miércoles, 9 de abril de 2025

A VUELTAS CON LA PROSTITUCIÓN

UNA POLÉMICA MÁS VIEJA QUE MI DIFUNTA ABUELA

A raíz de algunas investigaciones judiciales y periodísticas desarrolladas en los últimos meses, que han acabado destapando determinados comportamientos rayanos en el delito por parte de ciertos prohombres de la vida pública española, ha emergido con fuerza, desde las profundidades del océano de la memoria, el sempiterno, añejo y matusalénico debate sobre la profesión más antigua del mundo, cuyas primeras manifestaciones fueron recogidas en unos registros sumerios, datados en el año 2400 a. C.

LAS CIFRAS

Antes de nada, los datos fríos. Según un estudio realizado por Reyes Vila Pariente, magistrada de lo Contencioso-Administrativo de Sevilla y elegida en el mes de noviembre pasado decana de los jueces de la capital hispalense, unas 400.000 personas se dedican en la actualidad a la prostitución en España, de las que la inmensa mayoría son mujeres, y de estas, el 85 %, extranjeras. La actividad mueve solo en nuestro país un volumen de dieciocho millones de euros anuales, siendo el primer consumidor de prostitución de Europa, y en donde hasta un 40 % de hombres reconoce haber pagado alguna vez por sexo.

www.rtve.es (16-6-21)

LAS PALABRAS SON IMPORTANTES

Al abordar ya la polvareda mediática que nos ha puesto nuevamente frente al espejo esta realidad en nuestro suelo patrio, me gustaría empezar aludiendo a la terminología empleada por ciertos políticos y periodistas al referirse a las profesionales del sexo. Es obvio que el español es un idioma muy rico en sinónimos, y que cada uno, faltaría más, puede decir lo que le venga en gana, siempre que no traspase la delgada línea que separa un calificativo de un insulto. Pero es que en estos meses infaustos de sobreinformación judicial, al margen del término "señoritas", empleado por uno de los investigados, los telespectadores, oyentes y lectores españoles hemos escuchado por parte de altos políticos y excelsos comunicadores epítetos tales como "guarrillas", "fulanas", "golfas", "furcias", "zorras", "pelanduscas" o, simplemente, "putas". 

Sí, sí, ya sé que todos estos títulos son recogidos por los principales diccionarios de sinónimos para referirse a las profesionales del sexo. Pero es que yo pongo el acento en que los grandes próceres de la vida pública y comunicativa en España que utilizan estos términos no lo hacen por diversificar el vocabulario, sino por el mero hecho de insultar y denigrar. ¿Qué suena más pegadizo, más contundente?: ¿Puta o prostituta? ¿Fulana o prostituta? ¿Guarrilla o prostituta? ¿Pelandusca o prostituta? La realidad es que, casi siempre, se ha impuesto la primera acepción, pues al político o al periodista de turno esta le conviene más para machacar a su contrario ideológico, al cargar las tintas sobre la supuesta actividad ilícita con la que este ha estado relacionado. Pocas veces he visto, oído o leído el término "prostituta", que, desde mi punto de vista, es el más adecuado para que políticos y periodistas, que debieran buscar la ponderación en sus declaraciones públicas, aludiesen a las profesionales del sexo. Incluso, hace poco, una señalada dirigente de un partido político se refirió, en una red social, como "putero" a un contrincante ideológico, para afearle claramente su comportamiento en estas lides, enganchada verbal que, por cierto, acabó como el rosario de la aurora. Todo muy sórdido y lamentable.

HIPOCRESÍA 3.0

En segundo lugar, debo de acometer, necesariamente, el sexagésimo capítulo de neotartufismo en la España de hoy. Y es que, aunque todos sabemos que el hombre es una animal racional con ciertas dosis de contradicción, en la vida, y más cuando el conjunto de la ciudadanía te paga un sueldo, el político de turno debe contar con un mínimo de coherencia a la hora de desarrollar su labor. No parece muy de recibo que algunos personajes públicos, cuya plataforma ideológica aboga por la abolición de la prostitución en España, sean precisamente los primeros en utilizar los servicios de prostitutas, aprovechando viajes a Madrid o alquilando apartamentos en la capital del reino. Al margen de determinadas conductas delictivas asociadas a estas prácticas, no podemos admitir a la ligera que alguien, con poder y sueldo púbico, legisle de una manera y obre en privado de otra. Muy mal, señores.

PROSTITUCIÓN VOLUNTARIA VERSUS PROSTITUCIÓN OBLIGADA

Después de estos primeros escarceos con cuestiones terminológicas y neotartufistas, querría entrar ya en la parte nuclear de la polémica sobre la profesión más antigua del mundo, que no es otra que la forma en la que podemos acometer aquella. Lo primero que debo decir es que aquí me refiero, solo y exclusivamente, a la prostitución voluntaria, es decir, a la que una persona, en uso de su libertad individual, se dedica como profesión. Aquí no incluyo, por supuesto, a la trata de personas, a las mafias y a aquellas organizaciones criminales que se dedican a captar y mercadear con seres humanos, como si fuesen esclavos del siglo XXI. Con esta redes delincuenciales no hay más forma de actuar por parte de los Estados que con la policía y el código penal.

"LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES..."

¿Cuáles son las cifras al respecto en nuestro país? Después de consultar un montón de información, los datos más fiables nos dan el resultado de que, aproximadamente, un 80 % de las prostitutas son obligadas a realizar su trabajo, mientras que el 20 % restante lo hace de forma voluntaria. Y aquí, en este extremo, es cuando comienza la batalla ideológica. En ella, los señores wokes y los señores ultramontanos alzan la voz gritando, desaforadamente, que el tema está clarísimo, ya que si un porcentaje tan alto de personas son obligadas a realizar prácticas sexuales, la única respuesta del Estado debe ser la prohibición total. Es decir, que siguiendo las cifras antes aportadas por la magistrada sevillana, unas 80.000 personas se verían condenadas a dejar de realizar una actividad que ellas eligieron libremente. ¿Que hago zapping con el mando, y aparece un canal de televisión que no me gusta? Pues en vez de pasar al siguiente, lo ordeno cerrar. Sensacional.

Y aquí, en la libertad individual, está el quid de la cuestión. Porque yo me pregunto: ¿quién coño es el Estado o el Gobierno de turno para decirme a mí, ciudadano anónimo y autónomo en mis decisiones, que no puedo dedicarme a vender mi cuerpo a quien me dé la real gana y en la forma en que me dé la real gana? Entiendo que esta aseveración tan sencilla, esta suma de 2+2=4, no puede ser concebida por los señores wokes y los señores ultramontanos, que nunca entendieron ni nunca entenderán nada de estos asuntos. A ellos les va más el Gulag siberiano y la Inquisición de la Edad Moderna, pero hay algunos, hace mucho, que superamos las viejas ideologías totalizantes, y deseamos vivir acorde a la mentalidad y los valores de 2025.

BARRIOS ROJOS

A principios de julio de 2001, y en el marco de una excursión a Holanda (actual Países Bajos) y Bélgica, fui a Amsterdam. Durante una visita en autocar a la ciudad, el guía del viaje nos habló, entre otros temas, del barrio rojo, un sector céntrico de la villa, donde se desarrolla, a ojos de todo el mundo, la prostitución. Recuerdo perfectamente, como si fuera ayer, la opinión del guía acerca de esta cuestión: <<Tal y como se encuentran aquí, dentro de locales o de casas, pasando revisiones sanitarias periódicas y pagando impuestos, las prostitutas no tienen que pasar frío "haciendo la calle", están atendidas en cuanto a su salud y cotizan para una pensión en el futuro>>. 

Después de la visita guiada de por la mañana, recorrí, ya por la noche, el centro de la capital holandesa, y estuve andando por el barrio rojo aproximadamente durante una hora. La sensación general fue de tranquilidad, como la de patear los aledaños de la Puerta del Sol. No vi en ningún caso sordidez, delincuencia, alboroto o estridencias de ningún tipo. Ante los viandantes aparecían, nítidas e insinuantes, las prostitutas en sus locales, pero una impresión de normalidad lo envolvía todo. Es cierto, a fuerza de ser sincero, que el propio guía, por la mañana, nos indicó que no todos los barrios rojos de Holanda se hallaban tan bien acondicionados como el de la capital. Pero la regulación jurídica era exactamente igual en todo el territorio tulipán, así como en Alemania.

Comprendo que a los mojigatos de una y otra parte del espectro político español les incomode una situación como la de Holanda y Alemania, aunque no creo que, en cuestiones de calidad democrática, les podamos dar lecciones a estos países, dos de los fundadores de la Unión Europea.

Barrio rojo de Amsterdam (www.laguiadeamsterdam.com)

¿QUÉ FUE DE AQUEL FEMINISMO CLÁSICO?

Hace más de cuarenta años, a principios de la década de los ochenta, el entonces incipiente movimiento feminista postfranquista, apoyado diáfanamente por grupos políticos y sociales progresistas, llevaba entre sus reivindicaciones prioritarias la regulación de la prostitución en la forma que ahora la llevan a cabo Holanda y Alemania. Es decir, que la prostitución sea una actividad legal (en la actualidad, en España, no está penada, pero se halla en una situación alegal), que obliga a quien la ejerce a tener contratada una seguridad social privada, a pagar tributos al Estado, a hacer declaración de Hacienda y a pasar revisiones médicas periódicas.

¿HAY ALGUIEN AHÍ FUERA? (¿QUIÉN SE ATREVERÁ A SEGUIR LA ESTELA DE KOK Y SCHRÖDER?)

¿Qué queda de aquellas demandas, de aquellas propuestas tan lógicas y tan razonables? El recuerdo. Hoy todo son ideas abolicionistas, prohibicionistas, neoinquisitoriales. Todo lo que se salga de la norma impuesta por la ideología dominante es considerado herético y pecaminoso. Los señores wokes y ultramontanos dicen preocuparse por las necesidades sociales, por los problemas del ciudadano. Mienten. Los dos colectivos, polos opuestos de un mismo imán, atienden solo a sus propios principios ideológicos, a sus maltrechas ideologías. Y mientras, 80.000 personas en España continúan en el limbo jurídico, social y personal. ¿Cuándo llegará a la presidencia del Gobierno un Willem Kok o un Gerhard Schröder, líderes que fueron capaces de legalizar y reglamentar la prostitución en Holanda, en 2000, y en Alemania, en 2002, respectivamente? Al paso que vamos, no sé yo si lo verán nuestros ojos.















martes, 18 de marzo de 2025

LOS SIETE DÍAS EN LA OSCURIDAD DEL DETECTIVE "POPEYE"

LA GRAN PERSECUCIÓN

Alguna noche de principios de los años ochenta, probablemente de sábado, visioné embebecido una película policíaca de acción trepidante, de la que entonces poco o nada sabía, pero que había resultado ganadora de tres Globo de Oro y cinco premios Óscar (mejor película, mejor director, mejor actor, mejor guión adaptado y mejor montaje) en 1971: The French Connection.

El filme, que en España se llamó Contra el imperio de la droga, narra las peripecias de dos policías neoyorkinos, Jimmy "Popeye" Doyle y Buddy Rosso, que siguen la pista de una red de traficantes de droga, dirigida por el ciudadano francés Alain Charnier. Como de aquella primera vez que la vi han pasado cerca de cuarenta años, no recuerdo exactamente la sensación general que me produjo su emisión, pero, sin embargo, lo que sí me impresionó profundamente y quedó grabada a fuego en mi retina durante el resto de mi vida fue la increíble persecución que, a mitad de la película, se desarrolla por las calles de Nueva York, en la que el detective "Popeye" persigue a un sicario de la trama criminal en un vehículo, mientras el delincuente huye en un tren elevado de la megalópolis.

Esa persecución en coche, una de las más memorables de la historia del cine, realizada sin gran parte de los permisos necesarios para grabar las escenas, desarrollada a lo largo de veintiséis manzanas y a una velocidad máxima de 145 km/h, catapultó a la fama mundial a un actor estadounidense, que desde aquella misma noche se convirtió en un mito y en un símbolo para mí: Gene Hackman.

Dos secuencias de The French Connection (www.neoteo.com y www.20minutos.es)

EL LEGENDARIO ACTOR

Nacido el 30 de enero de 1930 en San Bernardino (California), Eugene Allen Hackman, como así se llamaba, tuvo una carrera artística que duró más de cuarenta años, y en la que participó en setenta y nueve películas de cine, obteniendo dos premios Óscar (The French Connection y Mississippi Burning) y cuatro Globo de Oro. Aunque quizá fuera más conocido por el gran público debido a otros icónicos filmes, como Superman, Superman II, Reds o Wyatt Earp, el actor californiano fue siempre para mí el detective "Popeye", el de la gran persecución por las calles de Nueva York.

Su prolífica vida en los escenarios se cerró, abruptamente, en 2004, cuando, después de participar en Bienvenido a Mooseport, declaró, en una entrevista televisiva, su intención de retirarse, fundamentalmente por problemas de corazón. Este propósito lo materializó, finalmente, en 2009, después de una prueba de esfuerzo a la que se sometió en Nueva York, tras la que su médico le aconsejó no volver a exponer su corazón a cualquier tipo de estrés. Después de ello, se alejó completamente de los focos, se dedicó a la pintura y a la escritura, y desarrolló una vida sencilla en su casa de Santa Fe (Nuevo México) en compañía de su segunda esposa, Betsy Arakawa, una pianista de música clásica treinta y dos años más joven, con la que se había casado en segundas nupcias en 1991.

"SI UN DÍA, PARA MI MAL, VIENE A BUSCARME LA PARCA..."

Pocas noticias se tuvieron de él durante estos últimos dieciséis años, hasta que el pasado 26 de febrero un trabajador de mantenimiento de la vivienda de la pareja, alertado al no abrir nadie la puerta, dio la voz de alarma a la policía, que halló los  cuerpos sin vida de ambos, así como el de un perro pastor alemán. A Gene Hackman lo encontraron caído en una antesala, vestido con un chándal gris, y con un bastón para caminar y unas gafas de sol a su lado. A su mujer la hallaron en el suelo de un baño, con un calentador cerca de la cabeza y con un bote abierto de medicamentos al lado, junto al segundo perro del matrimonio, que merodeaba junto a su dueña, mientras un tercero paseaba por la vivienda.

Las extrañas circunstancias de las muertes dispararon todo tipo de especulaciones, aunque, al final, como siempre, la realidad superó claramente a la ficción o a la elucubración. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), Betsy Arakawa falleció el 11 de febrero a causa de un síndrome pulmonar por hantavirus, una enfermedad infrecuente pero muy grave, causada por un virus que las personas adquieren por contacto con orina, excrementos o saliva de ratas infectadas, fundamentalmente al respirar aire contaminado con el virus.

En el caso del perro, de nombre Zinna, apareció muerto dentro de una jaula, probablemente deshidratado, no se sabe en qué fecha.

Sin embargo, lo más impactante de esta tragedia sucedió con el oscarizado actor. Al parecer, su fallecimiento, debido a un problema cardíaco, tuvo lugar el 18 de febrero, es decir, siete días después de la muerte de su mujer. ¿Qué pasó durante esa semana misteriosa? ¿Por qué el hombre que dio vida al detective "Popeye" no dio la voz de alarma, por qué no pidió ayuda? La respuesta, mucho más sencilla que cualquier teoría conspiranoica, tiene un nombre espeluznante: Alzheimer.

Gene Hackman padecía la "madre de todas las enfermedades", en un estado muy avanzado. Desde hacía años, su mujer se había convertido en su única cuidadora y, aunque durante mucho tiempo sus vecinos le vieron jugando al golf, en su camioneta o paseando por los alrededores, desde el confinamiento a raíz del covid-19, el actor prácticamente no salía de su casa, localizada detrás de unos árboles, al final de una calle sin salida, en la urbanización Santa Fe Summit, a las afueras de la propia ciudad neomexicana.

Última aparición pública de Gene Hackman (18-3-2024) (www.milenio.com)

LA SEMANA DE LAS TINIEBLAS

La estremecedora historia aterroriza aún más cuando descendemos a los detalles. No queda claro si el bueno de Gene se dio cuenta de que su mujer se hallaba muerta, pero si se dio cuenta, según apunta un terapeuta ocupacional experto en cuidados de personas con demencia entrevistado por la BBC, el comportamiento del actor durante esos siete días conviviendo con el cadáver de su mujer "era como si viviera en una película que se repetía". Según la teoría que manejan este y otros médicos expertos, a lo largo de esa semana, el actor "atravesó varias etapas de confusión y pena, tratando de despertar a su mujer antes de que su enfermedad le ocasionara confusión (quizá distraído por algo en otro cuarto, por uno de los perros o algo) o lo abrumara tanto que no pudo actuar, un proceso que posiblemente se repitió durante días antes de que él también muriera". Una suerte de macabro y terrorífico remedo de la clásica película Atrapado en el tiempo.

Pienso en "Popeye" durante esa semana de oscuridad. Pienso en sus idas y venidas por una casa fantasmal, habitada por dos cadáveres calientes y dos canes paseando. Pienso en ese detective que conducía a 145 km/h por debajo de un metro suburbano hace cincuenta y cuatro años, persiguiendo a un asesino, deambular por su domicilio durante siete días y siete noches eternas, intentando despertar sin éxito a su eterna amiga, distrayéndose por cualquier nimiedad, dándose cuenta nuevamente de que su esposa estaba en el piso y volviendo a repetir una y otra vez el intento de reanimarla. Pienso en Betsy, ese ángel que cuidó de su marido hasta el día de su muerte, que no pidió ayuda a nadie para sobrellevar el duro trabajo de la "madre de todas las enfermedades".

El grito, de Edvard Munch (1893) (www.todocoleccion.net)

SIC TRANSIT GLORIA MUNDI

Y al divagar sobre el triste destino de Gene Hackman y su mujer, no puedo dejar de acordarme de todas las personas en este puto mundo que se hallan aquejadas de este infernal mal y, en especial, de aquellas más cercanas, algunas de las cuales aún viven y otras, no: un abuelo, un tío, una tía... y, por supuesto, tú, pajarillo, mi pajarillo.

Ante estos dramas, ante estas tragedias, no valen oraciones al más allá, no valen rezos, no valen conjuros, no vale medicina alternativa, no valen cursos de crecimiento personal, no valen terapias sanadoras, no vale alimentación saludable, no vale hacer mucha vida social, no vale andar diez mil pasos al día... Ante estos males, ante estos desastres, solo podemos confiar en la ciencia, el único y gran arma que poseemos los Homo sapiens sapiens. El resto de remedios, la nada.

Siento un fuerte desgarro al meditar sobre estas calamidades, que hacen tan vulnerable, tan frágil al ser humano, y que en cualquier momento pueden aparecer en nuestra vida. Y como uno nada puede hacer por evitar su aparición, su desarrollo o su aceleración (como en el caso de mi entrañable "Popeye"), lo único que se me ocurre, rememorando la impactante queja sobre las guerras que realizó el excoordinador de Izquierda Unida, mi admirado Julio Anguita, después de morir su hijo en la Guerra de Irak; y poniendo palabras al personaje de El grito, el cuadro del pintor noruego Edvard Much, es lanzar al aire una única y lapidaria frase: Maldito sea el Alzheimer y malditas todas las enfermedades.










miércoles, 5 de marzo de 2025

LOS NUEVOS TARTUFOS

LA HIPOCRESÍA, ESE CLÁSICO TAN HUMANO

El 5 de febrero de 1669 se estrenaba de forma definitiva (cinco años antes se había hecho una versión reducida, de solo tres actos, pero había sido inmediatamente prohibida por el rey Luis XIV) la inmortal Tartufo, comedia escrita por el francés Jean-Baptiste Poquelin, conocido mundialmente con el seudónimo de Molière. Para este dramaturgo, actor y poeta francés, considerado como uno de los mejores literatos de la historia, la intención de la obra era "la crítica de los falsos devotos, de los hipócritas que se presentan bajo la apariencia de personas con fuertes valores cristianos y que esconden otros intereses".

Aunque el tema de la hipocresía (término que, según la RAE, alude al "fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan) ha sido tratado por infinidad de autores a lo largo del tiempo, es, quizá, la pieza del gran Molière la más representativa de este muy humano defecto. Y si el personaje de Tartufo se ha convertido en un clásico (como don Quijote o Macbeth) ha sido porque el comportamiento que desprende es universal e intemporal. Vamos, que trescientos cincuenta y seis años después de su definitivo estreno, el mensaje central de la obra se halla pero que muy de moda. Veamoslo.

Frontispicio de una edición bilingüe (francés-inglés) de 1739
(es.wikipedia.org)

ENTRE MORO, CAMPANELLA Y ROUSSEAU

A mitad de la pasada década, se instaló en nuestra piel de toro una nueva raza de hombres y mujeres, cuyo proyecto ideológico había germinado en cierto país de allende los mares, de cuyo nombre no quiero acordarme. Estos nuevos Mesías laicos emergieron con el objetivo último de crear un nuevo paraíso en la tierra (en este caso, en la nuestra), a mitad de camino entre la Utopía de Tomás Moro y la Ciudad del Sol de Tomás Campanella. Efectivamente, se trataba de barrer las viejas tradiciones, los viejos valores, la vieja sociedad burguesa apolillada, por otra en la que reinara la verdadera justicia, la verdadera igualdad y la verdadera fraternidad.

Dentro de estos excelsos valores de nuestros nuevos Adanes y Evas, cuales buenos salvajes de Jean-Jacques Rousseau, ellos dieron siempre prioridad a la lucha de clases (los de abajo contra los de arriba), la lucha por la vivienda (los inquilinos contra los propietarios), la lucha de opciones sexuales (los homosexuales contra los heterosexuales), la lucha religiosa (los laicos contra los católicos), la lucha medioambiental (los ecologistas y conservacionistas contra los ciudadanos que poseían coche, un elemento claramente burgués y contaminante) y, sobre todo, la lucha entre la mujer y el hombre.

ANTES DE ELLOS, NO EXISTÍA EL FEMINISMO

Según nuestros y nuestras lumbreras de turno, Emilia Pardo Bazán, Clara Campoamor, Federica Montseny, Lidia Falcón y Cristina Almeida poco o nada aportaron al feminismo clásico, es decir, al movimiento político y social que busca la igualdad de oportunidades entre los sexos y la eliminación de la discriminación o violencia contra las mujeres. Tan solo la llegada de estos supermen y superwomen dio lugar al inicio de la liberación real y efectiva del sexo femenino.

LA GUERRA DE LOS SEXOS

Dentro de su planteamiento general feminista, que creo, honradamente, la inmensa mayoría de los ciudadanos de este país podríamos suscribir, destacó desde un principio el sangrante tema de la violencia contra la mujer, que estos intrépidos Robinsones y Robinsonas del siglo XXI utilizaron para azuzar la guerra entre los sexos. Una guerra, claro, en la que el heteropatriarcado lo explicaba todo; una batalla, en la que cualquier denuncia realizada por una mujer contra un hombre se consideraba verdadera y probada, sin necesidad de esperar a una sentencia judicial; una lucha, en la que se llegaron a crear juzgados especializados en violencia de género, como si los Juzgados de Primera Instancia e Instrucción de toda la vida no supieran gestionar estos temas; una fricción, en la que se creó una ley que sentenciaba a los hombres con una pena el doble de alta que a las mujeres por los mismos delitos.

¡La de admoniciones que nos lanzaron los nuevos clérigos y las nuevas clérigas contra todos aquellos que no comulgábamos con sus ruedas de molino! ¡La de diatribas que arrojaron los nuevos Adanes y Evas frente a la sociedad burguesa, masculinizada, corrupta y pecadora! ¡La de advertencias que llevaron a cabo nuestros buenos y buenas salvajes sobre lo machista, libidinosa y excitada sociedad española! ¡La cantidad de barbaridades que se enunciaron a cuenta de los delitos sexuales!: lo mismo era un piquito durante una celebración navideña que una violación grupal en los Sanfermines pamplonicas; lo mismo era un piropo que una bofetada en la cara; lo mismo era un baboso impertinente que un depredador sexual; lo mismo era intentar ligar con una chica en una discoteca que raptar a una mujer para realizar una película snuff; lo mismo era mirar a una mujer en un autobús admirando su belleza que ser un tratante de carne humana. 

Para la nueva raza de hombres y mujeres, todo era machismo, todo era heteropatriarcado. Solo ellos y ellas eran los puros y las puras, los buenos y las buenas, los castos y las castas, los limpios y las limpias de corazón, los elegidos y las elegidas por el destino para desinfectar nuestra sociedad putrefacta, manchada de injusticia y opresión hacia la mujer.

... Y APARECIÓ LA GOTA MALAYA

Pero un buen día, en una suerte de justicia divina, surgió la gota malaya. Primero, allá a finales de la segunda década de nuestro siglo aparecía el primer caso de denuncias contra un miembro de la súper raza por acoso sexual en unos lavabos públicos. El pájaro en cuestión fue apartado, sí, de su cargo, por este miniescándalo, aunque no por algunos tuits en un blog, en los que expresaba sus deseos de torturar, matar o pedir la guillotina para rivales políticos.

Más cercano en el tiempo, emergió la figura de uno de los machos alfa de la nueva casta laica, que se sinceraba sobre su feminismo militante en un chat grupal, al declarar que "azotaría hasta que sangrase" a una conocida periodista.

Pasaron los años, y nuevamente otro puntal del grupo comprometido con la liberación de la mujer aparecía denunciado por varias féminas, que le atribuían diversos comportamientos de violencia machista y acoso sexual.

Finalmente, aunque barrunto que no será el último caso, surgió hace poco otro escándalo que envuelve a la tercera pata del grupo que vino a regenerar la enfermiza sociedad española, y que se concretó en otras denuncias de varias mujeres por conductas inapropiadas y agresiones sexuales llevadas a cabo por el alto sacerdote laico.

Paralelamente a estos lamentables hechos, se agranda la sospecha de que en buena parte de ellos, la jerarquía sacerdotal, laica por supuesto, dominada desde hace tiempo por mujeres, miró para otra parte, asumiendo que estos episodios sufridos por otras mujeres había que considerarlos como "pelillos a la mar".

Jesús discutiendo con los fariseos en el templo
(www.evangelicodigital.com)

FALSARIOS DE PELÍCULA

¿Qué moraleja podemos y debemos sacar de este desgraciado asunto? Algunos ingenuos afirmarán que la carne es débil, que estas cosas han pasado siempre o, incluso, que, en realidad, otros, pertenecientes a otros colores, habrán hecho barbaridades más grandes. Yo, sin embargo, incido sobre la hipocresía y la doble moral. Desde que aparecieron en escena, estos farsantes y estas farsantes de opereta nos señalaron a los hombres como unos depredadores sexuales dentro de un mundo en el que se había instalado una guerra de sexos. Los nuevos y las nuevas Robespierre de pacotilla emergieron, según ellos, para traer la justicia a un mundo en el que el hombre siempre era el león y la mujer, el cervatillo. Ellos y solos ellos, ellas y solo ellas establecieron las conductas que debían respetarse entre hombres y mujeres. A tanto llegó su arrogancia, petulancia y prepotencia ideológica, que una alta sacerdotisa del conglomerado se rasgó las vestiduras por que, en una reciente encuesta sobre costumbres sexuales, las chicas jóvenes españolas prefirieran la penetración a la masturbación. ¿Cómo era posible que se necesitara a un hombre para algo? Intolerable.

Hoy, que en el escenario del teatro del mundo algunos y algunas han quedado desnudos en cuanto a su verdadero rostro y alma; hoy, que ya sabemos que los supermen y superwomen destinados a la gloria hacían exactamente lo contrario de lo que proclamaban; hoy, que ha caído el telón sobre la credibilidad de estos aprendices de brujos; hoy, a estos nuevos Tartufos del siglo XXI les deberíamos, entre todos y todas, dedicar las inmortales palabras que Jesucristo lanzó a otros hipócritas hace dos mil años, contenidas en el Evangelio de san Juan, capítulo 23, versículo 27:

"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera lucen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia".

Y siguiendo al mismo evangelista, yo remataría esta desgraciada historia recitando otra dos gloriosas afirmaciones, insertas esta vez en el capítulo 11 del mismo sagrado libro, para resumir el post de este día de finales de invierno:

"El que tenga oídos, que oiga" y "Quien pueda entender esto, que lo entienda".









martes, 18 de febrero de 2025

POR FAVOR, NO ME COMPAREN A CHINA CON CUBA NI CON VENEZUELA

NO A LAS DICTADURAS...

En un post anterior, afirmé rotundamente que me repugnaban, a nivel político, todo tipo de dictaduras, fueran del color que fueran: rojas, azules, amarillas o verdes. La supresión de las libertades individuales y del pluralismo ideológico, la eliminación de la separación de poderes y el acaparamiento de todos los resortes del Estado por parte del gobierno de turno son taras, fallas, que cercenan gran parte de las capacidades de una persona para desarrollar una vida autónoma y efectiva de progreso.

PERO SÍ AL BIENESTAR ECONÓMICO DE LOS CIUDADANOS

Sin embargo, para ser sinceros, y teniendo como uno de los ejes fundamentales de este blog el concepto de "Razón", he de admitir que, a nivel económico al menos, no todos los regímenes personalistas son iguales, y que algunos han aportado elementos positivos a sus ciudadanos en esta materia. Podría dar algunos ejemplos que están en la cabeza de cualquiera (no muchos, por cierto), pero me centraré en el que considero el más extraordinario de ellos, el ejecutado por los sucesivos gobiernos de la República Popular China (RPCh) desde hace cuarenta y siete años. 

CHINA, EN MANOS DE UN GENOCIDA (1949-1976)

La actual RPCh se fundó en 1949, después de la victoria del Partido Comunista Chino (PCCh) frente al Kuomintang o Partido Nacionalista Chino durante la Guerra Civil china, desarrollada en dos fases: 1927-1936 y 1945-1949. A raíz de esta, los comunistas controlaron completamente la China continental, mientras que los nacionalistas tuvieron que refugiarse en la isla de Taiwán, territorio que desde 1971 no es aceptado por la ONU, que tan solo reconoce a la RPCh.

La desgracia, la mala suerte o, simplemente, el destino, quiso que desde el 1 de octubre de 1949 hasta el 9 de septiembre de 1976, la nueva RPCh cayera en manos de Mao Zedong, el más grande genocida de la historia (por encima de Josef Stalin y Adolf Hitler). Este siniestro personaje (al que, incomprensiblemente, muchos siguen aún reivindicando, incluso aquí, en España) hizo de la China continental un laboratorio particular para desarrollar su ideología marxista-leninista, pero con matices propios fundamentados en las características de la sociedad china. Dos de sus grandes proyectos le catapultaron definitivamente hacia la cima... del horror. El primero, el denominado Gran Salto Adelante (1958-1962), que trataba de transformar la economía agraria del país, pero que provocó finalmente la Gran Hambruna china, a consecuencia de la cual murieron unos cuarenta y cinco millones de personas. Y el segundo, la llamada Revolución Cultural (1966-1976), que consistió en una campaña del infausto Gran Timonel (nombre con el que se conocía a Mao) contra los partidarios del "capitalismo", que incluyó humillaciones públicas, encarcelamientos arbitrarios, torturas, trabajos forzados y ejecuciones, y que supuso la muerte de unos veinte millones de seres humanos. En total, unos sesenta y cinco millones de personas (cerca del 10 % de la población) perecieron gracias a las políticas marxistas-leninistas-maoístas.

Después de veintisiete años de ingeniería social y económica disparatada, de represión inmisericorde y de culto a su persona, Mao Zedong llegó al último día de su vida dejando a China convertida en un solar pobre y atrasado. El enésimo experimento por crear un paraíso en la tierra de corte comunista había fracasado estrepitosamente una vez más.

Mao Zedong y Deng Xiaoping, cruz y cara de China (BBC News Mundo, 18-12-18)

LA HORA DE LOS REFORMISTAS (1978- )

Ante este desastre descomunal, las nuevas autoridades chinas, encabezadas por Deng Xiaoping, el nuevo hombre fuerte tras la muerte de Mao, aprobaron, en una reunión del Comité Central del PCCh celebrada el 18 de diciembre de 1978, un ambicioso programa de reformas económicas. El proceso reformista cambió radicalmente el rumbo del país, y abrió las puertas a lo que el Real Instituto Elcano denomina "la mayor revolución económica en la historia de la humanidad", ya que nunca antes un colectivo humano tan grande ha experimentado una transformación económica tan intensa en un período de tiempo tan corto.

La clave de este sí Gran Salto Adelante ha sido dejar de lado la política, la supuesta lucha de clases y la ideología en favor del crecimiento económico, la modernización y la mejora de las condiciones de vida de la población. Las dos grandes estrategias de la reforma (la liberalización del sistema económico y la apertura al exterior, todo realizado de forma gradual) han permitido en estas últimas cuatro décadas y media que la economía china haya crecido a tasas vertiginosas, convirtiéndose en la segunda potencia económica del mundo; un aumento del nivel de vida espectacular (se calcula que unos setecientos millones de personas han podido salir de la pobreza); e, incluso, una mejora en el nivel de libertades personales, aun cuando el PCCh ha seguido ostentando el poder de forma monolítica.

Shenzhen, el Silicon Valley chino

¿QUÉ TENDRÁ QUE VER CHINA CON COREA DEL NORTE?

A pesar de esta cascada de datos fríos y objetivos, gran parte de los medios de comunicación y de la sociedad española continúan "mezclando churras y merinas", intentando comparar este auténtico milagro desarrollado en el sudeste asiático con otros regímenes en el mundo. Así, muchos analistas y ciudadanos conservadores afirman que China no es más que una pieza en el tablero de países que, como Cuba, Venezuela, Nicaragua, Siria o Corea del Norte, son gobernados por sátrapas sin alma con mano de hierro. En esta discusión, por supuesto, cada uno puede decir lo que le dé la gana, pero lo cierto es que en los últimos datos publicados sobre el Producto Interior Bruto (PIB) a nivel mundial, que suele ser el elemento de referencia para determinar la riqueza y el bienestar de un país, China se encuentra en el puesto 2, solo por detrás de Estados Unidos; Cuba, en el 32; Venezuela, en el 71; Siria, en el 114; Nicaragua, en el 129; y de Corea del Norte nada sabemos porque el régimen personalista que allí gobierna es tan opaco que ni siquiera ofrece cifras económica al resto del mundo.

Insisto en que, a nivel político, el régimen chino me repugna. La matanza de la plaza de Tiananmén el 4 de junio de 1989 o el primer puesto que la RPCh ocupa en el mundo en cuanto a número de condenas a pena de muerte nos recuerdan constantemente la parte oscura y siniestra del gobierno de la segunda nación más poblada de la Tierra. Sin embargo, en la vida no suele haber blancos y negros absolutos, sino toda una gama de grises intermedios.

A FAVOR DE LAS REFORMAS, NO DE LAS IDEOLOGÍAS

En este sentido, después del "terremoto" Mao, y sin renunciar al monopolio del poder, los subsiguientes líderes del régimen chino dejaron en un segundo plano la ideología, y se centraron en el verdadero y único objetivo que debería guiar la acción de cualquier gobierno: la prosperidad y el bienestar de sus ciudadanos. Desde este punto de vista, Deng Xiaoping (1978-1989), Jian Zemin (1989-2002), Hu Hintao (2002-2012) y Xi Jinping (2012 hasta el presente) han cumplido perfectamente con esta tarea. Comparar a estos gobernantes con Fidel Castro (en su día, el séptimo mandatario más rico de la tierra), Nicolás Maduro, Bashar al Assad, Daniel Ortega o Kim Jong-un es, desde mi punto de vista, un ejercicio disparatado y fuera de lugar.

En la actualidad, de los 193 países integrados en la ONU, más de 50 (un poco más de la cuarta parte) viven bajo regímenes dictatoriales. De estos, la inmensa mayoría chapotean en la pobreza y la miseria. Y dentro de la minoría restante, solo uno ha comprendido, desde 1978, que el centro de la acción gubernamental ha de ser la persona y no las entelequias ideológicas. Eso mismo entendieron otros políticos comunistas, como los soviéticos Nikita Kruschev y, sobre todo, Mijaíl Gorbachov. Y hay que reconocer que, en todos estos casos, sus vidas y sus políticas hicieron en su día de sus respectivos países hogares mejores y más prósperos que los existentes antes de ellos. Por ello, y volviendo al título de la entrada de hoy, por favor, la próxima que vez que hablen de China, no me la comparen con Cuba ni con Venezuela.









jueves, 6 de febrero de 2025

LAS PRUEBAS DEL ALGODÓN

EL 89 % DEL ICEBERG

¿Es posible conocer en profundidad la catadura moral de una persona? ¿Somos capaces de penetrar en la parte nuclear del ser humano en cuanto a su faceta ética? ¿Podemos estar toda una vida engañados sobre los valores morales más íntimos de un familiar, un amigo o un allegado?

Llevo muchos, muchísimos años, haciéndome estas preguntas, y desde hace muchos, muchísimos años, he llegado a la conclusión de que para llegar a saber si un hombre o una mujer merece realmente la pena, si tiene "buen fondo" (como diría una querida excompañera del trabajo), debe pasar por un triple filtro, por un severo escrutinio, por un exigente examen que, por desgracia (o por suerte, según se mire), solo acontece muy pocas veces durante la vida.

En ese análisis interior de los seres humanos, considero que el 5 % de sus integrantes son ángeles, el 5 % son demonios y el 90 % restante, ni especialmente buenos ni especialmente malos. A mí, realmente, no me interesan en esta ocasión los santos, los héroes, los mártires o los voluntarios en las ONG, pero tampoco los tiranos, los terroristas, los pederastas o los maltratadores. No. A mí me importan, en esta disección social, el común de los mortales, la gente "normal", la que uno se encuentra todos los días en su entorno más próximo, en la familia, en el trabajo, en los ratos de ocio, en el vecindario.

Parto de la base de que todos tenemos facetas múltiples, que durante la vida sobresalen, antes o después, a la superficie: bondad/maldad, generosidad/egoísmo, altura de miras/cortoplacismo, tolerancia/odio, humildad/prepotencia... Sin embargo, todas estas virtudes y defectos solo los observamos en pequeñas dosis, en la parte más externa de nuestro ser. Por decirlo gráficamente, esa inmensa mayoría de la población a la que me refiero, y en la que, naturalmente, me incluyo, se parece/nos parecemos a un iceberg, ese témpano de hielo flotante del que tan solo avizoramos una pequeña parte (11 %), ya que la casi totalidad de su superficie (89 %) se encuentra escondida bajo el agua, en las profundidades de mares y océanos. ¿Cómo saber si ese familiar tan entrañable, ese amigo tan bondadoso, ese compañero del trabajo tan simpático, ese vecino tan atento, no esconde una parte insondable de oscuridad y miseria? Supongo que habrá muchos métodos, pero yo, con el paso del tiempo, he atisbado tres infalibles: el comportamiento ante una herencia, ante una enfermedad muy grave y ante la muerte.

Blog de los niños (28-2-19)

HERENCIAS

En torno a 1625, el genial Francisco de Quevedo escribió un famosísimo poema titulado Letrilla satírica, pero que siempre ha sido conocido como Poderoso caballero es don Dinero. Este texto, que se halla entre las cien mejores poesías de la lengua española, concretamente en el puesto cincuenta y seis, es una sátira sobre la influencia y el poder que el dinero tiene en la sociedad, capaz de modificar el comportamiento de las personas, independientemente de su origen o condición social.

Podemos constatar con rotundidad, cuatrocientos años después de la inmortal pieza, que su significado sigue vigente e inmutable a día de hoy. Y puedo afirmar, y afirmo, que la primera "prueba del algodón" para desenmascar a una persona tiene que ver, precisamente, con aquel gran personaje don Dinero: la forma de comportarnos ante una herencia. Y aquí pongo la lupa, fundamentalmente, en los hijos del fallecido, aunque pudiera haber otros familiares afectados.

¿Quién pudiera pensar cuando uno es pequeño, y convive y juega con su hermano en casa de sus padres, que varias décadas después (si la naturaleza lo permite, por supuesto) puede enfrentarse en una batalla campal contra su otra mitad en la familia? Y, sin embargo, la vida se halla llena de estas guerras sin cuartel por los despojos del difunto, en las que se demostrará finalmente la catadura moral de cada uno. Dinero, propiedades, objetos, todo un sinfín de bienes terrenales (solo bienes terrenales, que no nos acompañarán a la otra vida), por los que hermanos, hermanas, cuñados y cuñadas, con testamento o sin él, se enfrentarán, unas veces como seres racionales y otras muchas, como una manada de gorilas: que por qué padre te ha dejado la casa grande, y a mí, la mediana; que por qué madre te ha asignado aquella finca tan bien situada, y a mí, esta tan periférica; que por que a mí me tocó la parte peor del lote, y a ti la mejor (y eso que el sorteo había sido convenido previamente por ambas partes)...

Ese, el día en que se abre el testamento o el del reparto de los bienes, indicará claramente si la parte profunda de la persona, la zona escondida del iceberg, se halla llena de luz o se encuentra poblada de tinieblas y gusanos.

ENFERMEDADES

No, no hablo aquí de una gripe, una hernia, cálculos en el riñón o una apendicitis. Aquí me refiero a aquellas enfermedades que, como los grandes puertos del Tour de Francia (Alpe d'Huez, Galibier, Madeleine, La Plagne, Izoard, Tourmalet o Puy de Dôme), las considero, no de primera categoría, sino hors categorie, como pudieran ser, entre otras, el parkinson, la esclerosis múltiple, el cáncer o, por encima de todos, el alzheimer.

Y ante la forma en la que abordamos estas grandes desgracias de nuestros prójimos, se acredita, más incluso que con el tema de las dichosas herencias, el pelaje del que estamos revestidos en nuestro fuero interno. Y, por cierto, si uno no ha pasado por alguna de estas traumáticas experiencias, probablemente no se llegue a creer alguna reacciones.

Una madre va empujando la silla de ruedas que lleva a su joven hija por la calle. Durante ese trayecto por las aceras del barrio, gran parte de los conocidos saludan y hablan con ambas mujeres, pero otro segmento significativo de allegados se para a charlar con ellas, aunque solo se dirige hacia la madre, ya que la minusválida puede no entender la conversación (aunque la entienda perfectamente); otros pasan de largo delante del dúo, y harán que nos los ve; y, finalmente, algunos se cambian de acera para no coincidir con el puñetero cojo.

A un chaval adolescente se le ha diagnosticado un tumor cerebral. Ante esta quiebra de la fortuna, los padres le dedican mucho más tiempo, y salen menos con sus amigos de toda la vida, y empiezan a perder el contacto con el exterior. Sí, hay familiares, amigos, vecinos, que llamarán para interesarse por el estado de salud del joven (algunos, desgraciadamente, solo para husmear), pero un sector muy representativo de aquellos tardará muy poco en desengancharse de ese hábito, las llamadas irán disminuyendo con el tiempo, y tan solo quedará al final una minoría minoritaria que pregunte cómo se encuentra el chiquillo, cómo evoluciona la calamidad y cómo llevan esa cruz los padres.

Otra joven ha tenido un accidente de tráfico, y ha quedado tetrapléjica. Sus padres, como en el caso anterior, deben cambiar su vida por completo. El padre, en concreto, estaba acostumbrado a acudir una vez a la semana a una reunión con unos amigos en un local, para charlar distendidamente, para hacer vida social en definitiva. El grupo se solía juntar a la seis y media de la tarde, pero ahora la hija viene del centro de día a esa hora, y hay que atenderla durante un buen rato. Ante esa situación, el padre comenta a sus supuestos amigos que si no les importaría retrasar el horario de sus encuentros semanales una hora, pero los supuestos amigos le contestan que las siete y media es muy tarde, y que si el padre no puede acudir, pues así es la vida.

Nos hallamos en lo peor del COVID-19. Un matrimonio ha sido afectado por la cruel enfermedad, y ambos miembros han estado hospitalizados durante varios días. Se recuperan, afortunadamente, y vuelven a casa. Una amiga les llama para ver cómo se encuentran, acción que repite pasado unos dias. Pasan dos meses. Ahora es la amiga a la que se la ha detectado una enfermedad hors categorie. Ninguno de los miembros del anterior matrimonio se interesa por la ahora enferma. Cero llamadas. Pasan los meses. Al final, la mujer muere. Entonces sí, con ir al entierro los antiguos amigos creen que se arreglan las cosas.

Cuatro ejemplos dentro de una miríada de casos en donde la parábola bíblica del buen samaritano vuelve a repetirse dos mil años después. ¿Qué conduce a una parte no pequeña de la ciudadanía a exhibir unos comportamientos tan mezquinos? ¿La prisa? ¿El pasotismo? ¿La envidia (quizá, en el pasado, el ahora caído en desgracia era una persona a la que le iba razonablemente bien la vida)? ¿La maldad intrínseca? Supongo que habrá una mezcla de todo, pero como en los genocidios o en los atentados terroristas, a la víctima le importa una mierda la ideología del verdugo. Aquella solo sabe, perfectamente, que ese familiar, amigo, vecino, otrora simpático y atento, tiene el alma llena de podredumbre y ruindad.

MUERTE

Pudiera parecer, a primera vista, que el final de la vida, como nos iguala a todos, sería un trance ante el que el ser humano reacciona espléndidamente. Pero en muchas ocasiones, no es así. 

Una mujer ha perdido recientemente a su marido. Pocos días después del óbito, un conocido (que no fue al velatorio ni al entierro, y que tampoco la llamó por teléfono) la visita. La viuda, esa mujer devastada por las circunstancias, supone que el amigo va a darla el pésame y, de paso, a gastar unos minutos con ella. Craso error. El supuesto amigo ha venido esa tarde a preguntarle una cuestión irrelevante, y ni le menciona al fallecido.

En un documental de reciente emisión, la viuda de Gregorio Ordóñez, el concejal del Partido Popular asesinado por la banda terrorista ETA en un restaurante de la parte vieja de San Sebastián el 23 de enero de 1995, comentaba las reacciones de sus vecinos y conocidos después del entierro de su marido. En el ascensor, la gente no la hablaba; por la calle, la mayoría esquivaba su presencia; y al entrar en las tiendas, se paraban las conversaciones, pero nadie, salvo el dependiente, se dirigía a ella. Eso, tras sufrir el asesinato de su marido, y con su hijo de dos años a su cargo. Es lógico que ella se viera a sí misma como una auténtica alma errante transitando por la bella Donostia. Alguno, incautamente, pensará que lo narrado es la situación de cualquier víctima del terrorismo en el País Vasco en aquellos "años del plomo", pero lo trágico es que la mayoría de los que la dieron la espalda después del atentado tenían una relación cordial y amable con ella y su marido antes de aquel. ¿Cómo explicarlo?

HAY QUE PASAR LAS PRUEBAS

Teselas de un gigantesco mosaico de miseria, fogonazos dentro de un túnel de mezquindad, teclas de un piano infernal. Son solo momentos muy minoritarios en la vida de una persona. Ni todos los días se abre un testamento, ni todos los días se encuentra alguien a un familiar próximo con una enfermedad gravísima, ni todos los días fallece un buen amigo. Afortunadamente. Pero que quede claro que aquel hermano, tío, primo, compañero de trabajo, colega de ocio o vecino, tan majo, tan simpático, tan cordial, tan educado, tan sonriente, tan aparentemente buena persona, podría estar engañándonos toda su puñetera existencia, mostrándonos tan solo la parte visible del iceberg, haciendo sobresalir solamente la superficie de su personalidad, salvo que, entre otras pruebas, se enfrente al triple filtro arriba indicado. Solo entonces descubriremos el verdadero, auténtico y genuino interior de su alma.










martes, 21 de enero de 2025

EL SILENCIO DE LOS CORDEROS

CLARICE Y HANNIBAL

No, no voy a hablar sobre aquella película de terror, que llegó a los cines españoles (cuando había cines) un 6 de septiembre de 1991, y que narraba la inquietante relación entre una estudiante del FBI y un asesino en serie, con el fin de atrapar a un psicópata que arrancaba la piel de sus víctimas después de matarlas. No, no me referiré al trauma infantil que la agente Clarice Starling confesaba al doctor Hannibal Lecter, en su desesperado intento de que este le asesorase para detener a "Buffalo Bill". Y es que la buena e inocente policía pasaba las noches en vela, acosada por el estridente balido de los corderos a punto de ser sacrificados en la granja donde nació. No, no disertaré sobre las inocentes víctimas de aquel depredador en la ficción, pero sí sobre otras inocentes víctimas, por desgracia reales, en la España de hoy.

LAS FRÍAS CIFRAS

En octubre de 2024, la Fundación ANAR y la Fundación Mutua Madrileña publicaron su informe anual (lo llevan haciendo desde 2016) sobre acoso escolar en España, que recoge la opinión de 9302 alumnos y 454 profesores, pertenecientes a la Educación Primaria (de seis a once años) y a la Educación Secundaria Obligatoria (de doce a dieciséis años), que han participado en programas de concienciación y prevención del bullying en 194 centros de cinco Comunidades Autónomas. Las principales conclusiones del estudio nos trasladan a la parte cuantitativa de esta problemática, a sus frías cifras:

- El 9,4 % del alumnado es víctima de acoso escolar presencial y/o de ciberbullying.

- El 47,3 % de los alumnos que sufre acoso lo experimenta durante meses, y el 26,6 %, durante más de un año.

- Los insultos, motes y burlas son las formas de agresión más mencionadas por los chavales (87,6 %), seguidas del aislamiento (42,6 %), la difusión de rumores (26,8 %), los golpes y las patadas (22,2 %), las amenazas (20,9 %) y el robo o la rotura de objetos (11,4 %).

- El 49,8 % del acoso escolar se realiza en grupo.

- Los motivos más señalados por los que el acosador se mete con la víctima son las cosas que esta hace o dice (57,9 %), el aspecto físico (55,5 %), problemas personales (psicológicos, discapacidad, de lenguaje, etc.) (33,5 %), huele mal o viene sucio (19,9 %), cultura, raza o religión (15,7 %), es nuevo (10 %), sus notas académicas (9,8 %) o su orientación sexual (7,1 %).

- En opinión del profesorado, los aspectos decisivos que inciden en que se produzca el acoso escolar son la presión del grupo de amigos (88,8 %), la normalización de la violencia (87,9 %), el uso indebido de las nuevas tecnologías y de las redes sociales (87,4 %), la falta de respeto a las diferencias (86,1 %) o el tipo de modelo educativo familiar (permisivo, autoritario...) (57,7 %).

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J'ACCUSE

Parafraseando al escritor Émile Zola en su célebre "Carta abierta al presidente de la República Francesa", publicada en el periódico L'Aurore el 13 de enero de 1898, en el marco del desdichado caso Dreyfus, "yo acuso". Desde hace muchísimo tiempo, me ha interesado sobremanera este drama soterrado, por diversos y poderosos motivos. El primero de ellos es porque yo sufrí bullying cuando cursaba la antigua EGB en un colegio público (toda mi vida he ido a colegios, institutos y universidades públicas). Si la memoria no me falla, ello aconteció en séptimo y octavo, es decir, cuando yo contaba entre once y trece años de edad. Aunque no recuerdo con nitidez el momento exacto, sí me acuerdo perfectamente de los nombres de los puñeteros demonios, a los que tenía más miedo que a un nublado: Abel y Elías por una parte, y Pantoja y Miguel Ángel por otra. Se trataba de dos grupos que actuaban autónomamente, esto es, que eran grupos de dos chicos que no tenían conexión en su maldad entre ellos.

Digamos que yo era un candidato perfecto para estos hijos de su madre: introvertido, tímido, miedoso, poco sociable, con buenas notas (aunque nunca excesivas)... Las formas del acoso escolar que sufrí fueron de dos tipos. El primero, veladas amenazas para que les facilitara trabajos que había que realizar en casa, pertenecientes a diversas asignaturas. El segundo, pequeñas y grandes bromas, mediante las que amagaban con pegarme. Afortunadamente, nunca llegaron a producirse agresiones, pero la intimidación duró entre uno y dos años. Yo nunca conté nada de esto a mis padres ni a mis profesores. Y por fortuna, jamás quedó marca psicológica al respecto.

INTIMIDAD Y SOLEDAD

La segunda razón que me acerca a esta lacra social es la forma en que la víctima del acoso gestiona este. En el informe citado al principio, se comenta que el 53 % de los alumnos encuestados afirma que los compañeros sí actúan ante esos hechos, y el 71,4 %, que también lo hacen los profesores. A unos, estos datos les parecerán optimistas, y a otros, inquietantes. Desde luego, a mí no me ayudó nadie, porque, entre otras causas, no solicité auxilio, aunque también influyó el tipo de acoso que sufrí. Estamos acostumbrados a que, de vez en cuando, salgan noticias impactantes sobre agresiones grupales hacia un niño, normalmente grabadas con un smartphone. Ahí la cosa está clara, como también lo está cuando un grupo de pequeños hijos de Satanás profieren gruesos insultos a un pobre chaval.

Sin embargo, aceptando los datos del informe de ANAR y la MM, el gran problema viene cuando el acoso es sutil, soterrado, cuasiinvisible. Amenazas o pequeñas burlas, intimidaciones en las redes sociales, formas de aislamiento social, pequeñas agresiones que no dejan rastro, intentos de hacerte quedar en ridículo ante el resto de compañeros de clase...

Estas formas de bullying "de baja intensidad" son, quizá, las peores, porque se vuelven indetectables y, ante ellas, el que las sufre se halla completamente desvalido. Un manto de silencio cae sobre la víctima, que asiste, impávida, a la normalización del terror psicológico, a veces físico.

En todas las formas de acoso escolar, algunos damnificados contarán el caso a sus padres; otros, a sus profesores; unos pocos, a sus amigos; pero muchos se lo callarán y se lo tragarán en soledad. Quizá no lleguen a suicidarse, como le pasó al pobre Jokin Ceberio Laboa, un joven de catorce años que se arrojó al vacío desde la muralla de la localidad guipuzcoana de Hondarribia el 21 de septiembre de 2004, hastiado de los golpes que sufría habitualmente en su colegio a manos de unos compañeros, y cuyo caso ayudó a abrir los ojos a instituciones y sociedad sobre este desastre colectivo. Pero aunque, afortunadamente, el final de Jokin y de otros chavales que no pudieron aguantar la presión no sea el habitual, muchos acosados llevarán siempre, mientras dure la situación, el miedo debajo de la piel, y ya nos podremos conformar con que no arrastren secuelas psicológicas en el futuro.

www.selfpsicologos.es

"PADRES DEMOCRÁTICOS"

En el informe de ANAR, el ambiente familiar del acosador es el último de los motivos que los docentes incluyen como detonante de esta tragedia colectiva. No seré yo quien contradiga los resultados de un estudio tan riguroso y exhaustivo, pero sí debo realizar una enmienda parcial. Lo que he visto con mis propios ojos, he leído, he escuchado y he olfateado a lo largo de estos últimos cuarenta años ha sido el ascenso imparable de un modelo de progenitores, al que yo denomino "padres democráticos".  ¿Qué entiendo por "padres democráticos"? Pues simple y llanamente, y resumiendo mucho, aquellos que no solo dejan hacer a sus vástagos, desde pequeñitos, todo lo que les da la real gana, sin marcarles unos mínimos límites, sino que les ríen las gracias, alardean de su malcrianza y defienden sus valores educativos. Es triste y, a la vez, alucinante, contemplar a esos pequeños demonios comportarse en público, con padres o abuelos, de manera estridente, irrespetuosa, maleducada y chulesca. Asistimos, en vivo y en directo, a la incubación del huevo de la serpiente: pequeños monstruos, aprendices de dictadores que, en un futuro cercano, si se dan determinadas circunstancias, podrían convertirse en acosadores en ciernes sobre compañeros más débiles y, desde luego, mejor educados que ellos. Muchas gracias por su aportación a este gigantesco quilombo, señores "padres democráticos".

QUE LA SANGRE NO ME SALPIQUE

Por último, me ha llamado siempre la atención la actitud de los centros escolares donde han ocurrido grandes casos de acoso, en especial aquellos que han provocado suicidios. Y es que, sin quitar responsabilidad al Estado y a las Comunidades Autónomas, creo firmemente que son los colegios e institutos, con sus directores a la cabeza, quienes tienen una cuota de responsabilidad mayor en estas tragedias, ya que, en la mayoría de estos dantescos casos, la familia avisó a los centros de lo que sucedía, sin que estos actuaran de forma adecuada. Al final, llegó el terrible suceso, y la respuesta de las instituciones educativas es siempre la de buscar justificaciones a su inacción, tratando así de que la muerte de un chiquillo no manche la reputación del lugar. Una puñetera vergüenza.

DESDE DONDE ESTÉ, JOKIN NOS MIRA

Chavales tímidos, poco sociales, miedosos, gordos, flacos, feos, muy altos, muy bajos, con algún defecto físico o psíquico, homosexuales..., todo un caldo de cultivo para que pequeños déspotas y matones se aprovechen del desvalido, del diferente, del que se sale de la norma, y jueguen a ridiculizar, a amenazar o a maltratar a sus víctimas propiciatorias. Desde la muralla de Hondarribia, el balido de estos corderos, el silencio de estos inocentes nos traslada, desde hace demasiado tiempo, la misma pregunta: ¿hasta cuándo?












martes, 7 de enero de 2025

LUCY Y EL ALBA DEL HOMBRE

La del pirata cojo

Ahora que el maestro Joaquín Sabina parece que se retira de los escenarios (mi hermana y yo fuimos en su día "sabinófilos" de pro, asistiendo a ocho conciertos suyos en la capital, entre los años 1990 y 2000, y comprando todos sus discos editados entre 1986 y 2005), quiero volver la vista a uno de sus primeros y exitosos LPs, concretamente al titulado Física y química, lanzado en 1992. En él se halla una canción que nos impactó profundamente cuando la oímos en directo por primera vez, en el viejo Pabellón de Deportes del Real Madrid, allá por el mes de mayo de aquel año de la Expo sevillana. Se trata de la pieza denominada La del pirata cojo, una auténtica oda a la libertad y a la imaginación, donde el genio de Úbeda se sumerge en un sinfín de vidas posibles, explorando diferentes identidades y profesiones: pintor en Montparnasse, mercader en Damasco, tahúr en Montecarlo, taxista en Nueva York, tabernero en Dublín, tenor en Rigoletto, boxeador en Detroit, fotógrafo en Playboy... Sin embargo, siendo todas esas personalidades excitantes, Sabina las desecha, y opta por la de un pirata cojo, tripulante en un barco de piratas, simbolizando su apuesta por la aventura, la rebeldía, la libertad absoluta y la vida sin reglas ni convenciones sociales. Vamos, una auténtica autobiografía. Bien.

La paleoantropología

Desde que era pequeñito me apasiona la Historia. Solo hay que ver mis cuadernos de notas en el colegio y en el instituto para darse uno cuenta. Luego llegó la universidad, la licenciatura y el doctorado, y mi interés por la materia llegó a su cima, de donde no ha bajado desde entonces. Pero, a pesar de ello, otros muchos campos del saber requirieron mi atención, en la línea de la curiosidad aprendida de mi madre. Dentro de este ansia de conocimiento, siempre me interesaron dos disciplinas relacionadas con el tiempo remoto. La primera, la astronomía, en su doble faceta espaciotemporal, de la que hablaré extensamente en otro post. La segunda, la paleontología, esto es, la ciencia natural que estudia e interpreta el pasado de la vida sobre la Tierra a través de los fósiles, y dentro de aquella, especialmente la paleoantropología, es decir, la rama que se ocupa del estudio de la evolución humana y su registro fósil. De esta en concreto quiero hablar hoy.

Desconozco cuándo comenzó mi pasión por esta materia, pero tuvo que ser relativamente pronto, porque los primeros recortes de revistas y periódicos que poseo de la temática (en la actualidad, un archivador entero) datan de diciembre del 81. Desde entonces, mi interés por la evolución humana a través de las noticias y los nuevos descubrimientos que aparecían en los medios de comunicación y a través de la lectura de libros de divulgación se ha mantenido inalterable, incólume. Por ello mismo, desde hace mucho tiempo sabía que a finales del año pasado se cumplía un aniversario redondo y gigante en la historia de la paleontología humana. 

Lucy

Efectivamente, un poco después de las doce de la mañana del sábado 30 de noviembre de 1974 (no del 24, como afirman perrunamente todos los medios de comunicación), el paleoantropólogo estadounidense Donald Johanson y el entonces doctorando Tom Gray encontraron en la Localidad 162 del yacimiento etíope de Hadar, en la depresión de Afar, a orillas del río Awash, un conjunto de fragmentos óseos pertenecientes al esqueleto de un homínido, que posteriormente daría origen a la  especie Austrolopithecus afarensis. Johanson dio a ese el nombre de Lucy (técnicamente, se lo conoce como AL 288-1), debido a que en el día del descubrimiento sonaba en una radio del campamento de trabajo la canción de The Beatles Lucy in the sky with diamonds.

En su momento, es decir, a mitad de la década de los 70 (aunque aún se tardarían cuatro años en realizarse los estudios correspondientes), el hallazgo causó sensación, por ser el esqueleto más completo, mejor conservado y más antiguo de un antepasado de andar erguido de la especie Homo sapiens, a la cual pertenecemos. Su datación final se estableció en 3,19 millones de años.

La casualidad ha querido que me halla topado con Lucy ya tres veces en mi vida. La primera, en diciembre de 1981. Durante aquel año, mis padres se habían abonado en su versión española, y por doce meses, a la prestigiosa revista norteamericana Reader's Digest, fundada en 1922. Aunque en mis manos cayeron otros números de la misma antes y después de aquel año, fue en el último volumen del abono donde aparecía, hipercondensado, como no podía ser de otra manera, el libro que Donald Johanson y el escritor y periodista estadounidense Maitland Edey redactaron conjuntamente sobre el sensacional hallazgo, titulado El primer antepasado del hombre. Yo tenía entonces trece años de edad, y quedé fascinado con la lectura del largo artículo.

Muchos, muchos años después, una mañana, paseando entre las casetas de libros de la cuesta de Moyano, aquí, en Madrid, y sin buscarlo, apareció ante mí la mítica obra, sin duda usada (tiene subrayados y anotaciones), pero en buen estado, y decidí adquirirla, con la intención de devorarla, pero tenía otras muchas en casa para leer antes que ella, y como algunas veces sucede, quedó alojada en una estantería cogiendo polvo.

Volvieron a pasar muchos años, y a mediados de octubre del pasado año, tras haber leído varios libros de historia, y buscando en mi biblioteca particular uno nuevo para empezarlo, avizoré por fin la fantástica obra, y decidí acabar lo iniciado hace cuarenta y tres años, casi día por día, casualmente cuando se cumplían cincuenta años del magno descubrimiento.

Casi dos meses he dedicado a su lectura, y puedo afirmar con rotundidad que se ha convertido en uno de los libros con los que he disfrutado más en toda mi vida. Cómo habrá sido la cosa, que, una vez finalizado, y con la intención de actualizar contenidos sobre la materia en cuestión, decidí leerme una de las grandes obras de Juan Luis Arsuaga, uno de los paleoantropólogos jefes de las excavaciones en los yacimientos de la Sierra de Atapuerca, en Burgos, llamada La especie elegida, y repito, cómo habrá sido la cosa, que esta última obra me pareció un escalón entero por debajo de la de Johanson y Edey. Y es que el libro sobre Lucy posee tal carga de conocimiento, amenidad y lirismo, que lo hace único. Es la narración de un increíble hallazgo, y la aventura que siguió al mismo, todo ello inserto en una historia completa sobre la evolución humana.

Restos de Lucy (Museo de Historia Natural de Houston)

Los detectives de nuestros orígenes

¿Por qué me ha fascinado desde siempre la paleoantropología? Si bucear en archivos y bibliotecas ha sido para mí muy estimulante durante años, en especial durante la confección de la tesis doctoral, dirigida por el prestigioso historiador y académico de la Real Academia de la Historia, Carlos Martínez Shaw, indagar en el pasado remoto del hombre mediante el análisis de sus restos óseos mucho antes de que existiera la cultura escrita, me parece, sencillamente, abracadabrante.

Y es que a través de la paleontología humana realizamos un asombroso viaje hacia las raíces más profundas de nosotros mismos, hacia el alba del hombre. Siempre me ha parecido increíble que una especie como la nuestra (Homo sapiens), originada en algún lugar de África del norte o del este hace tan solo entre cien y doscientos mil años, haya podido tener un desarrollo mental tan escalofriante que le haya permitido, a partir de los primeros hallazgos de fósiles a lo largo del siglo XIX, realizar un recorrido hacia atrás en el tiempo hasta encontrar no solo su origen como especie, sino el de sus más antiguos antepasados, y saliéndose ya del estricto campo de la evolución humana, hasta el primer instante en que existió un hálito de vida sobre la Tierra.

Dentro de esta red de detectives del pasado que han posibilitado esta extraordinaria aventura intelectual, se halló en un principio la gigantesca figura de Charles Darwin, el científico inglés que en su magna obra El origen de las especies (1859) presentó su teoría de la evolución biológica a través de la selección humana, de forma paralela al también antropólogo británico Alfred Russel Wallace. A partir de entonces, una egregia nómina de investigadores sobre el origen del hombre fue desfilando a lo largo de las décadas: Johan Carl Fuhlrott, que halló los restos del primer hombre de Neandertal (1856); Eugène Dubois, descubridor del primer espécimen de Homo erectus (1893); Raymond Dart, quien localizó al Niño de Taung, primer representante de la especie Austrolopithecus africanus (1924); Robert Broom, descubridor del primer Paranthropus robustus (1938); Mary Leakey, que encontró el primer ejemplar de Paranthropus boisei (1959); Louis Leakey, que halló los primeros restos de Homo habilis (1962); el citado Donald Johanson, descubridor de Lucy, primer representante de Austrolopithecus afarensis (1974); Tim White, que halló la especie Ardipithecus ramidus (1994); Juan Luis Arsuaga, Eudald Carbonell y José María Bermúdez de Castro, quienes hallaron el primer ejemplar de la especie Homo antecessor (1994); Meave Leakey, quien descubrió el primer representante de Austrolopithecus anamensis (1995); Brigitte Senut, quien halló los restos de la especie Orrorin tugenensis (2001); o Michel Brunet, descubridor de Toumaï, primer ejemplar de Sahelanthropus tchadensis (2001).

Todos estos impactantes hallazgos, fruto de la portentosa capacidad investigadora de nuestra especie, originada, repito, hace menos de doscientos milenios, han dado como resultado la confección de un mapa temporal que transcurre entre tú, lector, y yo, y nuestro primer antepasado, el primer homínido, es decir, el primer ser de nuestra propia rama evolutiva, posterior a la separación de la línea de los chimpancés. Esa división del camino evolutivo, acaecida entre hace 4,5 y 7 millones de años, condujo por un sendero hacia los actuales orangutanes, gorilas y chimpancés, y por otro a nosotros mismos.

Donald Johanson en 1993 (es.wikipedia.org)

Desde que empezó a interesarme la paleoantropología, siempre he tenido presente el citado mapa. Siempre que los medios de comunicación informaban sobre la aparición de una nueva especie de homínido, como en el caso del famoso Homo antecessor en Burgos, en 1994, siempre, repito, leía la noticia con fruición y veía cómo se intercalaba el nuevo antepasado del hombre en el esquema de la evolución. Esto ha hecho que siempre haya considerado la labor de todos estos excelsos investigadores como la de los depositarios de las piezas de un colosal puzzle, aunque, en esencia, sean los creadores de las innumerables ramas de un altísimo árbol. Por su intrincado ramaje, veo pasar todas las especies de homínidos a través del tiempo; cómo esas van diversificándose; y cómo todas, salvo la nuestra, acaban desapareciendo en un momento dado. Ante esta tesitura, muchos han sido, a lo largo de la historia, los que han encontrado un cierto sentido a nuestro "triunfo" final en la larga marcha de la evolución. Y, sin embargo, solo la selección natural darwiniana y el puro azar lo han hecho posible.

Pienso en Darwin y en aquel capítulo que Jostein Gaarder le dedicaba en su extraordinario libro El mundo de Sofía, y cuya lectura, en un verano en Pedrezuela hace más de treinta años, me acabó haciendo llorar, debido a la poesía que desprendía y a la relevancia fundamental que para la historia de la ciencia significó la figura del eminente naturalista inglés. También me acuerdo de él por su viaje en el Beagle (1831-1836), aquella circunnavegación planetaria al mando del creacionista Robert FitzRoy, en la que, durante su estancia en las islas Galápagos, Darwin adquirió los conocimientos necesarios para desarrollar más tarde su teoría de la evolución. Aquella odisea marítima la cubrí con la lectura, hace dieciocho años, de la embriagadora obra de Harry Thompson Hacia los confines del mundo. Y, por supuesto, tengo que recordar al antropólogo británico por sus dudas y miedos ante la publicación de su excelsa obra El origen de las especies; dudas y miedos basados en las reacciones que sabía perfectamente que iban a tener su tesis sobre que el hombre es un animal que ha evolucionado a partir de otros animales. Veintitrés años le costó al pobre Darwin vencer sus temores, y ciertamente estos eran fundados, pues gran parte de la Iglesia y de la comunidad científica de la época arremetieron durísimamente contra él por deslizar la sorprendente idea de que los humanos somos el resultado de la evolución y el azar en lugar de ser la consecuencia de un destino preestablecido y de un propósito. Pero, al final, como Galileo más de doscientos años antes, el bueno de Charles estaba en lo cierto, y la razón venció a la oscuridad.

Darwin antes del viaje del Beagle (hablandodeciencia.com)

Darwin, Dart, los Leakey, Johanson, Arsuaga, White, Brunet y tantos otros han hecho posible la reconstrucción cuasiexacta de la historia del hombre y de sus antepasados a lo largo de los últimos siete millones de años. Fascinante e increíble. Por ello, volviendo al principio, a la inminente retirada de Joaquín Sabina y a su icónica La del pirata cojo, si yo no hubiera estudiado Historia y me hubieran dado a elegir en 1985 una carrera universitaria, eso sí, sabiendo lo que sé ahora, "entre todas las vidas" yo hubiera escogido la de paleoantropólogo. Que Lucy y Donald Johanson me perdonen.











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UNA CIUDAD PLENAMENTE ESPAÑOLA DESDE 1668 Situada en un enclave estratégico privilegiado sobre el estrecho de Gibraltar , la antigua Septem ...