuestra entrañable Pedrezuela, en los que se vio envuelto la misma persona, el médico oficial del municipio.

El primero de ellos no fue exactamente provocado por él. Efectivamente, parece ser que este buen hombre contaba con un hija de corta edad, fruto de su primer matrimonio, del que hacía tiempo había quedado viudo. Transcurrido un cierto período desde este suceso, el susodicho doctor entabló relación con otra señora que, por lo que ocurrió más tarde, debía ser una oscura Luzbel.

Y es que a esa pálida dama no se le ocurrió otra cosa que deshacerse de la pequeña criatura, con el fin último de tener en exclusiva a su amante. El plan de nuestra Satanás particular se fraguó y se llevó a cabo con frialdad y meticulosidad. Así, un buen día, en el que el padre no se encontraba en casa, este Asmodeo moderno cogió a la niña y la estranguló, provocándole la muerte. Y para que pareciera un fatal accidente, aprovechó la existencia de un pozo con brocal, en el patio de la casa familiar, para asegurar a los investigadores que allí se desplazaron que la menor había trepado hasta el orificio del pozo a través de una pequeña escalinata mal situada, y allí había perdido el equilibrio y se había precipitado al vacío. La coartada se demostró muy débil, ya que la posterior autopsia del cuerpo de la menor demostró con certeza las profundas marcas en el cuello que le habían provocado unas manos humanas.

EL PRIMER EXILIO

Desconozco en qué se sustanció todo, y si nuestro Belcebú particular fue juzgado, condenado o quedó en libertad. Pero, vamos, a ojos de los habitantes de Pedrezuela, el asunto quedó meridianamente claro. Sin embargo, ¿qué pasó con nuestro dilecto médico, la pareja del cruel Leviatán, el padre de la asesinada? Pues que salió zumbando del municipio, yéndose a vivir a otra localidad, con el fin de que el escándalo no le alcanzase.

EL HOMBRE ES EL ÚNICO ANIMAL QUE TROPIEZA...

Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Y, efectivamente, nuestro doctor pedrezolano hizo honor a este refrán y, en vez de haberse sumergido plácida y tranquilamente en la comunidad de aquel pueblo al que había huido, pasados unos años del trágico suceso regresó inopinadamente a Pedrezuela, otra vez como médico local.

Dos cosas hay que decir en su descargo antes de seguir adelante, y acometer el cuarto acontecimiento del que mi madre me habló tantas veces (como del tercero, claro). La primera, es que este señor no asesinó a su hija, sino que quien lo hizo fue su pareja. Y la segunda, que el médico tenía perfecto derecho a volver a su pueblo. El problema que surge a la hora de analizar lo que ocurrió después tiene que ver con la vida cotidiana de las pequeñas localidades y, por qué no decirlo, con la maldita mala suerte.

Panorámica del cerro San Pedro desde el vértice geodésico cercano a Vistasierra

LA MALA ESTRELLA

Ciertamente, una persona que se había visto envuelta en un escándalo tan gigantesco y truculento como el narrado supra, difícilmente podía reintegrarse con normalidad a la convivencia en una pequeña comunidad, que en la época que tratamos rondaba los setecientos habitantes. Aun así, la fortuna (la mala, naturalmente) fue la que, como muchas más veces de las que pensamos, decidió la partida.

UNA FATAL NEGLIGENCIA

Y es que este señor regresó a su tarea rutinaria como médico municipal, y durante un tiempo todo transcurrió con normalidad hasta que un día el cielo se oscureció sobre su testa. Resulta que tratando profesionalmente a una niña de la localidad, una mala praxis, una negligencia provocó la muerte de esta. Y en ese preciso momento, la caja de Pandora se abrió, los vientos se escaparon y todo fue tormento, llanto y crujir de dientes. Porque a este segundo caso de muerte, ahora sí relacionado directamente con él, se le sumó el imborrable recuerdo de su hija muerta en el pozo, y la gente estalló.

... Y EL CIELO SE INUNDÓ DE ODIO: "¡FUERA EL CAUDILLO!"

La explosión se concretó primero en la repulsa y condena social hacia el responsable del luctuoso desenlace, y segundo, en una campaña instigada por algunas familias para expulsar de Pedrezuela al médico de marras. Todo ello convergió en aquella inolvidable jornada que tantas y tantas y tantas veces me contaste, pajarillo, en la que decenas y decenas de personas se manifestaron a plena luz del día por las calles del pueblo eterno para pedir la inmediata marcha del, para ellos, matasanos.

La algarabía, la confusión, las voces inmisericordes de los soliviantados vecinos tuvo su estrambote final cuando llegó el coche de línea, a eso de las nueve de la noche, y su conductor, el legendario Evelio, confundió los gritos de la muchedumbre, que exclamaba "fuera" y a continuación el apellido del doctor en cuestión, con la frase "fuera el Caudillo", debido a la gran semejanza entre aquel y el sobrenombre del entonces jefe del Estado. El conductor, que había salido esa misma mañana dejando un pueblo tranquilo y calmado como siempre, se encontró al atardecer con una extraña multitud enfervorizada, que parecía llevar a cabo una auténtica revuelta sociopolítica. Nada más lejos de la realidad, como acabó pronto comprobando.

EL SEGUNDO EXILIO

Finalmente, y ante la presión popular, aquel médico no tuvo más remedio que aceptar la situación, coger el petate y exiliarse por segunda vez de su querido pueblo, de forma ya definitiva. Desconozco si la vía penal atravesó entonces su existencia y, en el hipotético caso de que lo hiciera, en qué se sustanció aquella.

LA MEZQUINDAD IMPREGNA PEDREZUELA

Como dije en el anterior post, Pedrezuela no es famosa (por fortuna) como Cuenca por el crimen (no cometido) a principios del pasado siglo, pero los recuerdos que durante tantos y tantos años me aportaste, mi pajarillo, demuestran que todas las localidades del mundo contienen su parte tétrica... pero también mezquina. ¿Por qué cito la palabra "mezquina"? Porque como en toda buena historia que se precie, y esta creo que lo es, surge un final inesperado, en el que la ruindad y la miseria son componentes esenciales.

Y es que, una vez pasado el turbión, una vez alejado el huracán de las pasiones, una vez desmovilizado el gentío, una vez expulsado el infortunado doctor, quedó latente, flotando en el ambiente, el veneno de la venganza hacia aquellas personas que no secundaron la mini-revuelta, el "apaleamiento" en la plaza pública, el auto de fe de nuestros días.

EL BOICOT AL BUEN PESCADERO

Según afirmabas, mi pajarillo, tú, como chiquilla inconsciente que eras entonces, acompañaste a los vecinos en su protesta, pero tus padres no, ya que tu madre era familiar del médico caído en desgracia. Creo, sinceramente, que esta circunstancia era un motivo más que suficiente para no unirse a la petición de expulsión, pero la actitud de tus ancestros fue entendida, socialmente, como un apoyo implícito al presunto criminal. La consecuencia de esta actitud "solidaria" con un familiar la pagó, increíblemente, mi admirado Marco Polo, tu padre, el buen ciudadano, el buen pescadero, y es que durante un largo período de tiempo muchos vecinos boicotearon el negocio familiar, que se desarrollaba en la planta baja de la vivienda, y se negaron a comprar en él. Había que arruinar al maldito pescadero por su infamante pecado. Con dos cojones.

Fachada de la casa familiar de mis abuelos maternos (actual, calle Santa Ana, 25), tomada en 1997, antes de su demolición

MISERIAS DE PUEBLO

Esta reacción tan triste, tan mezquina, tan ruin, tan miserable, refuerza aquel comentario que hacías, mi pajarillo, de tarde en tarde, al hablar sobre los tópicos que mucha gente manifiesta, a veces, acerca del bucolismo de las antiguas poblaciones: "si no has vivido en él, nunca sabrás las miserias que a veces tiene el pueblo".

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