martes, 22 de septiembre de 2026

SOY UN CEUTÍ (UNA CIUDAD QUE SUFRE)

UNA CIUDAD PLENAMENTE ESPAÑOLA DESDE 1668

Situada en un enclave estratégico privilegiado sobre el estrecho de Gibraltar, la antigua Septem Fratres romana fue disputada y habitada, a través de los siglos, por fenicios, cartagineses, bizantinos, visigodos y diversas dinastías islámicas. Y es que su posición geográfica la convirtió desde siempre en un puente natural entre el Atlántico y el Mediterráneo, así como entre Europa y África.

Todos estos bandazos históricos acabaron abruptamente el 21 de agosto de 1415, cuando el rey Juan I de Portugal conquistó la ciudad (el 2 de septiembre, festividad actual de la ciudad autónoma, hace referencia a la fecha, doce días después de la conquista, en que la flota lusa volvió a la metrópoli, quedando Pedro de Meneses como primer gobernador de Ceuta).

Durante 165 años, la ciudad permaneció bajo la administración portuguesa, hasta que en 1580 el rey Felipe II unificó las coronas española y portuguesa tras la muerte del rey portugués Sebastián I en la batalla de Alcazarquivir. Sesenta años después, en 1640, Portugal se rebeló contra la Corona española para recuperar su independencia bajo la dinastía Braganza. Sin embargo, las autoridades y la población ceutíes decidieron mantener su lealtad al rey Felipe IV, y no se sumaron a la revuelta.

La llamada Guerra de Restauración lusitana acabó, finalmente, en 1668, con el Tratado de Lisboa, suscrito entre las coronas española y portuguesa, mediante el que se reconocía la plena independencia de Portugal y la soberanía española sobre Ceuta. Desde entonces, Ceuta ha sido una ciudad española más. En 1956, 288 años después del Tratado de Lisboa, nacía el Reino de Marruecos como Estado moderno independiente...

Bandera de Ceuta (https://amaga.es)

JFK EN BERLÍN

El miércoles 26 de junio de 1963, 149 días antes de su asesinato, el presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy, visitó Berlín. El viaje se enmarcaba dentro del contexto de la Guerra Fría soviético-norteamericana, que azotaba el tablero geopolítico planetario desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Con motivo del XV aniversario del bloqueo de Berlín impuesto por la tiranía comunista de Moscú, que finalmente había degenerado en el levantamiento del Muro más infame el 13 de agosto de 1961, el presidente Kennedy se plantó en aquel bastión de la libertad.

Allí, desde el balcón del edificio del Ayuntamiento del distrito de Schöneberg, pronunció uno de los discursos más célebres de su corto mandato, con el que manifestó su solidaridad hacia los habitantes de aquella ciudad. Durante su alocución, de algo más de nueve minutos, JFK repitió por dos veces, una al principio y otra al final, una frase en alemán, que resumía su idea de que todos los hombres libres, dondequiera que habitaran, eran ciudadanos de Berlín: "Ich bin ein Berliner" (soy un berlinés).

UNA INVASIÓN EN TODA REGLA

Sesenta y tres años después del emblemático discurso del llorado presidente estadounidense, echo en falta que el jefe del Estado español (no por su voluntad, sin duda) se haya plantado en Ceuta para repetir, palabra por palabra, la imborrable frase, adaptada a nuestra geografía: "Soy un ceutí".

Y es que lo que está ocurriendo en la ciudad autónoma desde el pasado 30 de julio es uno de los hechos más graves acontecidos en España durante el último medio siglo. Que una urbe de algo más de 84.000 habitantes haya sido invadida por un contingente de una dimensión parecida a la de la población de aquella es verdaderamente surrealista. Más surrealista aún es que el régimen del sátrapa que gobierna Marruecos alentara, apoyara y supervisara la invasión. Más surrealista todavía es que los servicios de inteligencia españoles avisaran al Gobierno que habita en la Moncloa de que se avecinaba un tsunami, y ese no moviera un solo dedo para impedirlo. Y más surrealista, finalmente, es que, casi dos meses después del 30 de julio, aún queden en Ceuta unos 15.000 invasores.

UNA GUERRA HÍBRIDA

El tema, la explicación de lo acontecido, desde hace muchas semanas está meridianamente claro... salvo para los ciegos voluntarios o los fanáticos irredentos. El dictador de Marruecos ha empleado a cerca de 80.000 personas (no todas marroquíes, pero la inmensa mayoría) en una operación de guerra híbrida (no convencional) contra el Reino de España, para intentar apoderarse de una ciudad reivindicada por el régimen alauita desde la creación de este, en 1956, poniendo las bases también para la colonización de Melilla y, quién sabe en un futuro incierto, de las mismísimas islas Canarias. Los tres puntales formarían parte de ese Gran Marruecos, pretendido por los tres monarcas medievales que han gobernado tiránicamente el país del norte de África desde su independencia. Sin embargo, con ser gravísimo esto, ni muchísimo menos es lo peor.

SI LOS SUPUESTAMENTE BUENOS NO ACTÚAN CONTRA EL MAL...

El filósofo y político conservador británico Edmund Burke (1729-1797) ya advirtió sobre el peligro de la pasividad o la indiferencia ante las injusticias y ante el mal en general en una imborrable cita literaria: "Lo único necesario para que el mal triunfe es que los hombres buenos no hagan nada".

PREGUNTAS INQUIETANTES

Y aquí llegamos al quid de la cuestión: ¿cómo diablos es posible que uno de los países más desarrollados del mundo (España) no haya podido evitar la entrada de 80.000 invasores en el suelo patrio? ¿Por qué los repetidos avisos de los servicios de inteligencia españoles al Gobierno monclovita no surtieron efecto? ¿Por qué casi sesenta días después de la masiva entrada aún permanecen en nuestro país 15.000 invasores?

RESPUESTAS ATERRADORAS

Las respuestas a estas preguntas son bien simples... si uno las quiere ver, y no se hace el tonto, el ciego, el sordo o el fanático. España ha visto violada su integridad territorial porque al Gobierno monclovita no le ha dado la real gana defenderla, debido al chantaje del régimen alauí a través del famoso hackeo del teléfono presidencial; y los invasores continúan dos meses después ocupando una porción de nuestro país porque al Gobierno monclovita le interesa alargar lo más posible esta situación de olla a presión, que es Ceuta hoy día, para que la modélica convivencia de cuatro religiones e innumerables nacionalidades, que ha marcado la vida de la ciudad autónoma durante siglos, se vaya pudriendo lentamente, se vaya deteriorando gradualmente, se vaya destruyendo calculadamente, hasta que haya una explosión social, y en ese momento cumbre, alguien llamado Pedro, Óscar o Félix grite, sonriente y alborozado: "por fin hemos conseguido lo que ansiábamos": hacer volver a España al Duelo a garrotazos, de Francisco de Goya, pensando que esa situación les beneficiará de cara a las elecciones generales del año que viene. Hay que ser muy ruín, muy miserable y muy degenerado.

Duelo a garrotazos, 1820-23, Francisco de Goya (https://www.museodelprado.es)

¿QUÉ LES IMPORTA A ELLOS EL SUFRIMIENTO DE LOS CEUTÍES?

Pero mientras esos intereses rastreros anidan en esa cueva alibababesca, que es el complejo monclovita, Ceuta se hunde irremisiblemente en un pozo sin fondo. ¿Qué le importa al Gobierno monclovita que las playas de la ciudad hayan sido colonizadas por los invasores, y no puedan ser utilizadas por los habitantes ceutíes? ¿Qué le importa al Gobierno monclovita que las grandes superficies comerciales deban ser escoltadas diariamente por militares? ¿Qué le importa al Gobierno monclovita que las pequeñas tiendas hayan perdido una parte sustancial de sus ventas porque la gente no va a comprar, por miedo? 

¿Qué le importa al Gobierno monclovita que las personas mayores tengan pánico a salir a la calle, las chicas jóvenes a volver por la noches de las discotecas o los niños a ir al colegio, teniendo las madres que incluir a estos últimos en sus mochilas un spray de pimienta por si acaso? ¿Qué le importa al Gobierno monclovita el que la gente ceutí tenga miedo a sentarse en una terraza de una cafetería, por si llegan varios invasores a pedirles dinero? 

¿Qué le importa al Gobierno monclovita el aumento exponencial de la delincuencia en la ciudad, de las reyertas entre los propios invasores, de las innumerables violaciones a menores marroquíes por parte de sus propios nacionales, de las agresiones invasoras a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, de la proliferación, en suma, de la varicela, la tuberculosis y la viruela del mono en algunos de los asentamientos invasores?

¿Qué le importa a Pedro, a los Óscar, a Félix toda esta situación? NADA, no les importa NADA. Ellos, a sus cálculos electorales, a su terror a lo que pueda descubrirse en el teléfono presidencial, a su fanatismo ideológico, y Ceuta sufriendo lo que no está en los escritos.

PARALELISMOS HISTÓRICOS

Si uno lo piensa fríamente, la atronadora frase del presidente Kennedy hace 63 años ante el Muro más infame no es tan diferente de la que todos los españoles de bien deberíamos hacer resonar en Ceuta hoy día. Porque entonces, JFK luchaba titánicamente contra el imperio más dañino que ha existido en la historia (la URSS, con permiso de la Alemania nazi); y hoy, la España democrática, constitucional, dialogante, moderada y secular se enfrenta en Ceuta no solo a un régimen africano satrapesco, sino, sobre todo, al Gobierno más letal que ha padecido España desde el 5 de julio de 1976.

martes, 8 de septiembre de 2026

LÁZARO, EN EL INFIERNO DE LOS DESGRACIADOS

"Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: 

atacar naves en llamas más allá de Orión; 

he visto rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. 

Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia". 

(Blade Runner, 1982)

EL DESPERTAR

Después de aquellos insondables cinco días de descenso en picado; después de aquellas aterradoras cuarenta y ocho horas de permanencia en un estado de postración absoluta, colindante con el espacio que se sitúa en la oscuridad de la gruta, en lo más crudo del crudo invierno, en un cielo nocturno carente de estrellas; después de aquel no-tiempo, Lázaro abrió los ojos, y lo primero que musitó fue: "¿pero dónde estoy?" Y una voz en off, que venía de lo bajo (no de lo alto) le respondió: "Estás en el infierno".

Resurreción de Lázaro (icono ruso) (https://peregrinodeloabsoluto.wordpress.com)

BRITANIA, SIGLO VI

Ante sus somnolientos y confundidos ojos, el resucitado percibió un enorme vestíbulo de paredes blancas, con amplios ventanales, innumerables mesas redondas, grandes y cómodos sillones, extraños artilugios con ruedas, cuatro fornidas mujeres vestidas inmaculadamente y, sobre todo, diecisiete extravagantes personajes, que le miraban tal y como los súbditos del rey británico observaron por primera vez a Hank Morgan en la imborrable novela de Mark Twain, Un yanqui en la corte del rey Arturo.

EL PREMIO

Después de casi nueve décadas de existencia; después de su singladura del campo a la ciudad; después de aquellos cincuenta y tres años de unión con aquel refulgente pajarillo; después de alumbrar a dos vástagos; después de trabajar tanto; después de hacer tanto el bien a propios y a ajenos; después de estar dos veces ante el precipicio de la vida; después de haber presenciado, en vivo y en directo, el inacabable y tristísimo hundimiento de aquel angelical Titanic durante veintinueve años seguidos; después de ver la cruel aceleración del mismo ocaso durante los últimos treinta y cinco meses; después de presenciar, también en vivo y en directo, los decadentes y postreros siete meses de aquel dulce y fosforescente gorrioncillo.

Tras tanta penuria, tras tanta miseria, tras tanto pedalear en la infinita bicicleta de la vida, el premio final, la recompensa definitiva ha sido el acceso al infierno de los desgraciados. Porque por mucho que el letrero de la entrada al nuevo espacio vital de Lázaro haga mención a cierto labrador milagrero, nacido en el Mayrit musulmán hace nueve siglos y medio, el auténtico rótulo que debería anteceder al famoso habitáculo es el mismo que aparecía en la puerta del infierno en la Divina Comedia de Dante Alighieri: "Abandonad toda esperanza, vosotros los que entráis". Y es que, en verdad, los que se hallan dentro de aquella mazmorra reluciente...

Entrada al infierno de Dante (https://www.facebook.com)

MORADORES DEL TÁRTARO

En un principio, se encuentra Lola, una anciana venerable (como todos los que comparten su situación), siempre sentada, irremisiblemente sentada en alguno de los amplios y placenteros sillones que pueblan el recinto. La mujer habla poco, pero cuando lo hace es para repetir una incansable letanía, que remite, quizá, a una pretérita edad dorada: "pa-pá, pa-pá, pa-pá, pa-pá, pa-pá...".

Luego está Ángela, una espigada abuela, cuyas frecuentes alocuciones vienen marcadas por frases inconexas, divididas en palabras que pronuncia, remarcando cada sílaba. Aunque su gran aportación sean, sin duda, sus frecuentes conminaciones a que callen todos los que en ese momento se hallan hablando a su alrededor: "chis, chis, chis, chis, chis...".

Más tarde, nos encontramos con Isabel, pequeña fémina que platica mucho, protesta por todo y solivianta al resto del grupo, creando las condiciones necesarias para que, casi todas las jornadas, acabe enzarzándose con algún compañero de batallas (estas, bien reales), y que suele desembocar en algún "hi de puta" o en el lanzamiento de alguna cuchara a la cabeza.

Más tranquilo parece el capitán Manuel, un viejecillo con su eterno jersey verde con el cuello de pico, que, a pesar de saludar algunas veces con la mano en la frente, al estilo militar, nunca estuvo en ninguna guerra ni perteneció a ejército alguno.

También sobresale entre los habitantes del curioso averno Elena, una señora seria, con gafas, que escruta todo a su alrededor, cual búho nocturno, pero que mantiene un escrupuloso y sonoro mutismo.

Y cómo no, hemos de reparar en Mari, una decrépita y huesuda anciana, cuya dentadura inferior es tan grande que, a veces, parece que baila en su boca, y cuyo silencio ilumina la tétrica escena.

EL SILENCIO

Porque, efectivamente, en esta exquisita dependencia del hades, la falta de sonido es una de las notas dominantes, un silencio que apabulla al que entra por primera vez, pero al que uno se acostumbra con el tiempo. ¿Qué parloteos, qué chácharas, qué deliciosas conversaciones habrán tenido todos ellos en el pasado? ¿Cuántas historias habrán salido de sus bocas, cuántas vivencias, cuántos recuerdos?

LA DESMEMORIA

¡Ah, los recuerdos! De la mayoría de sus deteriorados cerebros hace ya tiempo, mucho tiempo, que dejaron de fluir pensamientos, sensaciones, ilusiones, imágenes..., aquellos momentos que se perdieron en el tiempo como lágrimas en la lluvia, tal y como afirmó, de forma lapidaria y crepuscular, el replicante Roy Batty en la icónica escena final del clásico Blade Runner.

Porque si hay un elemento sobresaliente en este tártaro contemporáneo es la presencia fantasmal, invasiva, telúrica, del gran padre de todos los males, del general en jefe de todas las dolencias, del dios de todos los sufrimientos, aquel Mont Ventoux de las aflicciones, en cuya cumbre no existe ni vegetación ni árboles, sino tan solo arena y rocas, a imagen y semejanza de nuestra querida Luna, aquel satélite muerto al que dirijo tantas veces la mirada en las infinitas noches nostálgicas.

EL DESAMPARO

Sin embargo, tan siniestro como el fantasma del padre de todos los dioses, en la genenna de los desgraciados habita otro personaje muy habitual, muy frecuente en este nuestro mundo actual, la soledad. Y es que, salvo a cuatro de los habitantes del cruel abismo, al resto nadie los visita, nadie se acuerda de ellos, nadie les da un poco de calor, como si nunca hubieran existido, como si nunca hubieran nacido, como si nunca hubieran tenido derecho a ser consolados en el invierno de sus vidas. Recuerdo, con nostalgia y dolor, aquellos enfados de mi pajarillo, cuando, en sus innumerables paseos por el barrio, se encontraba con alguna abuela solitaria sentada en algún banco, se ponían a hablar y, ante la pregunta de si la anciana tenía hijos, esta le espetaba que cinco, pero que todos tenían familia y nadie se preocupaba de ella. Aquel lejano recuerdo lo veo hoy trasplantado a este espacio de soledad y silencio.

NO HAY PECADOS, SOLO INFORTUNIO

A pesar de todo, la gran, la enorme, la definitiva diferencia entre el infierno al que hace unos pocos días accedió Lázaro y el que conocemos por las referencias de las culturas hebraica, griega, romana, cristiana o islámica es que sus moradores no residen en él por sus culpas, por sus faltas, por sus pecados, sino solo y exclusivamente por la acción de dos dioses del más allá y del más acá: Cronos y Fortuna. Solo ellos han guiado, en una cruel combinación, a una legión de seres humanos hasta el abismo de los dolientes, hasta el sheol de los afligidos, hasta el infierno de los desgraciados. Y ahí, en ese espectral lugar, habitarás, durante un tiempo indeterminado, mi querido y viejo rey leño.

SOY UN CEUTÍ (UNA CIUDAD QUE SUFRE)

UNA CIUDAD PLENAMENTE ESPAÑOLA DESDE 1668 Situada en un enclave estratégico privilegiado sobre el estrecho de Gibraltar , la antigua Septem ...